martes, 6 de marzo de 2012

Aballay: el hombre sin miedo.

Aballay: el hombre sin miedo.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Cuando meses atrás, Argentina tuvo que elegir una de las tantas grandiosas películas estrenadas en el año para competir en los Oscar. Todos pensaban que el resultado estaría entre producciones taquilleras o bien vistas por la crítica. “Un cuento chino”, “Mi primera boda” o la promocionadísima “Viudas” surgían como las opciones taquilleras, “El estudiante” o “Ausente” como las bendecidas por los críticos, o en casos extremos aquellas con figuras famosas (“Los Marziano”, “El gato desaparece”). Sin embargo, todos nos asombramos cuando se dijo que la elegida era “Aballay: el hombre sin miedo”, una película estrenada en 2010 que había sido proyectada en un puñado de salas sin nada de gloria. Pero más aún cuando nos enteramos que un tercio de los votantes se habían decantado de forma simultánea (algo que suena sospechoso) por este western gauchesco. Luego vinieron los análisis: “es un trabajo que refleja las costumbres y los orígenes del país, puede llegar a caer bien”, aunque ninguno la ponía en un altar, sin justificar el porqué de su selección. Tras haberla visto, no me parece que haya sido una mala opción. Sí sospechosa, desde luego. Pero dentro de las posibilidades que tenían películas como “El estudiante” (aún siendo la mejor producción argentina del año, las chances de que la Academia le diese una valoración positiva eran nulas), “Aballay: el hombre sin miedo” fue una de las selecciones más acertadas.

Este western narra la venganza de Julián (Nazareno Casero), quien atraviesa el país tras diez años de la muerte de su padre para vengarlo. Ambientada en el noroeste argentino a finales del siglo XIX, época en la que autores como José Hernández o Eduardo Gutiérrez han escrito las obras maestras que han marcado la literatura de nuestro país, y dirigida por Fernando Spiner, es una historia de pequeños mitos y creencias que adornan una cálida historia de amor en el desierto, manchada de sangre. Y no quedan dudas de que Spiner, no sólo es un fanático del género, sino también un romántico: en cada plano saca jugo de las situaciones, y por ser bastante poco renombrado en su país, su profesionalismo lo destaca entre otros cineastas más conocidos. Un pulso frenético, atroz, escenas de acción filmadas con algo más que buen tacto: cuando son todas buenas, y uno desecha la posibilidad de que sea cuestión de suerte, roza con sus pensamientos el concepto de “talento”. La exquisita fotografía y la música eleva momentos simples y los vuelve un misterio apasionante.

Uno puede esperar que el final rinda tributo al resto del trabajo, que es bastante bueno. No es así. Mantiene la calidad de su textura, pero no de su narrativa. Hay momentos donde todo lo construido corre riesgos de desplomarse. No lo hace, porque tiene un equipo de producción notable y un guión inteligente. Sí, puede tener más humor, y ser más negro. Sí, puede ser mucho más violenta y tener un estilo propio sin emular el cine ajeno. Sí, puede ser más arriesgada de lo que es. Sí, puede estar mejor actuada (desgraciadamente ese es un punto en contra: no se salva nadie, excepto el protagonista, Casero). Pero uno no debe juzgar “Aballay: el hombre sin miedo” por lo que ha podido ser, sino por lo que es: algo para tener en cuenta.

Puntuación: 6/10 (Buena)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Vergonzosa la falta de investigación histórica. ¿son tan ignorantes que a los gauchos de finales del siglo XIX le hacen silbar la marcha de san lorenzo que fue escrita en la decada del siglo XX ?