martes, 24 de julio de 2012

Batman Inicia.

Batman Begins.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Batman Inicia, desde que es pequeño, un largo viaje. Debe atravesar una serie de miedos que lo marcan, que lo definen, y resurgir de las sombras que han devorado su pasado. Inicia, con la ayuda de una serie de personajes más o menos carismáticos y llamativos que caen a escena como el agua de las cataratas, y sobre todas las cosas aprende. Si como crítico debo juzgar una trilogía, seré capaz de decir (sin someterla a ningún tipo de comparación, aunque sí estableciendo conexiones) que “Inicia” representa el prólogo de una obra maestra que inundará el mundo unos años después. Sin embargo, en sí sola, tarda demasiado tiempo en darle play a la acción (por fortuna, porque es el mejor tiempo) y cuando realmente inicia, se transforma en algo común, simple, sencillo.

Con un ejército de grandes actores, que no puedo dejar de nombrar (Michael Caine, Liam Neeson, Tom Wilkinson, Morgan Freeman, Gary Oldman, Christian Bale, Cillian Murphy), Batman se desprende en parte del arquetipo clásico, abre sus alas, y se echa a volar entre los edificios de Gotham City, en escenarios muy bien logrados. Nolan hace de este superhéroe un ícono del nuevo cine noir, que se consolidará siempre a futuro (nunca debemos olvidarnos que “Inicia” representa la preparación, la transformación, el entrenamiento), pero que momentáneamente deslumbra en sus apariciones. También convierte a Bruce Wayne en un ser conflictivo, reflexivo, fuerte e inteligente: las secuencias iniciales son imponentes, y los escenarios orientales alcanzan un poder estremecedor en las escenas donde la acción está presente. Sabe contar la historia, pese a que se la rebusca demasiado (en un momento lo hace a tres tiempos indeterminados), y es indudable que sale a flote. Seguramente resulte apasionante para los fanáticos, e interesante para el público normal.

Pero no todo es bueno en Gotham City, pese a esas similitudes con el mundo real que hacen del guión algo tan osado. Hay errores que terminan perjudicando los grandes alcances de análisis sociológicos como los que se rozan sobre el final (el miedo como arma de destrucción masiva). Hay serias contradicciones en torno al “miedo”, que es el eje de “Inicia”: es el mayor enemigo y debe combatirse, pero el protagonista lo usa para provocarlo (además de seguir el consejo de quienes le han enseñado que debe volverse “miedo” para superarlo). Es el mal que aqueja, pero es la herramienta que elige para hacer el bien. Suena raro, y más aún dentro de la obra. Por otra parte, esa historia medio dulce (no digamos “romántica”) no funciona en ningún momento, y perjudica al conjunto. No dejo de pensar en las impresiones generales: todo me resulta alargado, escandaloso, aparatoso, irregular. Pero por otra parte, me da las suficientes energías para esperar a ver una secuela con una calidad audiovisual semejante y un Bale aún mejor. Después de todo, pese a las fallas y a la falta de fuerza invertida, es producto decente y una vuelta de tuerca humanizadota al subgénero de superhéroes con una mirada oscura de uno de los cineastas que más han sabido “hacer temblar la tierra”: Christopher Nolan, que a su modo es un superhéroe con ganas de cambiar las cosas.

Puntuación: 5/10 (Floja)

sábado, 21 de julio de 2012

A Roma con amor.

To Rome with love.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Woody Allen vuelve a la gran pantalla, aunque es muy raro usar el verbo “volver” para este gran artista que, durante estos últimos treinta años, nos ha ofrecido al menos una película anual. Algo envidiable, considerando su edad, aunque normal considerando su capacidad para entender el mundo y para hacer cine. Artista indiscutido, que sabe de altibajos como sabe de nosotros, de nuestras reacciones y de nuestras identificaciones con otras reacciones, gran director, guionista y un muy interesante actor. Con Roma como telón de fondo, italiano como idioma principal (junto al inglés) y el amor como motor de cambio, esta nueva película sabe destacar lo mejor de este cine abocado al humor ácido e inteligente, sobreponiendo la comedia a la tragedia de personajes atormentados por la insatisfacción y la insuficiencia (como en “Medianoche en París”, para mencionar su más reciente labor), aunque sin escaparse demasiado del estilo. No se me ocurre obra suya más similar a esta última que “Medianoche..”, y quizá sólo por eso ya podemos contar con que “A Roma con amor” es una buena comedia. Principalmente porque se sostiene sobre las proyecciones a futuro (cuando en la anterior lo hacía mirando hacia el pasado), algo que se nota puntualmente en una de las cuatro historias que dan forma a la estructura narrativa, y sobre todas las cosas sobre el tiempo: hay un deseo de aprovechar las oportunidades y los personajes se enfrentan a decisiones que pueden marcar su destino, desde un sujeto que debe acostumbrarse a la vida de celebridad o enfrentarse a ella, pasando por un artista que no cree en sí mismo, por un hombre que debe elegir entre dos mujeres, hasta una mujer que se encierra en un baño a pensar si realmente quiere hacer a su esposo infiel acostándose con un famoso. Y esa idea de que, cuando el tiempo vuela y se ubica atrás nuestro, acaba siendo testigo de nuestro arrepentimiento.

