domingo, 29 de abril de 2012

El romance del siglo.

El romance del siglo.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

“W.E.” es el nuevo trabajo de Madonna, la reina del pop, un drama histórico que trata en parte la situación amorosa de quien fuera por un breve tiempo el Rey Eduardo VIII de Inglaterra con Wallis Simpson. Cuando empecé a verla, se me vino a la cabeza “María Antonieta”, de Sofía Coppola. Dos dramas biográficos que se apoyan sobre los escenarios pomposos y la experiencia sensorial para sobornar al espectador tipo. Además, ambas trabajan acerca del difícil rol que debe desempeñar la mujer cercana a la política, sin estar del todo involucrada en ello. Son trabajos femeninos, sí, y por momentos feministas. Pero hay dos cosas que diferencian a una de la otra: por un lado, el hecho de que el propio argumento de “María Antonieta” justifique tanto ornamento; por el otro, el hecho de que Madonna no ha nacido siendo Sofía Coppola. Y eso cambia todo.

Comparar no está bueno, pero como digo crítica a crítica, a veces no se puede “no-hacerlo”. Porque después de todo, Madonna realiza un buen trabajo detrás de cámara, uno de los más jugados del año. El director debe marcar la estética, y el conjunto de rasgos técnicos/artísticos deben ser un reflejo del estilo del cineasta. Acá, nunca dejamos de ver a Madonna: en las escenas violentas, en los documentos políticos y en los malos diálogos. Tampoco en los vestuarios de época, que nunca son necesariamente de época, pero tampoco son del todo modernos. Y mucho menos en sus personajes, que tienen cierta “onda”, y son “cool”. “W.E.” gira alrededor de dos historias narradas como paralelas, pero que son continuidades. Wallis Simpson, y Wally, una mujer del presente bastante mal interpretada por Abbie Cornish, con grandes ambiciones (materiales) en la vida, que parece querer ser la heredera de lo que Simpson ha significado para el mundo. Se dice, “el romance del siglo”. No estoy muy seguro de eso, y tampoco de que la película lo confirme como tal. ¿Por qué la necesidad de incluir una segunda historia? Presumo que para dar la idea de “romance eterno”: que la pasión jamás muere, que hasta hoy despierta emociones. Pero el recorte de esta segunda historia (que muchos, quizá, acertarían en llamar “primera”) habría sido beneficioso para este drama: podría haber sido menos largo y menos intrascendente. Por lo tanto, diremos: “W.E.” se debate entre ser una oferta interesante para el público, y ser un chisme que todos fingiremos saber de antemano para no perder el tiempo. Al menos hasta la mitad de la película, donde se hace más atractiva; o hasta los minutos finales, donde se hace una anécdota insufrible.

Pero “W.E.” también está repleta de cosas buenas. Dejando de lado la excelente dirección artística y los sobresalientes diseños de vestuario: tenemos a Andrea Riseborough, una estrella, que ofrece una de las mejores actuaciones del año como Wallis Simpson. Se entrega al personaje, pese a sus ambigüedades (tiene un estilo muy americano, pero por momentos muy inglés), y lo supera. El intérprete está por sobre su personaje, algo muy atípico, que sólo sucede cuando el personaje está catastróficamente escrito. No es este el caso: es imperfecto, sí, pero es de lo mejor que nos regala el guión, escrito en parte por Madonna. Una narración que da demasiados saltos (en el tiempo y en el espacio), que se hunde en relatos poco profundos, que intentan reforzar golpes de alto dramatismo algo insípidos. Y entre otras cosas buenas, la música de Abel Korzeniowski, que se repite a sí mismo y nos entrega otro enorme trabajo (hay una pieza que se parece demasiado a “Daydreams”, de “Sólo un hombre”: se repite a sí mismo literalmente), y la dirección de una mujer muy informada, que se da el lujo de pasarle el trapo a su ex esposo. Cosa que no es tan difícil.

