miércoles, 2 de febrero de 2011

El avispón verde.

El dueño del periódico The Daily Sentinel ha muerto misteriosamente. Su hijo, no muy afectado por la muerte del hombre al que ha odiado toda su vida, debe hacerse cargo de las propiedades de su padre. Junto a un sirviente que hace buenos cafés, buenos automóviles y buenas armas, ambos formarán un ideal de justicia e intentarán combatir para conseguirla. Pero se verán enfrentados a otro sujeto sin escrúpulos, un mafioso y máximo exponente de las operaciones delictivas y pandilleras de la ciudad, que desea poseerla en su totalidad. Una propuesta protagonizada por Seth Rogen (el títere que sólo hace buenas películas bajo la dirección de Judd Apatow) algo menos que mediocre, con muchos errores, mínimos aciertos y algún otro elemento destacado. De cualquier modo, es un largometraje de aventuras (si se quiere) muy poco recomendable.

The Green Hornet.


Trailer subtitulado al español.


Crítica.

Primera película que veo de este año 2011 y no ha sido (de cualquier modo, es algo obvio) un muy buen comienzo. Quien me conoce sabe que doy muchas vueltas para decir las cosas, las pienso mucho, pero en esta ocasión quiero ser directo. Lo más directo posible. La película es mala. El guión es malo. El elenco es malo. La trama es mala. Y más allá de que haya una serie de pequeñísimas cosas que, de alguna manera, son relativamente satisfactorias, no hacen más que dejar en evidencia la falta de calidad de esta olvidable película.
Nuevamente sorprende ver la cara de un prestigioso director detrás de un fraude. Tim Burton, Robert Schwentke y Florian Henckel Von Donnersmarck han probado el año pasado que pueden hacerse enormes películas un día y, al siguiente, hacer uno o más desastres. Michel Gondry, director de "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos" y "La ciencia del sueño", dirige esta comedia sin gracia, esta cinta de acción sin nervio, un romance sin amor e incalculable ruido a lo largo de una película sin nada que ofrecer, más que dos horas que (y no me permito usar la palabra "entretenimiento") no aburren al espectador.
La respuesta quizá esté en el guión. Seth Rogen es uno de los encargados de darle vida, palabra y movimiento al Avispón Verde, un sujeto que de un día para el otro decide hacer un caos en la ciudad, creyendo que de eso se trata la justicia (película que seguramente motivará a muchos adolescentes a ponerse capa y máscara, y así salir a romper patrulleros, quemar casas) e ignorando sus consecuencias. Un sujeto completamente ignorante acompañado por un hábil mecánico (aunque demasiado sumiso) conforman un dúo dinámico que no sólo busca combatir el crimen (o estimularlo) sino que además buscan el amor de una secretaria (que no aporta absolutamente nada a la historia, más que ser tema de discusión en una pelea absurda -y física- entre los dos muchachos).
El resto de los enfrentamientos entre pandillas son insoportables (con una mirada medio computarizada, tomando como punto de fijación las armas, todo como un videojuego) y por desgracia, no son pocos. Por fortuna, viene a "salvar" la película el ganador del Oscar Christoph Waltz (no me explico su presencia en semejante fraude), un inescrupuloso asesino que siente que ha pasado de moda y busca principalmente convertirse en una especie de antihéroe, con un disfraz, una frase que decir antes de matar y un color característico. Se ve fuertemente influenciado por el Avispón Verde para esta transformación, que claramente lo debilita (el resto, es fácil de imaginar).
Pese a todo, y aunque el personaje no tenga demasiado encanto, el actor logra darle ciertos guiños que lo hacen mucho más atractivo que el dúo de matones imbéciles, y su presencia en escena (sea Chudnofsky o Bloodnofsky) le permite mantener un nivel regular a un argumento que se hunde. La película no decae en ningún momento, porque estoy seguro que en prácticamente ningún momento de la historia puede decaer más, y se ve salvada por alguna que otra ingeniosa situación o aparición.
En un momento, los dos protagonistas conversan sobre el futuro y el pasado. Una vida desperdiciada, o mejor dicho, dos. Un hombre que ha heredado un periódico de su padre (un Tom Wilkinson que regala la mejor escena de la película, y que es precisamente la primera), a quien odia. Otro hombre que ha servido cafés durante toda su vida. Y el avispón verde hace referencia al futuro de su compañero. Si no prefiere ser un asesino a ser un sirviente. Que de ese modo, si el título de un "libro" es "asesino..." en vez de "sirviente...", el es capaz de leerlo. Y luego se retracta (porque es un idiota e incapaz de leer inclusive su propio diario) y habla de que sí es capaz de ver una adaptación cinematográfica. Personalmente, le recomiendo que se abstenga de verla: yo he visto una adaptación cinematográfica sobre un "asesino y ex cafetero" y estoy totalmente arrepentido de ello.
Puntuación: 3/10 (Mala)

