domingo, 15 de mayo de 2011

Agua para elefantes.

Water for elephants.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Francis Lawrence, director de “Agua para elefantes”, carga con un pasado medio turbio. Es el director de películas como “Constantine” y “Soy Leyenda”, que pueden generar la ligera impresión de que las intenciones de la película hoy criticada son solamente ganar dinero. Tengo el placer de comunicar que aquellos que realmente lo crean, están bastante acertados. No es casualidad que el protagonista sea el actor del momento, aún con diez años menos y treinta centímetros más de quien estéticamente debe ser apropiada para el papel de su pareja. Estoy hablando de Robert Pattinson, el actor de Crepúsculo, y de la ganadora del Oscar Reese Witherspoon. El joven, con 25 años, ha probado que es capaz de resistir incluso a las malas condiciones, como el hecho de estar rodeado de tres nominados al Oscar (dos de ellos ganadores) y tener un personaje que no tiene un solo aspecto positivo o mínimamente destacable. Ni hablar de su poco talento, que se acentúa cada vez que debe cruzar dos palabras con Christoph Waltz, quien reemplaza carisma por humor negro e inteligencia por fuerza, aunque sigue siendo uno de los villanos que queremos que perduren en la gran pantalla sin que sus roles suenen reiterativos.

En pocas palabras, “Agua para elefantes” es la crónica de un hombre viejo pero realizado que en 1931 ha sido parte de un circo famoso con un mal final. Estudiante de veterinaria, queda huérfano y viendo que no tiene nada, comienza a caminar hacia la nada. Encuentra un tren (parece responder a ese dicho sobre el tren que pasa una vez en la vida), se sube y aparece en un circo cuyo propietario es un hombre frío y sin escrúpulos que aprovecha sus conocimientos sobre animales para su propio beneficio. El ingenuo muchacho se enamora de la esposa del empleador y viven una aventura en medio del peligro.

En líneas generales, el elenco es bueno. Pero el resto de las cosas no está a la altura. Hay un gran trabajo visual, una fantástica dirección artística y una satisfactoria banda de sonido. Sin embargo, hay cosas que no pueden dejarse pasar. La más fuerte, y la que más le resta cosas al trabajo, es el planteo de una mirada demasiado condescendiente de la Gran Depresión americana. Tal es así, que uno no puede imaginarse que se trata de crisis sin la ayuda de unos actores que explicitan el contexto económico y justifican, de ésta forma, ciertos giros de la historia. La situación no parece la más terrible del siglo, por el contrario, parece algo que cualquiera que no viaja en un tren con Christoph Waltz puede superar con tranquilidad. Eso es reprochable: la ubicación espaciotemporal es necesaria para comprender la psicología de unos personajes bastante chatos y pequeños para semejantes actores.

La historia, en sí, es bastante feliz. Los animales nos enamoran, el circo nos hipnotiza, la película es relativamente corta (algo fundamental, que cosas como ésta no excedan las dos horas), aunque todo el color y el sabor traigan consigo un innecesario nivel de violencia (a animales y a seres humanos), que cuestionan el buen manejo de los recursos. ¿Hasta qué punto vale la pena incluir imágenes tan desagradables a una película dispuesta a gustar a todo el mundo? Porque no tiene nada que pueda disgustar al público medio en general, incluso tiene un gran sentido de común, unas escenas memorables, unos extras fantásticos, protagonistas entrañables, romance más o menos apasionado, creíble y un dinamismo indiscutible. Por eso es recomendable para los que no son meticulosos, que ahora incluye (gracias a la cara de la taquilla) a la juventud, un romance de circo durante la Gran Depresión con la imponente actuación de Christoph Waltz que juega con su talento y prueba nuevamente que por él, al menos, vale la pena pagar por verla.

Puntuación: 6/10 (Buena)