viernes, 11 de mayo de 2012

This must be the place.

This must be the place.

Fragmento subtitulado al italiano.

Crítica.

Paolo Sorrentino, el director de la también muy buena “Il Divo”, no es una de esas personas a las que deba tomárselas en serio. Algo similar sucede con Nanni Moretti: son críticos muy afilados del mundo, y generalmente utilizan medios estructurados (el Parlamento, el Vaticano) para contarnos el “detrás de escena” de las grandes instituciones o personalidades del mundo. En este caso nos trae “This must be the place”, la historia de un cantante ficticio llamado Cheyenne, resignado de la vida y del arte, la mayoría del tiempo confinado en su mansión con su esposa, sin motivos para vivir, y mostrándose al mundo bajo unas cuantas capas de maquillaje. Las cosas cambian cuando se embarca en la búsqueda del hombre que ha humillado a su padre, recientemente fallecido, y con quien no se ha hablado en treinta años. En el viaje se cruzará con varios personajes que le mostrarán de alguna forma la vida real, pero en otras facetas, serán espejos de su propia personalidad. Es un doble viaje: de venganza, por un lado, pero también de reencuentro consigo mismo. Una “road movie”, podemos llegar a decir, aunque para serlo debemos acordar que es bastante clásica, simple en su propuesta, y no todo lo atrevida que puede atribuírsele al no ser una road movie.

¿Y qué decir? Es una comedia dramática extrañísima, por un lado muy sensible, pero por otro lado muy fría. Logra la mezcla perfecta de sentimentalismo y sequedad sin ningún tipo de desborde, con momentos únicos (como la interpretación post-debate de la canción “This must be the place”) y con una resolución demasiado repentina pero muy buena, que no acaba de cerrar del todo historias secundarias, aunque cierra de una manera muy inteligente (que otros llamarán previsible, aunque no ha sido así en mi caso), la trama principal, la de Cheyenne. También habla de los miedos y de las inseguridades, que en algún momento hay que enfrentarlas para salir adelante. Ahí es, quizá, cuando se pone más pegajosa. Aunque insisto, no demasiado.

Es una película políticamente incorrecta, desde luego, muy particular en la forma de contarla (como siempre, preservando la naturaleza del estilo siempre estético de Sorrentino, nunca descuidado). Más allá de si Sean Penn realiza la mejor interpretación de su carrera o no, su personificación alcanza excelentes resultados. Después de todo, no es una transformación demasiado grande (como la de, por ejemplo, Glenn Close como Albert Nobbs), y sin embargo tiene un alcance increíble gracias al talento incuestionable de uno de los mejores actores vivos. Su interpretación es sobresaliente. Logra hacerme sonreír durante dos horas, de no sentir compasión por él, sino una enorme simpatía. Es la actuación que merecemos como espectadores cuando vamos a ver una película con un actor de esta talla.

Puntuación: 7/10 (Notable)

2 comentarios:

plared dijo...

Pues sinceramente, leyendo por ahi, pocas peliculas me suelen llamar la atencion.

En esta, con tan corta y acertada descripcion, pues lo has conseguido. Ya la estoy buscando. Cuidate

Manderly dijo...

Con ganas de verla porque Sean Penn es uno de los mejores actores del momento y el tema me llama la atención.
Todo el mundo habla bien de ella.
Saludos.