sábado, 3 de diciembre de 2011

La Carretera.

The Road.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Yo me pregunto si la novela será una centésima parte de aburrida de lo que es su adaptación cinematográfica. En ese caso, puedo asegurar que no la leeré, aunque se trate de Cormac McCarthy, o sobre las miserias humanas en el campo apocalíptico, o sobre cómo Dios ha podido hacer un mundo sano e igual, generando el desastre. “La carretera” no es entretenida, ni es fácil (de hacer y de digerir), pero tiene la fuerza suficiente para poner todo lo que tiene en contra a su favor, sin caerse en el pozo. Va más allá de una exasperante y dolorosa ambientación depresiva, de esas que con la presencia de un piano casi evoca a Roman Polanski y su trabajo sobre Wladyslaw Spilzman, logrando mostrar el lado más serio de la pesadilla post-apocalíptica, hoy tan común en la industria cinematográfica, aunque no precisamente el lado más osado. No hay contradicción: probablemente mostrar lo más osado puede restarle seriedad, y juega con un equilibrio interesante, durante casi dos horas de un ambiente sin sol y sin estrellas.

Todo cuestionamiento político, geológico y climático, queda totalmente descartado. Acá no tenemos gobiernos intentando frenar la situación, científicos estudiando la cuenta regresiva del planeta, o estudiantes soñando con un mundo mejor. Estamos en un momento de la historia donde la palabra retorno no existe, y donde un mundo distinto (al que se hace referencia con cierta inteligencia en una escena) totalmente escaso de recursos debe ser el medio al que se adapten los pocos seres vivos del planeta. Las causas no están, aunque no son necesarias, ya que las conocemos más que bien. Se apunta directamente al comportamiento de los hombres en una situación límite, como lo es la falta de alimentos. Son esos límites los que no se cruzan, y que estancan la película, principalmente en la primera hora. En la segunda, unas apariciones espectaculares dinamizan la historia, le dan valor a las cosas más pequeñas, y se ve reflejada la pobreza del mundo al que lentamente nos dirigimos.

La película es, dentro de lo que ofrece, sencilla. Pocos personajes, pocas subtramas y muchas no son demasiado interesantes. Cabe destacar que la primera mitad sólo tiene de bueno la atmósfera, que asfixia, que amarga. Nos centramos en la segunda, donde las neuronas parecen reactivarse, donde la carretera parece tener algo importante que darnos. Una lección de vida, quizá, o un juicio sobre cuál es la conducta apropiada: la del hombre egoísta pero bueno, la del hombre caníbal pero malo, y la del Dios ingenuo que se desvive por el otro. Diferentes opiniones aseguradas y personajes con características muy marcadas, que llevan a múltiples lecturas de un final, en mi opinión, extrañamente flojo. Está claro que a Cormac McCarthy le gusta esto de “las decisiones”, o el juego de “cara o ceca”, pero me cuesta entender qué es lo que se quiere mostrar. Si la transición al mundo adulto, la emancipación, o la proyección constante de nuestras acciones a futuro.

Puntuación: 5/10 (Floja)