Puntuación: 4/10 (Regular)

sábado, 28 de abril de 2012

El ciudadano.

Citizen Kane.

Crítica.

“El ciudadano” es la película que compara la abundancia material con el vacío existencial, que compara una forma de hacer cine con una más innovadora y radical, estudia cómo muchos grandes emprendedores pueden irse de este mundo sin dejar la marca que los identifica como hombres, es decir, que sea extensión de la esencia de los mismos. Y además, es para muchos críticos de cine la mejor película americana de la historia del cine. Orson Welles, un cineasta naciente como el sol, un multifacético en potencia, entrega este drama humano que puede tener miles de defectos, o para otros ninguno, pero que es indiscutiblemente colosal, monumental, imponente. Y de ahí, que el mundo la haya consagrado como el clásico que es, “clásico de clásicos” para muchos, por redefinir una forma de hacer cine (que para mí no es parámetro que sea útil, sino vean el caso de “Avatar”), pero también por redefinir una forma de narrar una historia. Charles Foster Kane, el personaje protagónico, se vuelve un mito emblemático, y todo se debe al proceso de introspección a modo de rompecabezas, que intencionalmente (presumo) aparece en una “escena muy significativa, para darle una significación aún más impactante”. Dudo que el rompecabezas sea accidental.

Reconozco su grandeza cuadro a cuadro, emplea algunos recursos muy buenos, pero me fascina su “autopsia”. Es decir, abrir transversalmente al hombre e intentar extraer de él su alma, aquello que guarda en su otra vida, en su verdadera vida. El periodismo discute sobre “modos”, y se debate la posibilidad de dedicarse a entender quién ha sido el tal Kane a partir de sus últimas palabras. Precipitado pensar que una última palabra pueda definir una vida entera, pero después de ver la película, muchos podremos creer que sí, que tan enorme vida (que no ha sido tan grande después de todo) puede sintetizarse en una sola palabra. Y la película comienza a andar por esos senderos espirituales, donde intenta estudiar el alma de Kane a partir de testimonios y cuestionamientos. Pero, ¿realmente dedica plenamente su tiempo a estudiar quién ha sido? Más allá de que el trabajo indefectiblemente define a la persona, “El ciudadano” nunca esquiva a la posibilidad de ahondar en el hombre público, que es una mentira (o una verdad en su mentira) cuyas características (hombre famoso, hombre rico) son enfatizadas innumerables veces hasta el cansancio.

Entrega absoluta de Welles en todos sus roles durante la producción de esta revolucionaria cinta, principalmente en la actuación y la dirección. La Academia no ha sido justa con “la película número uno” por dos motivos: a) dándole 1 premio sobre 9 nominaciones; y b) dándole no el que menos merece, sino negándole aquellos que ha merecido mucho más. Tengo la impresión de que una palabra que marca la historia del cine, o frases con un humor inteligente, a veces no están a la altura de un trabajo prodigioso (aunque algo extenso) como éste. De todos modos insisto, en materia y espíritu, en figura y fondo, en forma y extensión, es una gran película. ¿El clásico del cine? Lo dejo a su criterio.

Puntuación: 7/10 (Notable)

lunes, 9 de abril de 2012

La fée.

La fée.

Crítica.

Después de la escandalosa comedia “Rumba” llega “El hada”, lo más reciente de los siempre interesantes Fiona Gordon, Bruno Romy y Dominique Abel. Con un estilo bastante similar (el del “blooper”), narra la historia de un conserje cuya vida da un vuelco cuando se cruza en su camino una particular mujer que dice ser un hada. Él se enamora casi de inmediato, y cuando desaparece, la busca. Es la lucha de dos inadaptados por encontrarse y encajar, entre ellos y en el mundo. Repleta de una luminosidad penetrante, un carisma innegable de los actores/directores y una extraña belleza en las exageraciones, esta coproducción entre Bélgica y Francia es una alternativa a las comedias de siempre: con situaciones de locura ilimitada, de risa asegurada y un final raro pero complaciente. No es para dejarla pasar, aunque tampoco para morir por ella: es todos los adjetivos que se le puedan atribuir a una comedia ingenua, aunque sin las exageraciones que su argumento propone.

