martes, 22 de mayo de 2012

L'apollonide - Souvenirs de la mansion close.

L’apollonide – Souvenirs de la mansion close.

Crítica.

Estamos frente a la mejor película de Bertrand Bonello. Y posiblemente a una de las mejores que se hayan hecho con el tema de la prostitución de fondo, por supuesto bajo “Belle de jour” de Buñuel. Es una tragedia diaria, una condena, pero también una elección, un deseo o una necesidad. No necesariamente una esclavitud, como se lo suele tratar en la mayoría de los casos. Acá, no se victimiza a la trabajadora por lo que hace, sí quizá por lo que le pasa, que no siempre es agradable. “L’apollonide” centra la acción alrededor del cambio de siglo, haciendo referencia directa a esa idea de que “cambia el siglo, cambian las costumbres”, cuando claramente las estructuran son las mismas, y no cambiarán en simultáneo con los calendarios anuales. Por eso, deja esa sensación amarga cuando, reflexionamos en frío, tomamos conciencia de que la realidad ha atravesado otro cambio de siglo más (y de milenio, sí), y sin embargo la mujer sigue siendo maltratada en su ámbito laboral.

Bonello utiliza algunas herramientas… Por un lado, todo lo estético, que es majestuoso: una estupenda ambientación del lupanar, impecables diseños de vestuario y una elegancia exquisita (pues, a diferencia de la actualidad, la renta es cosa de ricos), dentro de la oscuridad apabullante de L’apollonide, solamente interrumpida por dos momentos de claridad y liberación. Por otro lado, es consciente (como muchos de los que han pasado por el Festival de Cannes el año pasado, incluyendo a los malos) de que una imagen vale más que mil palabras. Y las usa, aún siendo exageradas, repugnantes y desagradables. Porque es lo que hace de una película chiquita, algo más memorable. Se concentra en lo visual, en las impresiones y en nuestro enfoque perceptivo, y se adueña de un estilo muy personal, que puede compararse con el que le da Giuseppe Tornatore a “La desconocida”, a la que tengo de referente cuando quiero pensar en algo aterrador, enfermizo y electrizante.

Tiene algunas cosas que le juegan en contra. Por ejemplo, que el cambio de siglo sea tan repentino (no terminamos de acostumbrarnos en veinte minutos). Hay un manejo de los tiempos que claramente la perjudica. En dos horas, puede perder la intensidad, el caudal de su discurso y la emoción. Y por otro lado, el mostrarnos a los personajes como una unidad de trabajadoras organizadas, y no como mujeres con problemas. Recién sobre el final, comenzamos a “individualizarlas”, a pensar por encima en la tragedia íntima de cada una. Pues hay historias muy interesantes (y apenas hay una aproximación a una de ellas: “la guasona”) y algunas no son profundizadas como corresponde. De todas maneras, lo bueno le gana a lo malo. Con sólo ver los créditos iniciales sabrán de lo que hablo.

Puntuación: 6/10 (Buena)