Restrepo

Documental nominado al Oscar que narra el período en que un grupo de soldados debió, en 2007, trasladarse al Valle Korengal en Afganistán para servir a la nación. La cámara sigue cada uno de los meses, las emociones de cada uno de los individuos, las situaciones que se van dando, las heridas que se abren para jamás cerrarse y la esperanza de que la campaña finalmente se termine. Una historia de lealtad complicada a la hora de consumir, por su realismo y su crudeza, pero aún así una muestra de que aún pueden hacerse buenos productos desde la sencillez. Recomendable.

Restrepo.


Trailer en su versión original.


Crítica.

Documental con un título que simboliza no sólo una pequeña y peligrosa área hundida en un valle, sino la figura de un héroe que ha perdido su vida en el campo de batalla. Esta película sigue íntimamente el movimiento de un grupo de soldados en una dura y letal campaña de 15 meses, sus miedos, sus emociones, sus deseos de volver vivos a casa y algunos de sus momentos más tensos, de mayor tristeza y hasta aquellas pequeñas situaciones que los llevan a la felicidad. Una película que, a priori, parece mostrar el peligro oculto en cada una de las rocas de ese lugar, y tiene muchas imágenes que impactan en ese sentido, por su realismo (debo aclarar, ésto es real) y por el terror que producen en el espectador. "Restrepo" no es un documental que pretenda (al menos, dudo que sea su principal objetivo) denunciar el envío de soldados americanos a Afganistán, y pasado cierto tiempo, tampoco parece pretender darnos un relato extremadamente crudo del combate (tampoco apaga la llama de la acción beligerante americana), sino mostrarnos las relaciones humanas desde una intensa perspectiva entre los integrantes de este pelotón, la amistad, la necesidad, la complementariedad, la protección y la unidad.
Una crónica que atrapa desde principio a fin, narrada en parte por los mismos combatientes que han sobrevivido, y el resto contado por las grabaciones, que de por sí son muy fuertes. Muchos la han comparado con "Vivir al límite", la galardonada cinta de Kathryn Bigelow. Ambas son muy buenas, pero la tensión que provoca "Restrepo" (que no es tan electrizante como la mencionada triunfadora en los últimos Oscar) puede asociarse más con el excelentísimo trabajo de Brian Di Palma en "Redacted", y que más allá de que sus argumentos no tengan demasiados puntos en común ("Redacted" es una película de denuncia claramente contra Estados Unidos), ambas te dejan boquiabierto por su realismo, y proporcionan al espectador dos caras diferentes de un soldado americano.
"Restrepo" funciona bien en todos los sentidos. Las pequeñas pizcas de humor hacen más blanda la historia (sino, créanme, es muy difícil de digerir), la emoción le da una mirada trágica que afecta (y realmente lo hace) a quien es testigo de ella. Una cosa muy interesante es el uso del nombre de Restrepo en el título de la película, y además, en el bautismo de esa dañina central donde se halla oculto el pelotón. ¿Cómo usar (se preguntan ellos) el nombre de alguien tan bueno para definir un lugar tan malo? Y a la medida que avanza el relato, ese lugar se va transformando y va haciendo honor, de alguna manera, al nombre de un verdadero héroe.
Sí es notoria cierta distancia de la narración con el juicio de la situación. Es decir, las cosas se dicen o muestran hasta cierto punto, es osada por la mitad y queda muy en claro que no quiere entrometerse en cuestiones políticas. Simplemente mostrar que los combates son crudos, algo no tan novedoso, y que en el mundo de la maldad, el bombardeo o tiroteo constante, existe lealtad y respeto. Una mirada más bien sensible de hombres que no son máquinas, y que como cualquier ser humano, quiere volver a su casa y escapar del mundo de la agresividad y el diario y sanguinario enfrentamiento; un modo de conectarse emocionalmente con un grupo de artistas, que hacen arte a su modo, lo sienten y lo sufren.
Un trabajo prolijo, conmovedor, con una última media hora fascinante y, para concluir, un final fantástico. Esta película no deja indiferente, logra penetrar como una bala, con la fuerza de un cañón y herir en lo más profundo. Porque todos somos heridos en la vida, todos somos "Restrepo", somos individuos que luchamos por la vida (claro, de diferentes maneras) y nuestras actitudes no son tan diferentes a las que la película ofrece.
Puntuación: 7/10 (Notable)

The Edge.