Es difícil juzgarla después de “Rumba”, pues las comparaciones son casi inevitables. Y el problema de “El hada” es que la anterior es mejor. Hay cierta repetición en la forma del humor, aunque no es constante; también hay menos gracia y menos humor negro; una mayor duración que incuestionablemente la perjudica. Pero, dado su evidente bajo costo y el gran corazón (uno intuye que deben divertirse mucho en el rodaje), uno acaba considerándola una tierna obra menor. De esas como “Bagdad café”, que son chiquitas y te alegran inmensamente. Para un domingo a la tarde, tal vez, pero que seguramente será un gran domingo.

Mención aparte merece Fiona Gordon. Sin lugar a dudas es quien se lleva los mejores momentos. Ya sea por las situaciones que atraviesa su personaje (hay una escena con píldoras que te hace reír hasta el final de la película), por su gracia o por sus expresiones faciales y corporales, hace de su personaje algo inolvidable. Aunque el elenco, que no es demasiado numeroso, hace bien su trabajo. Logran que uno digiera esta comedia con una sonrisa, y que se ría de sí mismo, de la especie humana y también de las hadas. El mensaje no es demasiado alentador, en cierto modo, pues es similar al de “El ilusionista” de Chomet, pero la película sí. Una explosión de alegría en esta talentosa obra de tres directores que, con el tiempo, seguramente hallarán su lugar en el cine reconocido, y no en el invisible. Por el momento, para que la disfruten los que saben buscar…

Puntuación: 6/10 (Buena)

domingo, 8 de abril de 2012

Shame.

Shame.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Estoy concluyendo: Steve McQueen es un buen director, pero no me gusta. Una visión precipitada, basándome en tan sólo dos películas suyas: “Hunger” y “Shame”, que exploran dos de las características principales del ser humano. Pero esa obsesión por la estética, que tanto me recuerda a Tom Ford (aunque el mundo de Ford es más prolijo, menos caótico que el de McQueen), le resta al mensaje. La preocupación de este cineasta por entregar una obra limpia, acaba por perjudicarlo en el discurso narrativo: después de todo, es una historia que nace y muere ahí, en la proyección. Puede quedar revoloteando alguna sensación de morbo o impresión, ternura o repulsión, pero son sensaciones pasajeras. A mí, al menos, no me ha dejado pensando en nada. Mucho menos, he pensado en qué quiere decirnos el cineasta: todo está plasmado ahí, en el patetismo, en el flagelo, en lo que se ve, en lo que se siente, sin tapujos. Una obra estática y estética.

“Shame” se sostiene sobre varias bases: algunas ofrecen un mejor sostén que otras, pero logran sacar la idea adelante. La primera, es Michael Fassbender. Es un personaje escrito a la perfección, donde la evolución es clara: vive sin límites de sus vicios (de ahí, la desnudez absoluta del inicio en contraposición con las bufandas y el abrigo), hasta una llegada que corta esa costumbre: debe aprender a controlarse, y además de eso, a acostumbrarse a controlarse. Hay un desequilibrio que, yéndonos lejos, se ve en el personaje del mayor en “El árbol de la vida”: esa sensación de libre albedrío, que puede jugarnos en contra y hacernos herir a las personas. Y yéndonos cerca, está presente en el personaje de Carey Mulligan, la segunda base (fuerte) sobre la que se apoya la película: la interpretación más osada de su carrera, aunque quizá no la mejor. Ella se sacrifica escena a escena, y muestra un personaje complejo, sutilmente trabajado (no es tan explícito: tiene actitudes que nos hacen pensar), intenso y visceral. Su necesidad de interacción es la misma que tiene él, pero manifestada de forma distinta: son polos opuestos en ese sentido. Él, lleva al extremo su necesidad, aunque en el fondo es un solitario, oculto detrás de su coraza. Ella, es una solitaria que sufre de afuera hacia adentro. Y sin dudas sufre mucho.

