jueves, 8 de diciembre de 2011

Un método peligroso


Crítica.

Uno de los juegos que siempre me divierte jugar, como espectador, es tratar de vincular un título con un cuerpo. Porque los títulos no sólo sintetizan la idea de una película, de un libro, de una pintura: además de eso se encargan de ampliar la representación, en este caso artística, del autor. Por lo tanto, adentrarnos al fondo del misterio de un título muchas veces nos ayuda a entender el contenido del producto de una manera distinta. Ahora bien, quiero que alguien me explique el título de esta película, o de la obra en la que se basa. Un método peligroso, ¿busca condenar una de las corrientes más firmes de la psicología? Y específicamente, ¿cuál de estos métodos, que en conjunto constituyen el psicoanálisis, es el peligroso? Y buscamos en la obra respuestas que no obtenemos. En su lugar, un salón de baile donde el ser humano se desnuda emocionalmente y se comporta desde lo más profundo de su ser. Y varios seres humanos, interconectados, con acciones y reacciones que marcan el acercamiento, o no, de los mismos.

David Cronenberg vuelve de entregar algunas de las películas más significativas de la década, como “Una historia violenta” o “Promesas del este”, para regalarnos un producto tan sólo decente. Lo que no quita que sea bueno, porque lo es. Acá, aferrándose a una ambientación demasiado arquetípica de la Europa durante la apertura del siglo XX, nos enseña los orígenes del psicoanálisis como hoy lo conocemos, cómo es llevado a la práctica por un profesional cuyo obstáculo principal es sí mismo, y el vínculo de éste con una aspirante a ser psiquiatra, y con su mentor y amigo, el universalmente conocido Sigmund Freud. El primer tercio es el más divertido: conocemos el caso de una muchacha con ataques de origen desconocido, que se dirige a ver a Carl Jung para tratarse. Mientras tanto, intentamos descubrir al modo de un buen policial, y a través del psicoanálisis, cuáles son las causas. El segundo tercio es el más decepcionante: la aparición del mejor Viggo Mortensen en un personaje tan poco atractivo como, hasta ese entonces, lo es la película. Y finalmente, una resolución que empieza a apurar el paso del tiempo, y cuenta todo como un anciano contaría su vida sabiendo que le restan minutos para conocer el más allá.

Pero el resultado es bueno. Porque después de todo, no puede resultarle felizmente divertida una película sobre el psicoanálisis a alguien que no le interesa la psicología. Es una película bien hecha, bastante bien actuada, bien ambientada y más o menos bien narrada. El problema es no ir más allá de las cosas bien hechas, de no crear una atmósfera peligrosa, dolorosa y opresiva, más aún tratándose de una historia basada en los efectos de la sexualidad y el conocimiento de la misma. No va más allá de la simple convergencia ideológica entre Freud y Jung, ni hunde más el puñal en la mejilla, simplemente parece preocuparse por entregar una redacción de tono perfeccionista, de noventa minutos de duración, sobre un pedazo de historia de la psicología, de la conducta del ser humano, de los distintos modos de ejercer la libertad.

Puntuación: 5/10 (Floja)