domingo, 27 de marzo de 2011

Simple Simon.

Simon tiene Asperger: es obsesivo con las ecuaciones, los círculos, la ciencia y tiene una forma estática de ver la vida, por lo que es fóbico a cualquier tipo de cambios. Vive con su hermano Sam y su cuñada, Frida. Pero un día, por culpa de Simon, Frida abandona a Sam. Simon no lo comprende, aunque luego de pensarlo matemáticamente llega a una conclusión: debe emprender una búsqueda, cuyo resultado sea simplemente la mujer perfecta para su hermano. La aventura no sólo es para conseguirle una mujer a Sam, sino para que Simon pueda descubrir eso que su enfermedad no le deja ver. Es pasable, quizá para un DVD, pero tampoco demasiado recomendable como para que alguien la busque desesperadamente.

I rymden finns inga känslor.


Trailer subtitulado al inglés.


Crítica.

"Simple Simon" fue la selección sueca para competir en los Oscar, que logró quedar entre las nueve mejores películas extranjeras sin poder avanzar más. Por momentos pensaba a qué podría haberse debido tal logro, más si dejó afuera a películas extraordinarias como "De dioses y hombres", "La extraña" y "La vida de los peces". Luego comprendí de que se debe a una película que emula y cita con frecuencia el cine de Hollywood. Es difícil explicar de qué está hecha. La historia es simple y visualmente es una mezcla de "La ciencia del sueño" con "Scott Pilgrim", insoportable. Los personajes marcan una dualidad sostenida durante los 85 minutos: entre un ser humano frío y uno cálido, entre un mundo calculador y otro mundo intuitivo, entre un mundo exacto y otro mundo emocional, entre el romance y la ciencia ficción, entre los colores oscuros y los colores brillantes, entre una media luna clara y otra media luna oscura (como lo refleja una de las imágenes al final). En un clima de cierta irritabilidad, la película sigue como estos dos mundos se niegan a sí mismos ingresar en el otro. Como una persona obsesionada con círculos, números y ecuaciones no puede ver que el amor pasa por otro lado, y cómo una persona terca y cerrada no puede dejar que un "mecanismo científico" le acerque a la que puede ser el amor de su vida. La película es atípica. Hay miles de películas sobre personas que no pueden tratar socialmente debido a una enfermedad. "Al frente de la clase" sobre un hombre con síndrome de Tourette que quiere ser profesor y es rechazado, "Adam", sobre un hombre incapaz de hallar el amor por una enfermedad (también es fanático de la astronomía), "El globo negro" sobre un joven autista cuyo hermano no termina de aceptarlo en la familia, y cientos más. Generalmente, el resultado es bueno: son historias conmovedoras, con humor ácido, que nos hacen encariñar con quien padece la enfermedad. En "Simple Simon", ocurre todo lo contrario. No hay escena que de lugar a nuestra simpatía por el protagonista, lo cual no está tampoco mal. El muchacho es necio, ingenuo en algunos aspectos de la vida y demasiado inteligente en otros. Tiene ocurrencias interesantes y otras no tanto. A veces se comporta bien y en otras ocasiones como un idiota. Pero ninguna de sus dos caras nos hacen tomarle demasiado cariño. Mientras tanto, vemos la evolución de otro personaje, más "lejano", que es su hermano Sam. Un sujeto que responde a la normalidad, con el que nos podemos identificar más. Lo que sorprende, es que el resto de los personajes de las mencionadas películas tampoco responden a la normalidad, ni podemos identificarnos con ellos, pero nos resultan simpáticos y encantadores. La historia, en 85 minutos, sabe defenderse. Es corta y por muy pocos momentos lenta, pero sabe salir a flote con situaciones agradables y acaba repuntando con un final simpático. Todo resume dos ideas principales, que son las que plantea un argumento tan sencillo: el enfrentamiento entre lo científico y lo mágico (lo casual y lo causal) y el amor entre dos hermanos, no tratando de aceptarse el uno al otro, sino tratando de aceptar su propia existencia. Por eso el final funciona, porque refleja perfectamente esas ideas, las imágenes están bien puestas y los sentimientos bien representados. Me quedo con ese costado, que va a buena velocidad, que sabe mostrar de la mejor forma a sus protagonistas, que nos introduce de lleno en el final de la historia y que nos hace dejar de pensar en el resto de la película, que tiene sus fallas, es exagerada, algo lenta, imprecisa y hasta contradictoria. Pero el resultado es más o menos pasable, aunque haya muchas mejores propuestas para pasar el rato.

