lunes, 6 de junio de 2011

Mujeres al poder.

Potiche.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Hay dos formas de encarar “Potiche” o, como ha sido llamada en la Argentina, “Mujeres al Poder”: por un lado, desde el hecho de saber que alguien como François Ozon es su director (responsable de películas francesas controversiales y debatidas como, por ejemplo, “Gotas de agua sobre rocas calientes”, “8 mujeres” o mi favorita, la excelente “Los amantes criminales”). Por el otro, encararla desde su lado común, porque después de todo, no es más que una comedia simpática y más o menos sana que esconde no tan profundamente un mensaje político, o mejor dicho, una asociación de conceptos que pueden ir surgiendo en una lección generalizada sobre política. De ambas formas puede disfrutarse muchísimo, y el porqué no aspira a grandes complejidades: es una película sencilla, más allá de las vueltas que de para atar todos los cabos y acabar, amena, repleta de cuestiones que en el mundo político sobran y que además cuenta con la interpretación de Catherine Deneuve, lo que supone una gran razón para no perdérsela.

Probablemente haya sido la comedia que más me haya hecho reír en el año, que no es poca cosa, por empezar. Pero tampoco el que cause gracia lleva a que la película sea buena. En este caso sí, porque la película es buena, en gran parte, gracias a que hace reír. El espectáculo, más simplificado imposible, achica el mundo del dominio, la manipulación y la ideología y lo lleva a un hogar totalmente dividido, a excepción de los jarrones (o potiches), que no cuentan, sólo sirven para decorar un poco la sala y ensalzar el espíritu burgués. Los mismos miembros de la familia, o del entorno (veremos alguna secretaria o algún político dando vueltas en una dimensión emocional) están divididos. Y la idea de tener ideologías políticas distintas (izquierda, derecha) parece ser la clave para deducir por qué se generan colisiones de manera recurrente incluso en los más mínimos detalles. Ésta, por tonta que parezca, es la premisa que sostiene una hora y media de película, que le da el brillo que los jarrones necesitan para hacerse ver (y valer), surgiendo a lo largo de ella nuevas palabras, inéditas para el mundo del patriarca: actividad, feminismo, izquierda, igualdad, aumento, cooperativismo. Son cuestiones externas (digamos, del entorno político, que nunca escapa demasiado a uno) que van incidiendo en la conducta interna (en el ámbito privado, si se quiere) descarrilando, en este caso, una familia dentro de la que pueden reconocerse algunos personajes más o menos geniales y otros no tanto (Jérémie Renner, decepción total).

Constantemente está buscando motivos para mantenerse en pie. Eso no es una genialidad, claro (habla de escasez de recursos), pero tampoco un error. Ozon toma los rumbos correctos para generar una atmósfera de alta tensión, sin la necesidad de haber arañas ni disparos (para mencionar dos referencias que el lector sabrá reconocer) y sosteniendo, cosa que no es fácil, el humor. De todas las estrategias que implementa para hacer que la política cause gracia (y lo digo de verdad, no es cosa fácil), me quedo con la que considero la más efectiva: la facilidad con la que puede moldearse o modificarse una idea o, mejor dicho, una ideología, habla también de cuán fácil puede ser para quien tiene el poder imponer su voluntad al pueblo. Si un pasado, un affaire, un matrimonio, la crianza, el odio o la venganza, pueden llevarnos de derecha a izquierda, ¿Dónde está la seriedad? Dado que “Potiche” es una sátira de este mundo de intereses, acá no se va a encontrar. Aún así, garantizo al lector que saldrá más que satisfecho con un producto de estas magnitudes, si sabe reconocer en él la clave con la que un cineasta como Ozon se maneja para contar historias extrañas, como las de bebés con alas que revolotean sobre las góndolas en los supermercados: no es cosa fácil, pero sale solo, y consiste en sentarse y dejarse llevar por un guión exquisito y por Catherine Deneuve, que en cada película está mejor.

Puntuación: 7/10 (Notable)