Fassbender (o Brandon, su personaje) es una criatura repulsiva, como Toru Watanabe (el ya mítico personaje de Haruki Murakami en “Tokio Blues”), que vive del sexo en la melancolía de la ciudad, que acá bien puede llamarse “New York Blues” (aunque él sí vive en ella). Y va más allá de lo que hace en la cama: su modo de relacionarse con las personas es siempre agresivo, y está muy bien logrado. Puede sonar tonto decir que Brandon “se desnuda ante la cámara” por dos motivos: en primer lugar, porque lo hace de forma literal constantemente, ya todos lo saben; en segundo lugar, porque no lo hace espiritualmente. Es alguien cerrado, y punto. Sí se entrega en cuerpo y alma el actor que lo interpreta, que es magnífico. Su actuación duele tanto como la de Mulligan, y el talento de ambos hace más amena una cinta, de por sí, bastante insoportable. La música y los espacios cerrados ayudan a crear una atmósfera que su director nos queda debiendo. Tanto recurso estilístico impide que nos asfixiemos con la historia, y más allá de algún giro sobre el final (que ni siquiera es lo retorcido que uno puede esperarse; de hecho, es algo estúpido), no nos perturba demasiado. “Shame” está servida para gozarla o sufrirla durante una hora y media, para palpar esa mezcla de belleza y espanto y, finalmente, para admirar el talento de quienes dan la cara. Por algo la dan, después de todo.

Puntuación: 6/10 (Buena)

sábado, 7 de abril de 2012

Monsieur Lazhar.

Monsieur Lazhar.

Trailer subtitulado al inglés.

Crítica.

Y seguimos con películas sobre el sistema educativo, aunque probablemente Canadá y su nominada al Oscar “Monsieur Lazhar” analice más allá de las marcas en los pupitres, el reflejo del sol a través de la ventana y la relación siempre cuestionada entre educador y alumno. Como en “Detachment”, recientemente criticada en el sitio, habla de situaciones que nos marcan, ya sea como educadores o como alumnos. En este caso, la situación es la muerte, y el modo en que nos toca. Así, tanto un profesor con un pasado neblinoso, como alumnos con la carga emocional de una docente que se ha ahorcado enfrente de ellos, intentan salir adelante como pueden y comprenderse mutuamente (y les cuesta, pues están adiestrados de maneras distintas: ellos como una sociedad que se ayuda constantemente, y él que trabaja fomentando, en cierto modo, el individualismo). Luego está el sistema, que condena cualquier mecanismo fuera de lo tradicional, y que de alguna manera se contrapone a todo lo emocional: intenta evadir un tema cuando, a juicio de los personajes, el mejor modo de superarlo es hablando de ello, estudiándolo a fondo, haciéndose cargo.

El planteo es delicioso, hay un gran trabajo de dirección a cargo de Philippe Falardeau, una estupenda labor interpretativa de Émilien Néron y Sophie Nélisse, pero falta algo. Es tan interesante la trama y el modo en que está trabajada, que deja ganas de más. La cámara no se sumerge en ningún cuestionamiento, y llegado el final, uno quiere explorar más emociones, quiere oír más voces, quiere sacarle más jugo a un asunto suculento, pero nunca lo consigue. Por momentos, se demuestra una gran preocupación por hacerla agradable a la vista (escenarios bien montados, manejo prolijo de la cámara, narrativa sencilla: casi una película estadounidense) y no tanto por convertirla en una gran historia. Y ojo, creo que es una buena historia, pero quedan territorios sin explorar. Y a la larga, acaba costándole demasiado.

