viernes, 16 de diciembre de 2011

J. Edgar.

J. Edgar.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Cuando uno ve películas como ésta, comienza a sentirse realmente mal como espectador. Y creo que esa sensación mezcla no sólo la decepción de enfrentarse a Clint Eastwood en una mala película, sino también el hartazgo, la insuficiencia, y esa manía de los seres humanos de querer entrometerse en la vida de los otros y de corregir sus errores. Acá, parece que nadie ha prestado atención a algunos de los más graves. Porque “J. Edgar” aparenta ser una película sin un director, es decir, sin alguien capaz de calibrar todos los elementos constitutivos y disponerlos de manera tal que uno, como observador externo a la película, pueda más allá de disfrutarla, mínimamente visualizarla. Acá, el veterano ha jugado mal sus cartas: anunciando su retiro del mundo de la actuación, y su permanencia detrás de las cámaras, probablemente haya cometido el error más grande de su vida. El costo de oportunidad propio de la vejez, el deber renunciar a algo, quizá lo que le demande más energía, para hacer otra cosa.

También me extraña que el guión de Dustin Lance Black sea tan flojo. Muchos podemos creer que al haber alcanzado el Oscar, ya no tiene ganas de pensar en algo bueno. Vuelve a insistir con la política americana, pero de primera mitad del siglo, presentándonos varias facetas de la historia del país, de la institución, del hombre profesional, del hombre como tal, sin dejarnos en claro qué es lo que realmente importa. Sin lugar a dudas, el “todo” no es importante: uno se da cuenta, al ver los fallos en lo más general de la cuestión, que todo lo mencionado no puede importar. Tiene que apuntar a algo más: sus ambiciones deben estar ligadas a algo que esté bien hecho, o que muestre intenciones de ser algo bueno. Película que hace agua por todos lados, que muestra fotografías sobre la política del país, pero también sobre la política que gobierna el alma, sin darle la profundidad que merece una historia tan exquisita como la del FBI, organización encargada de erradicar el comunismo casi de forma indiscriminada, pero que con esa perspectiva ha ganado más y más peso.

“J. Edgar” no se vive: se sufre. Como un álbum de fotos que no termina jamás, que nos suma más y más y más y más y más, con una grandilocuencia repleta de vacío, que intenta compensar con un maquillaje tan bueno como lo han sido los efectos especiales de “Más allá de la vida”. El resultado es muy malo, créanme. El resto lo hacen los actores, que a diferencia de las películas de Clint Eastwood, acá son un punto fuerte. Probablemente el único. Un Leonardo DiCaprio jugando con su voz y su personalidad, entregando no su mejor interpretación, pero sí una decente representación de un desaprovechadísimo personaje histórico (toda la osadía que promete este “hombre que sabe cosas”: olvídenla). Pero que actúe bien no es cosa nueva. Sí es para aplaudir la interpretación de Armie Hammer, de quien uno no espera nada, o de quien recibe las más grandes satisfacciones de este trabajo. Hace todo lo que puede para que su personaje se mantenga de pie. No lo logra, claro, porque su personaje es terriblemente malo. Pero acá valoramos el intento.

Puntuación: 2/10 (Mala)