Puntuación: 5/10 (Floja)

Kaboom.

Smith es un joven de 18 años, enamorado de su compañero de habitación. Su mejor amiga y confidente, encuentra el amor en una misteriosa muchacha. Pero de repente, interrumpiendo un extenso período de amoríos y descubrimientos, la tensión llega. Las personas que rodean a nuestros protagonistas empiezan a volverse amenazantes, la vida se va volviendo más oscura, comienzan a llegar mensajes repletos de misterio y el mundo que ellos conocen se va tornando algo sobrenatural. Es ahí donde ambos se lanzan a una carrera para descubrir qué hay detrás de todo ésto, antes de que el fin del mundo finalmente llegue. Una película complicada, rebuscada, pero que tiene sus puntos buenos. Es recomendable para aquellos que tengan ganas de entender un idioma totalmente distinto al que conocen.

Kaboom.


Trailer en su versión original.


Crítica.

Ésta es una de esas películas que aspiran a calificativos mayores, pero que son terriblemente malentendidas. No culpo a la gente: es imposible unificarse en un solo modelo de comprensión. Las posibilidades se abren minuto a minuto y, al final, la intención no se ve claramente. No logramos entender si toda la complejidad de la trama se debe pura y exclusivamente a la locura del autor, si todo forma parte de una cínica metáfora sobre la sexualidad adolescente o si realmente es algo serio como parece darlo a entender la escena final. Dentro de ellos también hay otras interpretaciones más pequeñas, como si la locura es innata o forzada, si la metáfora sobre la sexualidad adolescente es un modo de concebir el placer como una bomba a punto de estallar o habla de un corazón que late fuertemente por los nervios, y por último, si es realmente serio, queda saber si hay un mensaje político (tercera guerra mundial), religioso (las sectas de la Nueva Orden) u otro mensaje encubierto. Me voy a quedar con una idea, que es la que más soluciones me da frente a este gran problema: "Kaboom" desmitifica la sexualidad, la convierte en algo tangible y concreto, da nombre y apellido a la causa de cada sentimiento expresado, se va volviendo cada vez más compleja a la medida que el personaje descubre cosas ocultas, les quita las máscaras a aquellos que constituyen una presión y las ubica como victimarios de una persecución que no es más que una idea abstracta causada por una catarata de sensaciones a punto de explotar. Mi pregunta es simple: ¿Hasta qué punto es necesario construir una historia fantástica de este tamaño, con un objetivo tan pequeño? Es decir, "Shortbus" de John Cameron Mitchell lo hace mejor. Habla de liberación incluso usando metáforas y el resultado es bueno, porque es auténtico, natural, prolijo. No digo que "Kaboom" no lo sea, es un ejercicio inusual pero agradable que cumple con las expectativas de cualquier espectador que haya visto y analizado en frío los primeros cuatro minutos y medio. No voy a quejarme por los enredos que esta experiencia ofrece, porque es rechazar al cine fantástico y hay historias realmente buenas. Ésta no es una de ellas, pero tampoco es mala. Logra crear un ambiente que desborda exageración (desde actores sobreactuados hasta frases que irritan por lo predecibles que son, típicas de una comediucha de sexo universitario o, aún peor, de una parodia de esas películas) y, al quedar expresa la intención, nada cae en el ridículo. Los personajes, que en líneas generales son patéticos, acaban siendo entrañables. Todo gana sentido desde la exageración, incluyendo la historia en sí, que ofrece desapariciones, pesadillas, maníacos sexuales con poderes sobrenaturales, secuestradores, sectas y explosiones. Pero lo que más me inquieta de "Kaboom", es que pese a todo me haga sentir cierta tensión. Realmente siento que el final está cerca y veo venir el peligro, como los personajes, no soy el "hijo elegido" pero me siento próximo a serlo. Pese a ser un absurdo total, los miedos atraviesan la pantalla, y acaba por convertirse en una película de terror, de esas con tintes eróticos y unos divertidísimos diálogos que, para echar más leña al fuego, hace que sus protagonistas sean homosexuales. Para hablar de liberación, qué mejor que hablar de personas posiblemente inhibidas. Una película que no puedo recomendar, porque no es para cualquiera. Es recomendable para quien tenga sentido de la imaginación, y yo no soy de ésos. Probablemente pueda distinguir dos visiones totalmente opuestas sobre la cinta de Gregg Araki: una visión que dice que es una obra maestra, y otra que se ríe en tu cara gritándote que acabás de perder 85 minutos de tu tiempo en una estupidez sagrada.

Puntuación: 5/10 (Floja)