De cualquier forma, no puedo hacer otra cosa que recomendarla. Tiene momentos bastante intensos, sobre el final, y una fábula hermosa que resume una obra devorada por su propio intento de abarcarlo todo, aunque sin abarcar nada. Es imposible resistirse a un drama entre los muros, que difícilmente sea poco interesante (creo que Hilary Swank puede contradecirme en esto, porque tiene experiencia), y que encima de todo es vistosísimo. El estilo acompaña, probablemente sume para muchos, o reste para otros. Pero sin lugar a dudas es la tarjeta de identificación de la película: el estilo sobre todas las cosas.

Puntuación: 5/10 (Floja)

viernes, 6 de abril de 2012

Les géants.

Les géants.

Trailer en su versión original.

Crítica.

La verdad, este año he tenido el placer de ver más cine belga que en cualquier otro año. Supongo que se debe a la coincidencia entre el estreno de una película de los hermanos Dardenne, la nominación al Oscar de “Bullhead” y el triunfo europeo de “Les géants”. Y reconozco que mis experiencias con las tres son desparejas, algunas me han dejado mucho más frío que otras, pero en definitiva siempre he intentado extraer de ellas lo positivo. La imaginación de una, la dolorosa bofetada que te da la otra, pero me cuesta destacar algo de la tercera. Y no porque sea mala (al contrario, es sorprendentemente buena), sino porque todas sus virtudes están alineadas, a un mismo nivel: no hay cosas excelentes que hacen que un director no esté atento a otras más flojas. Parece que la perspectiva del cineasta, Bouli Lanners, es lo suficientemente abarcativa como para ofrecernos una obra suficiente en todo sentido: cerrada, amarga, por momentos sobrecogedora, por momentos reflexiva.

“Les géants” narra la historia de tres jóvenes, que no superan los quince años, y que ante la ausencia de sus padres (trabajan, viajan) intentan “remarla” solos. Hay una imagen que sintetiza el mensaje: un joven le pregunta a otro cómo ha aprendido a remar, y éste le contesta que ha aprendido solo. Estos “gigantes” deben rebuscársela para ser sus propios padres, para contenerse a sí mismos, para equivocarse y pensar cómo hacer las cosas bien. Un entramado durísimo sobre la madurez, con situaciones bastante buenas (no demasiado retorcidas, ni complejas) que cubren un escueto metraje que, comento anecdóticamente y no porque realmente interese, no excede los 75 minutos de duración. Aún así, es lo suficientemente buena como para encerrar en ellos todo lo que quiere decir, sin quedarse con palabras en la boca. No ayuda, quizá, que los tres jóvenes protagonistas no sean demasiado talentosos, pero aún así sirven como un sostén básico de la película, que no la perjudica en nada.

Sí la engrandece el talento de Gwen Berrou, quien en pocas escenas te mira fijamente y te deja atónito. Le bastan unas pocas escenas para lucirse, como (para mencionar a alguien) Jacki Weaver en “Animal kingdom”: atroz, desesperante, hipnótica. Cierra un drama notable, con escenas antológicas (aunque algunas estén medio traídas de los pelos, como la del picante, o la persecución de la policía al principio) y un final magnífico, poderoso, sobre el mayor derecho de todo ser humano. No sé si “Les géants” le hace honor al título, pero estoy convencido que es lo suficientemente grande como para ver y disfrutar.

Puntuación: 7/10 (Notable)

miércoles, 4 de abril de 2012

Dormir al sol.

