jueves, 24 de marzo de 2011

Un cuento chino

Roberto es un sujeto totalmente cerrado y solitario, que un día se cruza con un chino. Éste, que no habla una sola palabra de español, necesita ayuda. Ha tenido un increíble accidente en China y ha llegado a la Argentina para encontrarse con su tío, aunque no puede encontrarlo, ni tampoco puede comunicarse para hacerlo. Roberto da un plazo de siete días para que este joven muchacho se encuentre con su tío y, pasados esos siete días, lo echará de la casa. Aunque este pequeño e insignificante conflicto no es con lo único que Roberto debe lidiar: la llegada de una mujer, que ha revolucionado su pasado, ahora aparece en escena para hallarle el rumbo a la persona más terca de la cuadra. Inteligente y conmovedora comedia protagonizada por Ricardo Darín y dirigida por Sebastián Borensztein.
Les dejo a otros la opinión acerca del director y de la herencia de talento: su padre no formó parte de "mi época". Recomendable.

Un cuento chino.


Trailer en su versión original.


Crítica.

Si al haber acabado de ver "Gran Torino", la excelente película de-y-con Clint Eastwood, hubiera fantaseado con la idea de que Walt Kowalski (el personaje de Eastwood) fuese argentino, y luego hubiera escrito un guión, el resultado habría sido "Un Cuento Chino", que parece coincidir con el título de la nueva película de Sebastián Borensztein. Y con el argumento, claro.
Aún así, sea una copia, una versión moderna, divertida, una historia independiente o lo que sea, la película es increíblemente buena. Una muy entretenida comedia sobre un hombre cincuentón, solitario, sensible, renegado y ocasionalmente triste, perturbado por recuerdos del pasado. Al parecer, no parece demasiado graciosa, pero lo es. La primer mitad de hora se vale del cínico argentinismo que todos los nativos llevamos dentro. Me incluyo. Aunque Roberto, este particular, meticuloso y extraño personaje, lo manifiesta de una manera argentinísima: dice muchísimas malas palabras, es prejuicioso, agresivo, pero a la larga la conciencia demanda. Y son esas malas palabras, esa agresividad, ese prejuicio, las que hacen que una sala entera se ría de manera unánime, aplauda al "héroe nacional" y no pueda creer lo que ve.
La parte interesante de la película, lo que la hace cómica (de cualquier manera, ya es divertida para muchos por el simple hecho de hablar mal de todos los personajes, usando palabras inapropiadas) es ese costado realmente inteligente, y realmente gracioso: la visión de lo insólito, lo fantástico, lo absurdo (hasta con mensaje político, increíble) en un cuento que de chino no tiene nada más que su co-protagonista. Un lado ingenioso es la recolección de cosas que nadie puede creer excepto quien las vive (algo así como en "Magnolia", de Paul Thomas Anderson), y que constituyen una parte esencial de nuestras vidas: la creencia, en lo que sea. Esas historias que carecen totalmente de sentido, como una vaca cayendo del cielo, que hacen que el protagonista fantasee con ellas. Él desconoce que está viviendo una de ellas, forma parte de un mundo poco cerrado, rarísimo, repleto de casualidades que no comprende. Nosotros podemos percibir esos detalles, como espectadores, y por momentos no podemos entender las reacciones que, de estar nosotros en su lugar, serían nuestras.
Es extraño plantear que el lenguaje no es básico, pero no me refiero específicamente al que impide que ambos (el chino y el argentino) se comuniquen, sino al lenguaje construido a partir de lo gestual. Toma mecanismos complejos, situaciones difíciles de sostener y les otorga hasta el sentido que por momentos parecen no tener. Incluso es genial el lenguaje que conecta a Ricardo Darín, o Roberto, con "la chica" interpretada por Muriel Santa Ana. Él se encierra sobre sí mismo y prefiere mantenerse alejado de las relaciones sociales, pero ella busca conquistarlo. Es la mujer de los sueños de muchos, e increíblemente él no estira sus brazos y la toma. Insólito.
Los diálogos deben ser geniales. Claro que estamos frente a un caso único. Son dos personas cruzadas a través de monólogos que no pueden entender. Los que hablamos español entendemos sólo a Ricardo Darín, nos ponemos en su lugar. Somos ermitaños, gruñones y de golpe recibimos la visita de una persona con la que no podemos entablar relaciones, al menos, sencillas. Tampoco es sencillo ponerse en el lugar de un chino al que le ha caído una vaca del cielo y de golpe aparece en Argentina. Y la película tampoco se introduce en ese terreno de ponernos en el lugar del otro. No es una virtud nuestra. Pero si pensamos un poco, este joven tiene mejor acceso a la comunicación que en cualquier otro país: sino que vaya a otro lugar y cuente chinos, a ver si encuentra más que acá.
Puntuación: 6/10 (Buena)