sábado, 17 de diciembre de 2011

Like crazy

Like Crazy.

Crítica.

“Like Crazy” es una película dirigida por alguien que no ha visto jamás en la vida una película americana sobre amor a la distancia. O las ha visto todas, y se ha esforzado por realizar algo totalmente distinto, creíble, realista y perceptible. Drake Doremus lo hace muy bien. Con este trabajo, nos demuestra a algunos fanáticos que lo de Anton Yelchin jamás ha sido casualidad, que logra transmitir muchísimas sensaciones: la desesperación, la soledad, la confusión. Pero acá hay algo más. Y es, lejos de una decepcionante Jennifer Lawrence (quien repite con Yelchin tras “La doble vida de Walter), la señorita Felicity Jones. No la he visto demasiado como para asegurarles que es una buena actriz, pero en una de las escenas que cierra el primer tercio de película, al teléfono, te rompe el corazón. Su cara hinchada, roja, enferma, pero de amor. Es milagroso.

Además de ser un romance a la distancia, debe tenerse en cuenta que es una película sobre jóvenes que apenas han atravesado la barrera de la adolescencia. Por lo tanto, como en “Querido John” para mencionar una, es muy fácil filmar cosas obvias, pintadas de rosa y felicidad. No digo que “Like crazy” no tenga estas cosas, simplemente que va más allá de lo común, convirtiéndose en un caso muy particular, no necesariamente pesimista (será discutible), pero sí muy realista. El amor se vive intensamente, pero con ello, también el dolor, la inseguridad, la precipitación, la culpa y las ganas de volver el tiempo atrás. Los diálogos demuestran una madurez inimaginable, puntualmente en la escena del principio. Pero luego, el realizador sin abandonar esta madurez para contar la historia, los hace “involucionar”, los convierte en niños caprichosos, confundidos, tontos. Ahí está la magia de esta película: tiene que ver con entender los efectos del amor en la vida, de su importancia en la adolescencia, de ser capaz de distinguir su fuerza emocional.

En un relato breve, que por momentos aspira al estilo de “Expiación” y por otros al de (buenas) comedias ingenuas, nos involucramos rápidamente con los personajes. Cada uno saca lo mejor de sí estando solos (tanto los actores como los personajes, claro está), pero al verlos juntos, uno no puede verlos como una pareja. Quizá sea algo muy positivo, o quizá muy negativo: el amor sólo está presente cuando están lejos. El espectador no capta la química entre ellos cuando él y ella están pegados uno al otro. Y eso puede sonar muy extraño, incluso muy perjudicial para una película que recalca constantemente su realismo vital. Pero el conjunto, se ve bien, pese a todo: no es una película atrapante, pero sí muy inteligente; no termina de ser impactante, pero sí más que sugerente; nos invita a pensar (con escenas muy bien editadas) sobre nuestro enemigo más grande, el tiempo, con una tierna historia de fondo, que quizá olvidemos, aunque no deberíamos.

Puntuación: 7/10 (Notable)