viernes, 28 de septiembre de 2012

Cosmópolis.



Cosmópolis.



Trailer subtitulado al español.






Crítica.



Imagino los afiches publicitarios de esta película en países donde aún no ha sido estrenada. “Llega a los cines Cosmópolis, el último trabajo de Robert Pattinson”, y con eso, una masa corriendo con la respiración agitada, con desesperación, a comprar las entradas. También imagino la decepción de esta masa, cuando se encuentren con que han pagado por ver media película, y la otra mitad (la que se han perdido por levantarse de sus butacas) la han pasado en un coffee shop. Imagino también que el 90% de esa masa ignora quién es David Cronenberg, lo que supone el primer dato medianamente optimista: ¿merecen saber que se trata de uno de los cineastas más apasionantes de los últimos tiempos? No, no lo merecen. Nadie merece saber que es el tropezón de un grande, así como, considero, nadie merece verlo.

Estamos frente a una obra basada en la novela homónima que habla de todo un poco, un popurrí que difícilmente interese a algún espectador. Pero principalmente toma como eje la economía capitalista, en medio de una suerte de Apocalipsis bursátil, a la que añade tintes de la más desagradable e insípida pornografía pseudofilosófica. Su título, tal vez sea lo más interesante que la obra tiene para ofrecernos: nos invita a pensar y repensar la contradicción entre una “ciudad global” (una gran ciudad vinculada con el cosmos, con el universo) y el reinante individualismo que aísla en su microcosmos a algunos seres humanos que viven y respiran de y para los negocios. Reconozco que, para alguien de la talla de David, es mucho más interesante proponer sugerencias sutiles y no figuras obvias (frases explícitas que nos fuerzan a creer que el principal objetivo suyo es jugar con esta dualidad, o imágenes como la del vehículo donde no se oye ningún ruido de afuera) para denotar la alienación casi sistemática de estos robots de traje, algoritmos, balances que son como dioses que conocen el mundo, pero paralelamente no conocen absolutamente nada de él. Robots que desconocen todo lo vinculado con la humanidad, y que demuestran lo que habría pasado si David Fincher hubiese encerrado a Jesse Eisenberg haciendo de Mark Zuckerberg a conversar sobre patrones y códigos fuente con toda fiera salvaje (por no decir ramera) que se abalanzara sobre su elegante coche. 

Al margen de que no tenga ritmo, ni siquiera con la extraña aparición del Cronenberg fanático de la violencia en seco (ese al que nos remitió Refn con “Drive”), y al margen de que no sea otra cosa que una pila de diálogos que no lo son, sino monólogos entre dos personas en distintos planos de la conversación, voy a hacer hincapié en lo que a casi todo el mundo le interesa. Porque el verdadero misterio de “Cosmópolis” no es si es una mejor película sobre la crisis económica que “El precio de la codicia”, sino si Cronenberg es tan cool que puede hacer hablar a las piedras y actuar a Robert Pattinson. Que es casi lo mismo. Y debo reconocer algo: que es el mejor papel, por lejos, que le ha tocado interpretar. Tiene la pedantería que ya tienen incorporada casi todos los actores que han triunfado en Hollywood, pero unas cuantas otras cosas más (un ardor sexual inacabable y unos deseos de dominar el mundo como un gigante), que curiosamente también tienen muchos actores. En síntesis: por momentos parece que se interpreta a sí mismo en la vida real (¿o creen que su vida real dista mucho de eso?), y con cara seria y rebotes de humor, también parece interpretar a un humorista de stand up frustrado que paga al público para que ría al unísono. A mí no me compra: no sólo no me río con él, sino que lloro de pensar en la devaluación de la rata (una imagen que se lleva los aplausos y nuestro fugaz olvido dentro de este thriller psicológico, si es que me permiten la categorización, aunque los entenderé si me lo impiden), o mejor dicho, de ese Cronenberg genio, roedor y tóxico que ha devenido minúsculo y miserable. Casi una tomada de pelo cuando lanza la frase clave: “es hora de una pausa filosófica, de una reflexión”, que nos hace pensar en que estamos presos de una gran y peligrosa farsa, de la que sólo nos queda la patética imagen de una Juliette Binoche haciendo de puta y de un Mathieu Amalric con la cabeza cubierta de mayonesa.

Puntuación: 2/10 (Mala)

1 comentario:

Anónimo dijo...

La verdad que no suenas para nada objetivo,es obvia tu aversión al actor que interprta a Eric. Para quienes leimos el libro su actuación es muy apegada al mismo, incluso llevada al extremo por Cronenberg sin duda.
Para mi David lo hizo otra vez adaptando un libro imposible, eso de por si merece mas que un 2