viernes, 7 de septiembre de 2012

Cocina del alma.

Soul Kitchen.

Trailer subtitulado al inglés.

Crítica.

Fatih Akin es uno de los primeros nombres que se me pueden venir a la cabeza cuando pienso en directores que representen lo mejor del cine alemán actual, y por qué no, cuando pienso en lo mejor del cine europeo. Figura indispensable que suele dirigir dramas apegándose a la idea de fronteras o límites. En el caso de “Soul kitchen” se distancia un poco de sus últimos trabajos, “Al otro lado” y “Contra la pared”, y realiza algo mucho más relajado, dinámico y divertido. Una comedia que mezcla el drama íntimo de sus personajes, que es escaso, y el romance entre los mismos. Desde su título, en inglés (Soul Kitchen significa “cocina del alma”), anuncia las similitudes con el cine comercial americano, e invita a dejar de lado todos los prejuicios que puedan tenerse sobre el cine europeo (olvidando así su ritmo tranquilo, entre tantas otras características que se le atribuyen normalmente).

Con un montaje agresivo, que condensa en poco más de hora y media unas imágenes encantadoras y unas escenas muy bien logradas, “Cocina del alma” narra la historia de un muchacho griego en crisis: todas las cosas que hasta el momento han sostenido su existencia en el mundo, comienzan a derrumbarse. Trabaja en un restaurante que lleva como puede pero, al igual que el resto de las cosas que dominan su alma, empieza a írsele de las manos. Por otra parte, la salida de su hermano de la cárcel parece ser la única alternativa para sacarse la carga de encima y solucionar otros problemas que lo aquejan: de salud, del corazón, de dinero.

Esta comedia habla del naufragio del alma, pero en lugar de describir el hundimiento, se aboca a la salvación, a la posibilidad de salir a flote. En cierto modo, siempre busca el equilibrio en todo sentido, y lo transmite al público. Una película que usa los lugares comunes para retrucar con ideas originales, y que pese a ser algo predecible por momentos, siempre logra robar una sonrisa del espectador. Es que Akin no pierde nunca el sentido del humor, algo brutal en este caso, pero eficiente en la labor de hacernos pasar un buen rato delante de un plato muy bien preparado. Es ingeniosa, quizá demasiado liviana, pero lo suficiente para desactivar nuestras cabezas por un buen rato y hacernos disfrutarla a pleno. Después de todo, difícilmente tenga un objetivo principal distinto; que hay otros objetivos, sí, desde luego. Pero no dominan el curso del metraje, ni lo convierten en algo que no es. Ahí es donde radica el secreto de esta interesantísima comedia, con su peculiar estética rockera, y esos personajes deliciosos.

Puntuación: 7/10 (Notable)