jueves, 25 de agosto de 2011

Cerro Bayo.

Cerro Bayo.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Hay un estilo de películas argentinas, justamente el más apagado y el menos comercial, que prueba que mientras no sucede nada, en realidad suceden cosas mucho más graves. Uno de los más grandes exponentes de este estilo es la cineasta Lucrecia Martel, aunque no son pocos los cineastas que se guían por ese modelo para representar algún asunto grave como el que propone “Cerro Bayo”. Acá, el estilo es similar: los pocos y, al parecer, no tan importantes diálogos, la lentitud del desplazamiento de los personajes, de los acontecimientos, va dándonos la pauta de que detrás de todo hay algo realmente interesante. Y no es casualidad que se asocie con “Cerro Bayo”, un punto bastante frío de nuestro país, dado que el sentimentalismo está prácticamente salteado: uno de los más grandes protagonistas de la obra es la frialdad, la actitud desalmada e interesada, la necesidad de actuar como los gusanos bajo tierra, es decir, devorando lo poco que queda de un cadáver.

Con un elenco tremendo, la película narra la historia de una familia. Dos hermanas (Adriana Barraza, Verónica Llinás) se reencuentran ante un trágico acontecimiento que ha dejado a un familiar en coma. En escena, también aparecen el esposo y los hijos de la primera (estos últimos interpretados por Inés Efrón y Nahuel Pérez Biscayart), todos dando vueltas alrededor de una casa con intereses más que particulares. Esto significa: no hay momento en que la familia parezca tal, por el contrario, el individualismo que reina en el hogar hace que cada uno se guíe por sus propios intereses, algunos más descabellados e inapropiados que otros. Ahí, la droga, el sexo (y la competitividad), las propiedades, todos son movimientos que no se ven. En esa aparente normalidad, donde –recuerden- nada pasa, en realidad todas estas cosas están ocultas entre las montañas. Pero hay ojos, que representan a una sociedad observadora (uno o dos personajes “del afuera”, geniales) y que siguen movimientos y rumores con otros intereses en particular, aunque siempre guiándose por sus necesidades personales.

“Cerro Bayo” es una gran película. Está bien: su sencillez se lleva al extremo en un final más o menos obvio, planificado como una estructura arquitectónica, pero que afortunadamente no se cae. Tiene sus fallas, son pocas, pero dejan verse: personajes con frases puestas a la fuerza y que van dirigiendo el producto a la resolución más fácil, más obvia. De cualquier forma, todo lo demás es un logro absoluto: la sensación de tensión frente a esa normalidad está sostenida, los conflictos se desarrollan sin faltar a las creencias que la película plantea inicialmente y el elenco (similar al de “blue”) es genial. Destacar a Efrón y a Llinás, una con un personaje ingenuo y otra con su antítesis, es obligatorio. Se devoran el Cerro Bayo, con nieve incluida.

Puntuación: 7/10 (Notable)