Un sujeto trabaja en una estación de trenes soviética. Una tarde se aleja de su lugar de trabajo, lugar que sufre la falta de medios de comunicación y transporte, y encuentra un tren abandonado con una joven alemana viviendo dentro. Ella se las ha ingeniado para sobrevivir a un tiroteo y ahora vive en soledad. Pero el hombre, que quiere recuperar la máquina y no logra comunicarse con ella (por la diferencia de lenguajes), lo hace a la fuerza, y ella no está de acuerdo. Minuto a minuto, entre discusiones y rencores, ambos intentan revivir un circuito y darle vida a ese tren, y finalmente cumplir el sueño del sujeto: competir en una carrera con el único tren de la estación. Seleccionada por Rusia para competir por el Oscar a mejor película extranjera, y nominada al Globo de Oro en la misma categoría. Recomendable largometraje de aventuras y romance.

The Edge.


Trailer en su versión original.


Crítica.

Hace poco hablé de "El Concierto", una de esas películas con algún elemento tan poderoso (en ese caso, la mezcla de la música con el humor) que permite que el espectador logre olvidarse del contexto. Y yo, en ese aspecto, tengo una perspectiva distinta (y no tengo nada que ver con la pintura o el dibujo por este motivo) y suelo enfocarme en la figura sobre el fondo, y en segundo lugar apoyo el ojo sobre lo que sucede alrededor (que generalmente incide en el comportamiento de las figuras).
El Concierto es una gran película que, en un trasfondo político (y hasta ahí nomás), logra crear un disparate y transformarlo en algo creíble. "The Edge" propone más o menos lo mismo: un espectáculo visual imperdible con un telón de fondo que poco parece importar (al menos, a este espectáculo) y con una resolución apasionante.
Estamos en los años posteriores de la Segunda Guerra Mundial, y muchos alemanes están trabajando en el oeste soviético, cerca de la frontera con Alemania. Desempeñan labores para, principalmente, reconstruir aquellas cosas dañadas durante el enfrentamiento bélico. Una de esas cosas, que escasean en esta república, son los móviles. Puntualmente los trenes. En la estación donde se desarrolla la película, sólo son propietarios de un tren, y hay ciertos conflictos en relación a quién será aquel que lo conduzca. Ahí es donde un sujeto común se aleja durante unas horas de este lugar en el que trabaja (sin estar autorizado siquiera para conducir un tren) y encuentra uno abandonado con una muchacha alemana viviendo dentro. Ahí es donde ambos comenzarán a interactuar (sí, en diferentes idiomas) y, aunque la relación es mala, ambos lograrán reconstruir unas vías y poner nuevamente en marcha este tren.
Esta película es una combinación de géneros, que van desde la aventura, la acción, el suspenso y el romance, con muchas dosis de humor. Dos personas de mundos diferentes y con un sólo nexo (la máquina) acaban conversando, y el vínculo entre ellos se va haciendo más profundo. La historia de, si se quiere, amor, es fantástica. Por un lado, porque minuto a minuto seguimos no cómo se van conociendo, sino cómo le van ganando a la falta de comunicación. Por otro lado, porque usa un modelo común (la relación de amor-odio) para regalar un lazo creíble, honesto.
Lo que sí es más fantástico que la historia de amor, es la parte de la aventura. O mejor dicho, los enfrentamientos (que son dos) y que (a gran velocidad) ocurren durante las casi dos horas de película. Ambas "carreras" de trenes producen una altísima satisfacción en el espectador. La secuencia de imágenes es asombrosa, maneja la velocidad de una manera inquietante, que aturde, que vibra, mezclando el adentro con el afuera y alternando los rostros de ambos sujetos dentro de sus móviles. Son escenas que recuerdan al gran cine, con aires clásicos, poco color y mucho ruído, escenas que no sólo no dejan indiferente a quien las ve, sino que además invaden fugazmente la memoria.
Una película que estremece de principio a fin. Tiene un exceso de preparación (la reconstrucción de las vías, que son divertidas pero su extensión es innecesaria) pero cada uno de los resultados (de las pequeñas tramas incluidas) es satisfactorio. Tiene personajes que sobran, y con ellos, diálogos; la película parece querer agrandar un argumento que, de por sí, es muy aceptable. "The Edge" es una buena película sobre sujetos tenaces, capaces de desafiarse a sí mismos por lo que realmente quieren. Imperfecta, bastante imperfecta, pero aún así apasionante (y apasionada), es un gran ejemplar de cine ruso, una buena historia romántica y una gran película de aventuras, de esas que (para bien o no) no se ven muy seguido.
Puntuación: 6/10 (Buena)