jueves, 15 de diciembre de 2011

Hugo.

Hugo.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Cuando uno no sabe cómo empezar a hablar de una película, usualmente comienza con frases idiotas como ésta. Es que realmente es imposible tratar de describir “Hugo” con palabras, o con imágenes. Puedo decir que es una película excelente, pero va aún más allá. Y utilizaré palabras que contentarían a su autor: es un sueño. Es mágica. Martin Scorsese me dejó boquiabierto. Porque firmó un trabajo ejemplar, un conmovedor retrato de la vida y el cine tan glorioso como “Cinema Paradiso” hace más de veinte años, tan revolucionario como “Viaje a la luna” hace más de un siglo, que rinde tributo a nuestra pasión a través de sus orígenes, pintándonos una obra impecable donde la emoción brota en cada secuencia perfectamente montada (y hay muchísimas), en cada sonido que se percibe, en cada lágrima y en cada palabra. Frases como “come and dream with me” (ven y sueña conmigo) o “this is my only chance to work” (es mi única oportunidad para funcionar) dan cuenta de la perfección que respalda este osadísimo trabajo de aventuras, que quedará en la historia del cine aún cuando los medios, cuando el mundo, o cuando alguien crea que no tiene ninguna función. Indudablemente, estamos frente a la mejor película que Martin Scorsese ha hecho, lo que no es decir poco. Una película que cumplirá el rol que le corresponde, convirtiéndose en una de las mágicas experiencias más sobresalientes del cine de esta nueva década.

Artísticamente excelsa, comienza con un prólogo bellísimo en una estación de trenes, quizá uno de los inicios más vertiginosos y exquisitos que recuerde. Ese inicio es sofisticado como una película de animación, de las que uno desea que sean de carne y hueso. Acá nuestro sueño se cumple, y vemos una fantasía animada actuada milagrosamente por un elenco brillante, que incluye a un magnífico Asa Butterfield (protagonista de “El niño con el pijama a rayas”, que acá no para de conmoverte), al maestro Ben Kingsley y a dos grandes intérpretes como Emily Mortimer y Sacha Baron Cohen (que ofrece el mejor trabajo actoral de “Hugo”). Pero la película comienza a expandirse. Porque no es sólo una cinta de aventuras, sino una combinación pasional de las partes que constituyen la vida, de las piezas que encajan y hacen al mundo andar. También una reflexión del tiempo, o un clásico romance juvenil. Del lugar que ocupamos en el mundo y, siendo lo más optimistas que podamos, de la importancia de que nosotros existamos y funcionemos para que el mundo esté mejor.

“Hugo” es una epopeya de la vida misma, que usa al protagonista como el pícaro que nos presta sus ojos creativos y valientes para enfrentarnos al mundo. Es grandiosa por cuanto abarca en el universo, por el análisis que hace del todo y cada una de sus partes, por todos los accesorios que le añade para perfeccionar aún más algo inmaculado. Quizá muchos la vean con frialdad, y vean lo ingeniosos que son los paralelismos entre la realidad, los sueños, la magia y la ficción; otros se centrarán en dejarse llevar por la película, o por esos treinta minutos finales nostálgicos, tan tristes como alegres (algo así como “Medianoche en París”, de Woody Allen); otros discutirán si realmente los finales felices ocurren sólo en las películas (* : no leer al pie de la crítica si no has visto la película); otros la admirarán por todo lo que nos ofrece como seres humanos, por cómo soborna nuestros sentidos con tanta imaginación; otros verán esa retrospectiva como un homenaje al cine, al mundo, a la vida, a los artistas, a las sirenas y a los espectadores. Sublime.

Puntuación: 10/10 (Sobresaliente)



SI NO HAS VISTO LA PELÍCULA AÚN, NO DEBES LEER LO QUE SIGUE DEBAJO.


(*) Hay una escena deliciosa del protagonista colgado de la aguja del enorme reloj. Quizá recuerde a una escena anterior de la película, donde él concurre a un cine acompañado por la protagonista, y ven una escena muy similar sin poder disfrutar del final. Ben Kingsley asume que sólo los finales felices ocurren en las películas, pero esta visión se opone a esto, demostrando que puede existir una continuidad entre la ficción y la realidad, y que el mundo puede tener un final feliz, así como cada una de sus partes.