Dormir al sol.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Y estamos quienes adoramos a Adolfo Bioy Casares, que no somos pocos. Los que nos entusiasmamos con sus historias, los que admiramos cada uno de sus detalles. La complejidad va más allá de un argumento, y está dada como en los grandes autores en la forma de narrar. A simple vista, sencilla; pero si uno empieza a cavar, encontrará grandes sorpresas. Por eso, siempre que se adaptan obras de grandes autores, uno empieza a temer. No importa que los acontecimientos sean los mismos (después de todo, la mejor película de la historia del cine termina un capítulo antes que su libro), sino que se respete el tono y el modo. Lo que significa, que una película (a la que podemos categorizar como comedia dramática) como “Dormir al sol” debe ser contada de manera minuciosa y lenta, para que el espectador sienta comodidad en los detalles, pero incomodidad en la tensión sostenida. Y luego se deje llevar por las emociones del final. La primera parte de la prueba está superada: la adaptación sabe elegir las rutas más convenientes para contar su historia, que en un principio casi parece un cuento de hadas (un parque que parece sacado de un sueño, unas casitas antiguas, gente amable), pero que luego va tornándose más negro: cuando el hombre toca al mundo inmaculado, deja su carga negativa, su huella oscura y tiránica.

“Dormir al sol” comienza distinta a cualquier otra película, o a cualquier otra obra literaria (tal vez comparta con las películas su lento inicio, rápidamente superado). Y tiene un trasfondo romántico único, bastante propio de Bioy: es un romance oculto en el tejido de la ciencia ficción y la fantasía, es la cereza que modifica lo cotidiano, que no omite en narrar su introducción, de forma gráfica y sencilla. Es la prolongación de “La invención de Morel”, la realización (concreta) de aquel acto piadoso, pero encarnado en otros personajes. Poniendo las cosas en su lugar está Alejandro Chomski, un “nombre sin renombre”, desgraciadamente, que enseña a los cineastas cómo hacer las cosas bien. Él las hace, y al parecer, sin demasiada dificultad. Sabe manejar los ambientes, y quien sigue este blog sabe que es una de las cosas esenciales que exijo (no pido) de una película. Es agradable y maravilloso ese clima, absorbente a la larga, y finalmente aterrador. Deja una sensación de vacío, pero en ningún momento de impotencia. Nos invade, con su discurso melancólico, con el creíble de dolor de un Lucio Bordenave (grandioso Machín) que, entre otras cosas, nos enseña muy atinadamente que los relojes detenidos causan una muy mala impresión. Y uno no se da cuenta que a veces, cuando un producto es estático (no viaja a través nuestro), también puede causar mala impresión. No es el caso de “Dormir al sol”, una tragicomedia imperfecta pero muy recomendable. Para verla junto a “El gato desaparece”, dos trabajos que ahondan en la psicología del ser humano y nos poseen de pies a cabeza.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)

martes, 3 de abril de 2012

Los juegos del hambre.

The hunger games.

Crítica.

Cuando un trabajo que arde y duele como una bola de fuego gigante a una velocidad infinita, está acompañado además por una buena inversión millonaria bien devuelta por el público, estamos frente a una de las películas del año. Puede gustar, o no, pero tiene a la crítica y al público de su lado. Quizá no un apoyo unánime ni fuerte, pero el necesario para no ser una “adaptación literaria multimillonaria” más, sino un trabajo meditado y logrado. Me uno a ambos grupos, a la crítica y al público. La disfruto en ambos roles, que aunque no parezca, suelen ser muy distintos. Y anticipo desde ya: “Los juegos del hambre” acabará siendo un éxito en todo sentido. El despliegue artístico es superior a prácticamente cualquier otro trabajo presentado durante el año 2011, lo que da una visión (ojo, es algo precipitado pensar en esto) de que el 2012 se viene con todo. Grandes megaproducciones que calarán hondo, y ésta ha de ser la primera que llega sana y salva. Una producción poderosa.