Nuevamente Allen nos acerca una comedia más que interesante, totalmente light. Yo entiendo que no tenga esa magia tan característica de sus primeras películas, pero estamos en otra época, y los personajes también han cambiado: ahora miran hacia delante, son progresistas y creen en un mañana. Hay un enfoque más optimista, más abierto, en cada una de estas historias: no tanta presión moral, sino la flecha del corazón guiándolos a nuevos lugares. Y paradójicamente en Roma, mala elección creo yo, un lugar que hace turismo sobre ruinas. De todas formas, es un lindo medio para conocer Europa (a través de un director que construye historias en países que muchos de los espectadores mueren por conocer) y para aprovechar el tour. Sus personajes son interesantes, aunque es inevitable que en una trama desdoblada en cuatro algunos acaben resultándolo más que otros. Luego están sus actores, detrás de las caretas, ofreciéndonos en su mayoría un trabajo decente (desde un gran actor como Scamarcio, desaprovechadísimo, pasando por un Woody Allen siempre genial, y llegando a ese trío conformado por Baldwin/Page/Eisenberg, que parece anticipar una nueva generación en este cine brillante, ingenioso, que explota cada una de las líneas de un guión vivaz, sencillo, que difícilmente te haga atravesar un rato desagradable. Para escaparse un poco del mundo y presenciar un espectáculo, en mi opinión, muy sorprendente.

Puntuación: 7/10 (Notable)

lunes, 16 de julio de 2012

Paris, Texas.

Paris, Texas.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Wim Wenders, el veterano director alemán, ha alcanzado a tocar el cielo con una recordada y muy bella película llamada “Paris, Texas”, una especie de road-movie sobre el reencuentro y la redención que nos hace reconciliar con el cine y con la vida misma. Sí, tema trillado si los hay, pero logra convertirlo en algo bueno, no sé si decir original, pero en algo positivo para el espectador. A meses de que el cineasta haya ganado algunos premios con “Pina”, el documental sobre la coreógrafa Pina Bausch, critico esta película del año 1984 que tiene la capacidad de adaptarse a todas las épocas sin ser algo precisamente “viejo”; al contrario, logra estudiar los vínculos humanos, el sacrificio, la pérdida y el abandono, para crear una obra sensible con pocos personajes unidos por pura necesidad orgánica, sin atarse a un momento determinado de la historia. Cumple con la condición de “eternidad” que, insisto, deben tener todas las películas que se realizan, y que no tienen –creo yo- muchas de los trabajos que otros insisten en llamar obras maestras del cine más “antiguo”.

El argumento es sencillo: un hombre, tras cuatro años de ausencia, planea reincorporarse a la familia de su hijo, actualmente criado por sus tíos. Pero su plan, que consiste en atravesar la desértica frontera e intentar recomponer la relación con el joven de siete años, va más allá: tiene un fin compensatorio, el de devolverle aquello que le ha quitado. Se me ocurren dos enormes películas alemanas de los 80s que transcurren en el desierto centroamericano: una es ésta, y la otra es “Bagdad Café”. Dos trabajos que llenan de luz, pese a la inicial oscuridad de sus personajes. Porque la carta de presentación puede ser algo sombría, pero detrás de todo se esconden espíritus sensibles esperando ser descubiertos por los ojos del otro. Y así, durante casi dos horas y media, la película comienza a florecer. Tras una introducción que puede sonar algo aburrida, pero en el fondo intrigante, cuando el protagonista comienza a expresarse a través de las palabras, es ahí donde empieza también el sentimiento. En ese instante, es donde el espectador interviene en el juego emocional que propone un Wenders en su mejor forma, que va desde la intriga hasta el dolor, desde la compasión hasta el desapego, y principalmente en una hora de monólogos a través de un cristal, que son increíbles.

Parte del logro está dado por las actuaciones de sus dos protagonistas adultos, sin excluir la buena interpretación del niño: no puedo dejar de pensar en el sacrificio del personaje femenino, de todo lo que sugiere, todo el dolor acumulado y toda su impotencia. Si algo que ha marcado de “Paris, Texas” son sus lágrimas, su 5 de Noviembre y su comportamiento en el trabajo. También están los colores, que van marcando un estilo y nos van diciendo cosas, algo frente a lo que es conveniente estar más que atento. Y paralelamente está ese vínculo entre padre e hijo, que en un principio puede parecer algo tonto y artificial, pero que alcanza un nivel muy alto hacia el desenlace. Posiblemente sea uno de los nexos paternales más hermosos del cine moderno. La escena final cierra correctamente un drama prolijo de (auto) descubrimiento con cierta cobardía, aunque seguramente dé una sensación parecida a la satisfacción, al gozo.

Puntuación: 7/10 (Notable)

domingo, 15 de julio de 2012

The Truman show.

The Truman show.

Crítica.

