viernes, 9 de diciembre de 2011

La piel que habito

La piel que habito.

Trailer en su version original.

Crítica.

Hoy, una de las pocas películas realmente deslumbrantes del año, viene de la mano de un genio del cine: Pedro Almodóvar. Acá, una película cuya fachada parece ser distinta, aunque en el fondo conserva el alma del cineasta, que nos acompaña desde la curiosidad inicial hasta el espectacular final de la película. Basada en la novela “Tarántula”, de Thierry Jonquet, “La piel que habito” es una de las películas más inteligentemente retorcidas de lo que llevamos de año, capaz de mezclar un fantástico sentido del humor en sus inicios con un agridulce sentido de la venganza; un drama almodovariano sobre la figura de la mujer con el horror de un psicótico; una tragicomedia sobre la identidad con una minimalista exhibición de la medicina del futuro, allá, por un lejanísimo año 2012.

Capaz de mantenernos atrapados por casi dos horas, intranquilos, nerviosos, “La piel que habito” comienza mostrándonos a un cirujano plástico que sin quererlo está rompiendo las reglas. Al ver que está haciendo las cosas mal, retrocede en su trabajo. Una persona buena, inteligente y con un gran sentido de lo ético, lo que nos hace sentir una ligera simpatía hacia este enigmático personaje. Sin embargo, lo mejor está por llegar: no sólo el tiempo se vuelve para atrás, situándonos ahora 6 años antes, sino que nuestro modo de percibir el lugar, o de sentir a las personas, cambia dramáticamente. Dentro de una casa adornada de cuadros, cuartos y de gente, comienzan a suceder cosas, producto de la presión que cada uno de los individuos ejerce sobre la naturaleza. Secretos que comienzan a fluir, actos que no han debido llevarse a cabo, transformaciones irreversibles y la incontenible desesperación por buscar una salida a la realidad que a cada uno los domina.

Con la excelente musicalización de Alberto Iglesias (me ha hecho recordar, vaya uno a saber por qué, al trabajo de Morricone en “La Desconocida”, de Tornatore), de lo mejor del año, y un guión exquisito, sombrío y encantador del mismo Almodóvar, “La piel que habito” combina miles de sensaciones: de los personajes, la soberbia de quien se adjudica el derecho a crear, la belleza inducida e idealizada de la feminidad; de los lectores, la confusión frente a algunos acontecimientos, el rechazo a la transgénesis (o puntualmente al caso que narra la película), la reflexión sobre los roles que asumimos en nuestra vida, a través de nuestra piel, o nuestra identidad en general, y en cierto modo las impresiones que genera un final explosivo, muy bien conseguido, tan positivo como negativo, fragmentado en la fortuna y la desgracia: en el hecho de haberlo perdido todo, o en la posibilidad de ganar el amor que nunca se ha tenido. Porque después de todo, esta película es la más romántica que este director haya hecho nunca: el amor protagoniza una encarnizada representación con tintes satíricos y casi bizarros de la locura y la venganza, en la que nada es lo que parece, y siempre hay algo dispuesto a sorprendernos aún más, que quizá no aceptemos, o quizá no podamos creer. Pero entre hipérbole e hipérbole, lo distinguimos al genio. Y dejamos de preocuparnos por trazar límites entre la cordura y la locura, ya sea en la realidad o en la ficción.

Puntuación: 9/10 (Excelente)