Con un elenco que reúne a grandes estrellas del cine, como Jennifer Lawrence (Lazos de sangre), Josh Hutcherson (Mi familia), Toby Jones (Infame), Donald Sutherland (Orgullo y prejuicio), Woody Harrelson (Larry Flynt), “Los juegos del hambre” adapta la novela homónima de Suzanne Collins con una trama bastante interesante, una distopía sobre el mundo dentro de un siglo (se me ocurre compararla con “La antena”, aunque si mal no recuerdo, no hay precisión temporal) donde la manipulación es un personaje más. El futuro nos trae un argumento llamativo: doce distritos envían anualmente a dos jóvenes para competir en un reality televisivo donde el objetivo es sobrevivir. De los veinticuatro participantes, solamente uno quedará vivo. Y para hacerlo, tendrán que realizar todo lo que esté a su alcance. Desde mentir, fingir, hasta matar (de hecho, échense abajo la idea de que el héroe tiene la conciencia limpia). En este sentido tiene cosas muy profundas, y sobre todo, muy actuales. El modo en que la televisión puede jugar con las vidas de las personas (a veces de forma extrema, como se ve en “La muerte en vivo”), y en que sus participantes se despojan de su propia personalidad para hacerse un lugar entre el público. Todo está pensado, ¡todo! (inclusive las cosas más insólitas), para imaginárnoslo como algo actual: una realidad que puede parecer engañosamente futurista a simple vista, que es un espejo de lo que sucede hoy.

Sin haber leído la novela, tengo la impresión de que es una gran adaptación. Dirige Gary Ross (responsable de la nominada al Oscar “Alma de héroes”), un hombre que en una década finalmente ha madurado / aprendido a dirigir. Acá hace un trabajo excelente, y es más que destacable. Luego, la música de James Newton Howard, la fotografía de Tom Stern y los impecables trabajos de vestuario y dirección artística (entre primitiva y futurista, una combinación que funciona) completan un panorama más que alentador para una saga naciente. Tiene algún giro molesto, casi infantil, pero mínimo y suficiente para irritar un poco. Le juega en contra, desde luego, y rebajan la emoción y la calidad del conjunto (aunque comprendo que sirve para solidificar el discurso). De mayor a menor, eso sí, aunque con una resolución inteligente, sutil, abierta a nuevas posibilidades que, dentro de lo previsible, pueden volverse alucinantes. Manipuladora o no, “Los juegos del hambre” nos hipnotiza, nos obliga a caer en la trampa. ¿Pero qué podemos hacer, cuando no hay cosas mejores? Señoras y señores, la primera gran película del año.

Puntuación: 7/10 (Notable)

lunes, 2 de abril de 2012

Detachment.

Detachment.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

“Detachment” vuelve a tomar como eje el sistema educativo americano, aunque va un poco más allá: estudia el modo en que una situación puede marcar la vida del que la atraviesa. Así, casi de inmediato, nos apegamos al discurso de Adrien Brody (el ganador del Oscar por “El pianista”) sobre las instituciones, la conducta adolescente (individual, colectiva) y el vínculo entre profesionales y estudiantes. En la forma, es lo más parecido a “Beginners”: con pequeñas animaciones representativas, aunque en general no logran otra cosa que entorpecer un ritmo de por sí bastante irregular (cosa que no sucede en la mencionada cinta de Mike Mills, donde estas animaciones sirven para complementar la historia). El uso es el mismo, pero no corren la misma suerte. En el texto, juega con la gravedad (porque todo es grave, muy grave…) de “Entre los muros”, el discursito de “Escritores de la libertad” y más o menos la historia de “Waiting for Superman”. El problema es que se parece demasiado a la segunda.

