jueves, 20 de septiembre de 2012

El viaje de Chihiro.


Sen to Chihiro no kamikakushi.

Crítica.

Se oyen los aplausos cuando “El viaje de Chihiro”, película alabada en todo el mundo, gana el Oscar a mejor largometraje animado sobre cuatro trabajos norteamericanos. Cuesta creerlo, considerando que la Academia siempre premia trabajos locales, y culturalmente tan coincidentes con sus credos y costumbres. Hoy analizo este triunfo, lo aplaudo intensamente, y ni siquiera puedo creerlo. Es una obra complejísima, pienso que demasiado, quizá ni siquiera para niños, dura de digerir, de dos horas de duración, con sangre y mucha leyenda oriental detrás, que un occidental posiblemente no entienda. Y la disfruta, porque es una obra universal y eterna, más allá de todo. A menos que la capacidad de “soñar” y de “fluir” no sean comunes a todos nosotros, los seres humanos.
Hayao Miyazaki, uno de los tres directores de películas animadas mejor valorados en todo el mundo, deja mudo al espectador. ¿Quién se atreve a susurrar en medio de una función hipnótica de cine en estado puro? Está repleta de imágenes poderosas, de momentos mágicos, únicos, de terror del bueno, y de dolor. Es ahí donde se produce la perversión. Miyazaki presiona un botón dentro nuestro, que desactiva nuestra mente. Son dos horas de reposo mental. Nuestro corazón se guía por las sensaciones, los aromas, los sonidos, por esa música, por la voz de una niña temerosa que se hace fuerte, que crece, que madura, que viaja. Distinguir entre haberlo vivido o soñado es casi absurdo. Por momentos creemos haberlo experimentado en otra vida. ¿Un déjà vu? ¿Qué es esto que nos recorre por dentro? Una emoción exorbitante. Una intriga por saber qué pasa. Y la ansiedad, sí, porque tenemos fe en Miyazaki, pero no queremos que arruine un trabajo tan delicioso con un giro equivocado.
Seguimos en ese viaje, porque somos protagonistas. Dudamos de todo y de todos, tenemos cierta desconfianza, pero vamos ganando terreno en el mundo que está más allá del túnel, de ese lugar de transición entre una cosa y otra. Personajes misteriosos, fantasmagóricos, otros malvados, cínicos, egoístas y materialistas. El cooperativismo que se quiebra ante la aparición del oro, y la crisis. ¿Metáfora del capitalismo en Japón?
Y el final. Uno siente el frío, estamos cerca del fin. Cualquier cosa puede pasar. Y Miyazaki nos sorprende, siempre con un as bajo la manga. Tranquilamente puede elegir arruinarnos la fantasía con alguna de las estrategias del cine contemporáneo (personaje se despierta, todo se disipa), pero no. Jamás nos niega la existencia de ese “otro lado”, ese costado mítico de los hombres, ese costado único. Un mundo paralelo construido a la perfección, sereno pero engañoso, hipnótico, sí, aterrador. Y un tercer mundo, el que tenemos atrás de nuestra butaca, de nuestro sofá, de nuestra silla de madera, cuando la película acaba. Nos damos vuelta y nos encontramos con nuestra realidad, que no es la de Chihiro, ni la de Sen. Esa realidad con la que nos chocamos al salir de la burbuja, que nos hace añorar las otras dos realidades, a las que, gracias al inagotable torrente de imaginación de un visionario, de un gran soñador y un gran artista, queremos regresar pronto. ¿O alguno no se atrevería a elegir cruzar ese túnel?
Puntuación: 9/10 (Excelente)

2 comentarios:

@ngel dijo...

El viaje de chihiro junto con la princesa mononoke son las dos películas que más me gustan de Miyazaki, dos obras maestras que no debería perderse ningún amante del cine sean cuales sean sus gustos, saludos!

Veroka dijo...

Excelente pelicula. Me gustó tu critica. Te cuento que es una de mis favoritas. Mi hijo la vio cuando tenia 4 años y le fascinó ( la habremos visto unas 5 0 6 veces) No creo que haya entendido mucho de lo que vio pero siempre la mira con un encanto que sorprende. Es un autentica joya. MIYAZAKI es un GENIO.
Beso