sábado, 5 de mayo de 2012

Pie de página.

הערת שוליים

Trailer subtitulado al español.

Cuando uno está enamorado, la gente acostumbra a relacionarlo con un cosquilleo en el estómago. No sé bien cuál es el primer síntoma del atontamiento, de la admiración absoluta, del máximo placer, pero siempre pienso que puede llegar a ser la sonrisa incontrolable, la que no se borra, la que permanece pegada al rostro, o tallada en él. Y con “Pie de página” no he podido sacarme esa sonrisa de encima. No porque sea una comedia (que, por otro lado, pienso que lo es), sino porque tiene un espíritu aventurero, nunca menos atrevido que una película sobre judaísmo que debe llegar a convencer al mundo entero. Y llama poderosamente la atención, desde ese planteo informal a la hora de contar la historia (que da enormes saltos de tiempo pero casi siempre de manera lineal) hasta el carisma de dos personajes que el prejuicio del espectador tipo (o aún del más especializado) puede llegar a considerarlos “rígidos, estructurados, ortodoxos”. Que lo son, de cierto modo. Pero no representan “estereotipos”, sino por el contrario, deformaciones algo caricaturescas de estas criaturas, universales como lo es la poco explorada relación entre padre e hijo varón.

Joseph Cedar se entrega al mundo. Se sale de su lugar de intelectual e informado, ocupado hace unos cinco años con “Beaufort”, y hace algo mucho más fluido, como un ensayo de “lo que podría ser” contado como el contrapunto entre padre e hijo diferentes, pertenecientes a escuelas de investigación opuestas (aunque se lo niegue) y de un carácter totalmente distinto. Se toma unos cuantos minutos para presentarnos a ambos (aunque cabe aclarar que el inicio, quizá por el impacto de la forma, no es tan verosímil como debe, ni es lo más destacable de “Pie de página”), con una primera escena que convence (quizá el verbo suene pobre: nos atrapa, nos obliga a quedarnos mirando), y luego la situación, el “conflicto”, un problema (con todos los pequeños problemas que derivan de él) que parece sacado de una comedia de los hermanos Coen. Llegada la mitad de la película, nos encontramos con un dilema que acabará influyendo en el ya tenso vínculo entre los protagonistas. ¿Hacer el pozo más profundo o cubrirlo de tierra?, o en otras palabras, ¿seguir la corriente o clarificar las cosas? Quienes conocen el cine de los Coen, y espero poder decir en unos años “el cine de Cedar”, saben cuál es la respuesta. Y como siempre, el caos se multiplica de la forma más divertida, pero que nunca esquiva a la reflexión y, por qué no, al drama.

Sobre el orgullo, la envidia, las buenas acciones y las malas, la no correspondencia de un amor que debe ser obligación (algo así sucede en “Tenemos que hablar de Kevin”, aunque siendo más trágica, es también más optimista al respecto) y el egoísmo. No me puedo sacar de la cabeza el plano final, como tampoco puedo sacarme de la cabeza el resto de la película. Es una oferta distinta, agradable para todos los públicos, “bajada a tierra” si se quiere. Tiene un guión excelente, un montaje perfecto y unas interpretaciones monstruosas. La música, la dirección y el argumento son para celebrarlos, en una película que invita a pensar. No sé bien cuánto dura, pero dure lo que dure… son minutos que pasan volando. No hace demasiadas horas que la vi, y estoy desesperado por volver a verla.

Puntuación: 9/10 (Excelente)

2 comentarios:

Dialoguista dijo...

Y te enamoro la peli!!! Que lindo cuando eso pasa :)
Es una de las que tengo ganas de ver, pero ahora más ;)
Genial reseña, adoro leer cuando escriben fascinados con una película, es ver fluir ese amor por el cine. Genial!!!

Álter alma dijo...

Después de semejante reseña hay que verla si o sí...
Gracias, saludo.