Quien haya visto alguna vez esa obra maestra de la nueva ola de cine griego, “Colmillo”, y tenga una idea vaga del argumento de esta película de los 90s dirigida por Peter Weir, y protagonizada por Jim Carrey, podrá distinguir una especie de herencia de una respecto de la otra. Es que, dejando de lado aspectos superficiales de la trama de ambas, uno puede notar que los personajes de cada una están condenados a una tragedia inevitable: viven condicionados por una realidad ilusoria, por un muro que no sirve como separador de dos realidades, sino como límites de una única realidad, que es la única que vale la pena para ellos. Los muros como separadores solamente son útiles para quien observa desde afuera.

El cómico no se aleja de sus guiños clásicos, y me disculpo con todas las personas que puedan sentirse ofendidas al verme llamar “cómico” a su protagonista, y construye un sujeto algo tonto (cosa que no le debe costar demasiado trabajo) sobre el que gira este espectáculo, este reality televisivo donde una persona se descompone en miles y millones de dólares que circulan a través de las manos de los productores y responsables de una idea que, a priori, puede ser considerada algo perversa, pero que el mismo curso de los diálogos te permite replanteártelo. ¿Hasta qué punto es perverso vivir en un mundo donde se vive más tranquilo que en la realidad que nosotros conocemos? Hay una o dos frases que apuntan a eso, y que seguramente constituyan lo mejor de un guión en sí bastante bueno, original, que falla al explicar demasiadas veces ciertos puntos fundamentales que, creo yo, se sobreentienden. Lo que gana en innovador, lo pierde en reiteración.

La falta de compromiso que demuestra Carrey en relación a su personaje puede dar la impresión de que no entiende absolutamente nada de lo que hace, y que solamente responde a órdenes del director. No le da el tono justo a su títere, que acaba viéndose desajustado en relación al resto. Una lástima, considerando que en general, el elenco responde muy bien al guión. Ed Harris y puntualmente Laura Linney (esa actriz tan buena) son prueba de ello. Resta mucho a un planteo interesante e inteligente, con muchas falencias en noventa minutos que se hacen largos y repetitivos, y que se encargan lentamente de destruir las bases sobre las que se sostiene un edificio humano altamente trágico y, sobre todas las cosas, introspectivo. Y vuelvo a “Colmillo”, esa enorme película sobre seres con una idea del mundo equivocada: no está bueno comparar, pero no dejo de pensar en que el realismo y la atención en los detalles pueden marcar la diferencia. En el caso de Truman, son los motivos que la hacen menos de lo que podría haber sido con otras piezas sustituyendo las actuales.

Puntuación: 4/10 (Regular)

martes, 3 de julio de 2012

Puedes contar conmigo.

You can count on me.

Trailer en su versión original.

Crítica.

“Puedes contar conmigo” es una de esas películas de las que difícilmente puedas esperar algo grande, y finalmente te sorprende. Increíble que, dentro de los parámetros de un argumento chiquito, pueda llegar a ser tan grande. Y lo es. La cámara se infiltra en los espacios y da testimonio de lo que pasa: escucha y ve los conflictos internos de un hogar reconstruido de un día para el otro, con la llegada de un hermano, pero en crisis. Por momentos, tiene la conducta de un docudrama, pero nunca la forma: es ficción y de la buena, que uno reconoce como película independiente a cientos de kilómetros de distancia. La trama se enfoca en el regreso de Mark Ruffalo a su pueblo natal, donde ha crecido junto a su hermana, donde ha jugado a ser adolescente y donde le han contado sobre la muerte de sus padres en un accidente automovilístico. De un día para el otro, debe familiarizarse con su hermana, a quien da vida la estrella en ascenso Laura Linney (lo dice alguien que admira su crecimiento en la década posterior), y con su sobrino (un Rory Culkin medido, como no suelen serlo los intérpretes menores de edad).

Pueden destacarse muchísimas cosas buenas en este drama. Que es una gran película sobre el reencuentro y la reconciliación, que los dos actores tienen una química increíble y que juntos hacen que la pantalla estalle, que hablan con honestidad y no memorizando un libreto, que mantiene siempre una coherencia de principio a fin, que tiene un muy buen final, etc. Pero yo destaco, por encima de todas estas, algo más: el manejo del humor. Todavía me parece insólita la primera reflexión de la película, respecto de los adolescentes, pero que automáticamente hace más liviana la tragedia que le sigue. Y ese tipo de cosas, están –en mayor o menor medida- bien logradas, dependiendo del caso. Hay un humor más extraño y simpático, como ése, u otro más tonto (como ver a Linney sembrando cuernos), pero que hacen más amena la experiencia. El resto, va de la comedia al drama, y del drama a la comedia. El elenco cumple, y el guión hace lo suyo. No sé si tiene lo suficiente para ser una película inolvidable, lo dudo mucho: quizá queda debiendo un final que cierre mejor ese prólogo, tan bien hecho, que me parece una estrategia maliciosa e innecesaria (porque es una anécdota, es puro ornamento –del bueno). Pero en sí sola, me parece un drama que nutre con buenas energías al espectador, lo sorprende, y en algún caso lo conmueve.

Puntuación: 6/10 (Buena)