viernes, 23 de diciembre de 2011

¡Los tres años de UNA LOCURA DE PELÍCULA!

Queridos usuarios lectores:

No soy malo para hacer discursos, pero sí soy bastante malo cuando estos discursos son medio sentimentales. Todos los años me olvido del cumpleaños de UNA LOCURA DE PELÍCULA (que nadie sabe recordarme si lo creé un 22 o un 23 de Diciembre, aunque me guío por la primera publicación hecha), quizá porque jamás le he dado un verdadero lugar en mi vida. Pero este año más que nunca ha sido importantísimo para mí. Quizá porque me he responsabilizado como nunca, porque he ampliado las fronteras, porque he asumido realmente el compromiso.

Y uno debe ser honesto. Yo intentaré serlo. Recién cuando empecé a ver que el blog tenía más comentarios (porque nunca creí en los contadores de visitas) me sentí leído, y sentí que tenía un deber: escribir. Así intenté crecer, contagiar esta locura de película, y hoy cuento con muchísima gente interesante que sabe mucho de cine (mucho más que yo, seguro), pero no me importa tanto como el hecho de que sepan compartir la experiencia, la opinión, de que impulsen (como solía ser mi lema los primeros meses), el debate colectivo (¿recuerdan el “¡viva el debate!”? Probablemente no).

No me voy a extender mucho más. El blog, por el momento, va a seguir transitando el mismo rumbo de siempre. Entrando en temporada de premios, mezclará críticas con informes. No crean que por madurar, UNA LOCURA DE PELÍCULA va a cambiar de aspecto. ¡No! Ésto sigue igual.

Finalmente, para evitar que alguno crea que olvido los orígenes, quiero agradecer a los primeros, a los que estuvieron siempre e impidieron que bajara los brazos cuando flaquée (cosa que hice innumerables veces), a Viviana, a Anna, dos grandes seguidoras del blog sin tener un sitio propio (la última influyó mucho en los diseños, era como la encargada de corregir mis fallas: soy pésimo diseñador), y quiero agradecer a todos los que fueron sumándose al debate, todos los propietarios que han dejado su huella en este lugar. No los voy a nombrar, si quieren saber quiénes son, vayan a la lista de blogs que sigo. Porque creo seguir a prácticamente todos los que alguna vez han hecho algún aporte a esta gran locura de película, que espero que siga creciendo con la ayuda de todos.

Agradezco inmensamente el espacio, los comentarios, las lecturas, los intercambios, las recomendaciones, las peleas sanas en Facebook y la posibilidad de hacerme crecer como administrador. Supongo que también como persona, ¿No?

El padrino.

The Godfather.

Crítica.

“El Padrino” quizá sea, para muchos, la obra maestra en la historia del cine universal. Y es indiscutible que hablar de ella es, por consiguiente, algo serio. Un ejemplar prácticamente impecable, prolijo, minuciosamente montado por un director prodigioso que comienza a debilitarse en la década del 80, sobre los principales valores morales de una sociedad ortodoxa, sobre lo que implica romper con éstos, y sobre los efectos de la violencia desatada, muchas veces imparable. Y digo ejemplar, porque ha servido como molde para la construcción de muchísimos productos culturales, generalmente inferiores, sobre la dinámica de la mafia en las primeras décadas del siglo XX. Otros han sabido captar las intenciones de un gran director, gran perfeccionista, y han renovado y mejorado aún más su versión, como el caso de la reciente “Un Profeta”, de Jacques Audiard.

Lo que prueba esta película es el sentido de la responsabilidad de un artista como Francis Ford Coppola, quien hasta el día de hoy nos trae películas fabulosas (como la reseñada “Juventud sin juventud”, o “Tetro”), su compromiso con la sociedad como espectadora, y su particular inclinación al clasicismo cinematográfico. “El Padrino” es, sobre todas las cosas, una película clásica que a lo largo del tiempo se ha transformado en un clásico. Y no en vano se la llama obra maestra, porque tiene todos los ingredientes para hacerte sentir todo lo que puedas sentir adentro de un cine, y además, es imposible que deje a alguien indiferente. Su cruda violencia, su perverso sentido del humor y sus impecables caracterizaciones hacen que el conjunto, es decir, el producto final, golpee al espectador, influya en él de muchísimas formas.

Pero me cuesta ver esta película como un entero, quizá por la dimensión que abarca en el campo de la cinematografía. Prefiero recordarla como una escena tras otra, ya que comienza muy bien (el jefe acariciando al gato), y cuando llega un punto en que uno cree que una escena no puede ser superada, arriba otra aún mejor. Y principalmente desde la escena de los naranjos, todo lo que viene detrás (cerca de media hora) pocas veces se ha visto en el cine. Ahora bien, si uno logra encajar todas estas piezas, todos estos rostros, todos estos diálogos, se encuentra con un trabajo excepcional de final desarticulado. Desde esa escena mencionada, todas las escenas que siguen son finales extendidos, que siguen aumentando la calidad de la película (insisto, son cada vez mejores), pero que unidos pierden intensidad. No digo que estas escenas sean innecesarias, porque muchas de ellas son imprescindibles, pero no tratadas como la revisión fugaz de un álbum de fotografías, sino como las ideas principales de una posible gran construcción, más precisa, más homogénea, más amalgamada, que le otorgue a “El Padrino” la calidad de producto final que merece. La de obra maestra.

Puntuación: 9/10 (Excelente)