¿Por qué se parecen? Si vamos al caso, no es la misma historia. Pero las dos tienen una frialdad que hace de la película algo difícil de creer, todos los recursos se ven demasiado forzados, el cliché es protagonista absoluto de la obra, y demás. Por otro lado, se utiliza demasiado el que los alumnos provengan de barrios pobres, y sean, por lo general, bastante maleducados. Aunque nunca falta la luz, o el que no pertenece a ese lugar. Tópicos sacados de depósito, que no aportan absolutamente nada más que tedio. Pero “Detachment” tiene cosas buenas, que deben destacarse. Además de algún planteo interesante entre los muros del colegio, hay un plantel de estrellas que merecen ser destacados. De cabeza: James Caan y Lucy Liu, que con interpretaciones secundarias ganan mucho terreno a través de sus peculiares reacciones. Como personajes son bastante malos, pero están muy bien remados por dos grandes. Después, Bryan Cranston y Marcia Gay Harden, que se lucen cada vez que aparecen. Y finalmente, el dúo protagonista, conformado por Adrien Brody y Sami Gayle. Ambos explotan en sus tantas escenas, y logran asociar todas las virtudes, o la mayoría de ellas, a un género inesperado: el romance. Pocos imaginan, con semejante premisa, que “Detachment” pueda ser una gran cinta romántica. Y sin embargo, lo es. Ellos tienen química, buenos diálogos: el subgénero de la pareja explosiva esquiva caer en lugares comunes, y lo hace con gran profesionalismo. Tony Kaye encuentra el refugio para no convertir su historia en un fracaso. Y esperemos que deje la grandilocuencia de lado, que para eso están los grandes.

Puntuación: 5/10 (Floja)

domingo, 1 de abril de 2012

El mal del sueño.

Schlafkrankheit.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

“El mal del sueño” es uno de los dramas más tristes estrenados durante el 2011. Con el Oso de Plata al mejor director en el prestigioso Festival de Berlín (premio que recibió Ulrich Köhler), narra la historia de un hombre que se ha desconectado de su tierra para meterse de lleno en su trabajo a varios cientos de kilómetros de su dulce hogar. Esto incluye abandonar a su familia, y ante todo, abandonarse a sí mismo. La metamorfosis del personaje principal es sorprendente, pero chocante a la vez. Y gran parte del golpe que te da esta gran película tiene que ver con esta evolución, o involución, plasmada con sutileza magistral por el intérprete francés Pierre Bokma. Desde un inicio oscuro, pero feliz, hasta un final luminoso pero agresivo, todos los matices de la compleja historia nos dan un pantallazo de la vida misma, con las manos del destino temblando, ancianas pero fuertes, y nos meten de lleno a nosotros en el mal del sueño, es decir, nos hacen poseer al protagonista en su pensar y en su hacer, nos hacen ser él por una hora y media, nos hacen tomar el control de un barco que se hunde.

Hay un gran manejo de los paisajes, algunas escenas son espeluznantes, otras exquisitas, pero en conjunto muy bien hechas. Jamás me he encontrado con película similar, quizá sí en el abordaje de la temática (por el tema de la medicina), pero nunca con una que se aproxime en su puesta en escena. Son varias historias cruzadas más allá del horizonte, y Köhler sabe manejar muy bien la situación, con maestría, con esmero, con mucha atención en los detalles. Si “El mal del sueño” tiene un punto débil, estará más vinculado con el cuento que con la puesta en escena. El guión cuenta demasiado en poco tiempo, y da algún que otro salto de tiempo y espacio que es difícil de seguir, por momentos. Llega un punto (y aclaro cuál: la aparición del segundo protagonista, el hombre que va a estudiar cómo se está tratando el mal del sueño en los institutos médicos de África), en el que estamos más preocupados en entender las escenas previas, que en entender qué está haciendo este nuevo personaje. Luego atamos cabos, y nos dejamos llevar por ese final, que entra en la lista de los mejores del año. Por lo ridículo, pero también por lo impactante. Los últimos veinte minutos, entre árboles, disparos, animales y malos humores, parecen un extracto de una obra maestra. Puede no seguir el ritmo del resto, pero sin lugar a dudas convence. Y uno no hace más que admirar la imaginación del guionista, el talento del director, que son la misma persona: y merece los elogios por combinar tan bien estos peligrosos factores en un producto osado y satisfactorio.

Puntuación: 6/10 (Buena)