jueves, 17 de marzo de 2011

Fase 7.

Para controlar a la población frente a una peligrosísima pandemia, que ha alcanzado "la fase 7" (cuando la clasificación máxima es "fase 6", es decir, ha superado los límites del peligro, los residentes de un edificio son encerrados en cuarentena. La idea es quedarse en sus respectivos hogares y tratar de no ponerle la cara al virus. El problema se desata cuando se quiebran los límites de la cordura, la tolerancia, la libertad. Es ahí donde cada una de las personas expone la naturaleza de su propio ser, mostrando el lado oscuro que se esconde en las relaciones cotidianas. Gran propuesta del cine argentino, mezcla de acción y comedia, protagonizada por Daniel Hendler y Federico Luppi. Recomendable.

Fase 7.


Trailer en su versión original.


Crítica.

Disparatadísima comedia negra, que surge de golpe como una altísima propuesta de nuestro queridísimo cine, el cine argentino. Digo que surge de golpe porque, siendo nuestra y siendo del 2010, se estrena en Marzo del 2011. Cuando nadie espera una película argentina del año 2010, claro.
La película, cuyo argumento bastante se parece a "[REC]", otorga unas cuantas lecciones a la sociedad acerca de cómo comportarse frente al caos, da un palazo político y crea un sostenido entretenimiento durante más de una hora y media. Los personajes son todos más o menos diferentes, pero consiguen mostrar una paleta de reacciones a la catástrofe, como huir desesperadamente, encerrarse o enloquecerse, que son las cosas más comunes. Está bien, esta película va un poco más allá, crea caricaturas de estos personajes que podemos ser los argentinos (ciertas frases, como "16 personas y una empleada doméstica", marcan claramente que estos personajes son de la Argentina) y exagera todos los rasgos psíquicos de cada uno de nosotros, que no podemos hacer otra cosa más que sentirnos identificados con más de uno de ellos.
"Fase 7", ópera prima de Nicolás Goldbart, sabe lanzar dardos con buena puntería. Éso se ve en el guión, que combina situaciones disparatadas y unos diálogos siniestros y encantadores. Sabe probar con ésto que los más paranoicos son los más golpeados por una crisis (y los que no lo son, salen mejor parados... algunos), que a la medida que los hombres se devoren los unos a los otros, cualquier conflicto está cerca, que el orden lo debe crear el hombre y que el gobierno también tiene hombres, que son los mismos que no crean el orden. Las ideas propuestas, o muchas de ellas, son interesantes, y cumplen con la parte "seria" del relato, que es la subjetiva, la que no está pero que emerge de nuestra recepción y reflexión.
Federico Luppi definitivamente es el mayor acierto de la película. Uno de los mejores actores vivos de la República Argentina, capaz de encarnar cualquier tipo de personaje sin dificultades. Acá, se mete en la piel de un hombre subestimado (y "mal juzgado") por sus vecinos, que un día se levanta a hacer "justicia". Es capaz de darle vida propia al personaje, hacerlo divertido, tierno, solitario y terrorífico. Claro que las secuencias de acción ayudan (digamos que da más o menos el mismo placer que verlo a John Malkovich en "RED", la diferencia es que ésta tiene un elenco parejo, es inteligente y es buena) para caricaturizarlo de la mejor manera. Don Yayo, el humorista cordobés por el que más de un argentino habrá pagado la entrada, hace de un ultraparanoico, aunque no se aleja de sus frases, o mejor dicho, de su característico vocabulario. Daniel Hendler, otro de los mejores actores jóvenes (probablemente el mejor) del cine argentino, actúa. Un personaje que brilla, al que sabe darle sus guiños. Un trío protagónico que sabe dibujar unas cuantas sonrisas. Más allá de que la película caiga constantemente en exageraciones (algunas muy marcadas), se torne reiterativa, algunos efectos sean un horror y quizá sea algo extensa en el primer o tercer tercio, es una buena oferta del cine argentino, que es genial desde "Salsati" y "Knorr" hasta los créditos finales.
Puntuación: 6/10 (Buena)