miércoles, 4 de abril de 2012

Dormir al sol.

Dormir al sol.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Y estamos quienes adoramos a Adolfo Bioy Casares, que no somos pocos. Los que nos entusiasmamos con sus historias, los que admiramos cada uno de sus detalles. La complejidad va más allá de un argumento, y está dada como en los grandes autores en la forma de narrar. A simple vista, sencilla; pero si uno empieza a cavar, encontrará grandes sorpresas. Por eso, siempre que se adaptan obras de grandes autores, uno empieza a temer. No importa que los acontecimientos sean los mismos (después de todo, la mejor película de la historia del cine termina un capítulo antes que su libro), sino que se respete el tono y el modo. Lo que significa, que una película (a la que podemos categorizar como comedia dramática) como “Dormir al sol” debe ser contada de manera minuciosa y lenta, para que el espectador sienta comodidad en los detalles, pero incomodidad en la tensión sostenida. Y luego se deje llevar por las emociones del final. La primera parte de la prueba está superada: la adaptación sabe elegir las rutas más convenientes para contar su historia, que en un principio casi parece un cuento de hadas (un parque que parece sacado de un sueño, unas casitas antiguas, gente amable), pero que luego va tornándose más negro: cuando el hombre toca al mundo inmaculado, deja su carga negativa, su huella oscura y tiránica.

“Dormir al sol” comienza distinta a cualquier otra película, o a cualquier otra obra literaria (tal vez comparta con las películas su lento inicio, rápidamente superado). Y tiene un trasfondo romántico único, bastante propio de Bioy: es un romance oculto en el tejido de la ciencia ficción y la fantasía, es la cereza que modifica lo cotidiano, que no omite en narrar su introducción, de forma gráfica y sencilla. Es la prolongación de “La invención de Morel”, la realización (concreta) de aquel acto piadoso, pero encarnado en otros personajes. Poniendo las cosas en su lugar está Alejandro Chomski, un “nombre sin renombre”, desgraciadamente, que enseña a los cineastas cómo hacer las cosas bien. Él las hace, y al parecer, sin demasiada dificultad. Sabe manejar los ambientes, y quien sigue este blog sabe que es una de las cosas esenciales que exijo (no pido) de una película. Es agradable y maravilloso ese clima, absorbente a la larga, y finalmente aterrador. Deja una sensación de vacío, pero en ningún momento de impotencia. Nos invade, con su discurso melancólico, con el creíble de dolor de un Lucio Bordenave (grandioso Machín) que, entre otras cosas, nos enseña muy atinadamente que los relojes detenidos causan una muy mala impresión. Y uno no se da cuenta que a veces, cuando un producto es estático (no viaja a través nuestro), también puede causar mala impresión. No es el caso de “Dormir al sol”, una tragicomedia imperfecta pero muy recomendable. Para verla junto a “El gato desaparece”, dos trabajos que ahondan en la psicología del ser humano y nos poseen de pies a cabeza.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)

1 comentario:

Dialoguista dijo...

Ah, la voy a ver!!! El gato desaparece me gustó hasta ahí, veremos esta que de entrada ya pinta mucho mejor. Muy lindo como la describís :)