viernes, 17 de febrero de 2012

El amor de Tony

Angèle et Tony.

Crítica.

“El amor de Tony” no sería lo que es, que tampoco es imprescindible para la vida del espectador, sin la fuerza interpretativa de una mujer como Clotilde Hesme, quien da una lección de actuación en todos los minutos bendecidos por su presencia. Ella eleva con gran profesionalismo una pequeña película en lo más alto que puede, y probablemente más alto que eso. Le da el alma que, por lo visto, esa minúscula anécdota en las vidas de dos personas parece, en ciertos momentos, no tener. Le da el ritmo para creer en el cambio, el sentimiento más creíble, visceral, por su carácter frío contra el mundo. Tampoco se le da a Grégory Gadebois el lugar que se merece, se le niega el protagonismo para dejar en el medio del escenario, recibiendo el fuerte rayo de luz que surge desde la nada, a la estrella de la película.

Estamos frente a una ópera prima chiquita de Alix Delaporte, que se encarga de resumir este drama romántico en ochenta minutos y hacerlo durísimo. La trama es bastante sencilla: dos personas arreglan una cita a ciegas, y cuando se conocen, el encuentro es muy fuerte, pero no para ambas partes perfecto. Sin embargo, el vínculo se va intensificando con una excusa laboral, que irá destapando secretos ocultos y cuestionamientos que intentan responder si realmente son el uno para el otro, o son simplemente la ilusión, la proyección de un verdadero amor. No es una película fácil, aunque lo parezca; quizá busque métodos para hacerla una experiencia natural y digerible, y de hecho, la dureza está en lo profundo. De aguas turbulentas que no dejan ver más allá. A veces uno toca fondo en silencio, volviéndose invisible ante los ojos del otro. Acá, puede verse algo de eso: un hombre “toca fondo” literalmente, y otros lo buscan. Es difícil encontrar el alma de una persona perdida entre tinieblas, y más aún lo es para Gadebois: el carácter del personaje que tan bien interpreta Clotilde Hesme es hermético e impenetrable, un acorazado que muy difícilmente le permita a uno ver más allá.

La complejidad de este acorazado es lo que motiva al espectador; quizá no lo emocione, ni siquiera hasta el final, pero es la rueda que posibilita el funcionamiento de “El amor de Tony”, que pese a sus altibajos se mantiene siempre en un nivel aceptable. Una película recomendable; como suelen serlo los dramas franceses, quizá algo lentos pero nunca aburridos. Siempre hay algo más allá de lo que denota una superficie, hay un volumen que le da un dinamismo particular. No es nada de otro mundo, pero su estupenda fotografía e intérprete protagónica femenina son razones más que suficientes para darle una oportunidad al amor de Tony por Angèle, al amor del espectador por el amor.

Puntuación: 5/10 (Floja)