jueves, 23 de febrero de 2012

Bullhead.

Rundskop.

Crítica.

Bélgica ha enviado a competir a los Oscar a su producción “Bullhead”, que curiosamente ha alcanzado un lugar entre las cinco mejores películas de habla no inglesa del año. Este trabajo mezcla el suspenso y el drama en una historia que constantemente pretende ser más compleja de lo que realmente es. De hecho, si ha alcanzado una nominación a un Oscar, posiblemente sea porque no se la ha considerado algo complejo; por el contrario, su mérito claramente es su simpleza detrás de todo. Tanto en las experiencias traumáticas que se arrastran desde la temprana edad, como en las dimensiones que pueden adquirir nuevos acontecimientos en la vida adulta, abarcando personas no del todo familiarizadas con la cuestión.

Pese al original argumento que propone, del que no es conveniente develar nada, me da la impresión de que “Bullhead” (que podríamos traducir como “cabeza de toro”), falla en todos los objetivos que se propone. Básicamente, porque nunca define su territorio. Si estamos frente a un trabajo con tintes cómicos, no están logrados; si estamos ante un thriller criminal, no termina de convencer. Si estamos ante un drama psicológico sobre represiones y venganzas, menos aún. La misma historia sugiere que todas estas cosas acaban yuxtapuestas en algún momento de la vida del personaje principal, Jacky, pues todas reflejan de una manera u otra la verdadera naturaleza de un oscuro personaje, a quien en numerosas oportunidades vislumbramos como una sombra. Es una proyección de lo que ha podido ser, de lo que debe ser según los parámetros sociales, y no de lo que verdaderamente quiere. Su destino ya está escrito, está marcado y es irreversible. Está en él tratar de hacer las cosas lo mejor posible.

Interminables dos horas de duración que nunca alcanzan un ritmo aceptable, nunca llegan a involucrarnos en ninguna de las tramas secundarias, y mucho menos en la trama principal. No podemos hablar de suspenso porque, aunque lo intente, no lo tiene. La parte criminal es buena por lo que cuenta, y no por los métodos que usa para contarla. El resto, todo lo que tenga que ver con el conflicto interno de Jacky (resuelto en un clímax final que el espectador merece a modo de recompensa, pero que se ve débil), no acaba de resultarnos duro ni doloroso. Tampoco sentimos enojo, ni nos da rabia la injusticia. Simplemente somos testigos pasivos de la trágica historia de Jacky, rodeado de otras sombras que no puede controlar. A nosotros, sólo nos queda admirar su originalidad, el estupendo trabajo de Nicolas Karakatsanis en la fotografía y de Matthias Schoenaerts en la interpretación principal. El resto, puede tener algún momento interesante, pero el resultado es muy poco satisfactorio.

Puntuación: 4/10 (Regular)