sábado, 29 de octubre de 2011

El umbral


Stay.

Trailer en su versión original.


Crítica.

Marc Forster es uno de mis directores favoritos, porque tiene la envidiable capacidad de plasmar emociones humanas como pocos artistas, además de crear una atmósfera necesaria para el desarrollo de sus historias, que suelen ser duras, vertiginosas y/o complejas, dependiendo del caso. Y entre una lista de grandes trabajos, que van desde la premiada “Descubriendo el país de nunca jamás” hasta la más que comercial “Quantum of Solace”, debe destacarse su más grande obra, la extraordinaria “El Umbral”, protagonizada por Ewan McGregor, Naomi Watts y Ryan Gosling. Acá, una trama psicológica está respaldada por el uso de misteriosos elementos que representan el caos, la imprecisión, la copia, el desdoblamiento de la psiquis, la muerte. Recurriendo al ajedrez, a juegos de luces, espejismos, escaleras, puentes, además de una idea de infinidad borgiana, de repetición, de constancia, “El umbral” nace como la respuesta a la incapacidad de establecer cuáles son los límites que ponen fin a algo tan banal como la vida, la muerte, es decir, como aquello que queda en el medio.
Acá, el comportamiento depresivo juega un rol fundamental. El protagonista, basándose en las decisiones de un artista al que admira, manifiesta deseos de suicidarse tres días después de confesarlo a su psiquiatra, precisamente el día de su vigésimo primer cumpleaños. De esta forma, somete a su psiquiatra a un misterioso juego que no lo deja indiferente; por el contrario, lo golpea, lo hiere. Este profesional intenta buscar soluciones donde no las hay, pero él no lo sabe. Trata de hallar en algo tan complejo como la vida misma una salida, una cura para una sensación implacable como la depresión, o como la necesidad de convertirse en alguien (en este caso, el paciente –un artista frustrado- busca convertirse en aquel a quien admira, siguiendo exactamente sus pasos, llamando la atención).
Esta película sobresale en todos sus aspectos, desde el interpretativo (que, como todos saben, es mi fuerte), donde el trío protagónico demuestra hasta dónde es capaz de llegar profesionalmente, entregando tres roles impecables, hasta el estético, donde una película como ésta puede fallar tranquilamente. Acá, la tensión se sostiene a la perfección, gracias a la creación de un clima misterioso, desagradable, enfermizo. Marc Forster y todo su equipo logran, en conjunto, construir un laberinto, con todas sus trabas, sus trampas, sus idas y venidas. El resultado: un viaje desesperante a lo más profundo del inconsciente, a la depresión, al vacío existencial, con el sustento de imágenes muy potentes, muy significativas, que dan sentido a un trabajo excepcional, con una resolución perfecta para un trabajo que desde el inicio parece ser perfecto. Y las predicciones no fallan. Acaba siéndolo.
Puntuación: 10/10 (Sobresaliente)