jueves, 25 de octubre de 2012

Sin lugar para los débiles.


Crítica.

“Sin lugar para los débiles” [“No country for old men”, J. Coen y E. Coen – 2007]

El desierto texano, sin musiquitas edulcorantes, con un sol ardiente que hiere y golpea, una transacción mal acabada. Y el destino. Sobre todo el calor, algo que trasciende la pantalla. Y el silencio que tan bien administrado está, principalmente en el primer tramo. El clima y el paisaje, dos protagonistas más, que nos acompañan en este clásico instantáneo revestido de sangre, humor e indiscutible inteligencia. Estamos en 1980, donde un cazador se encuentra con un maletín cargado de billetes, lo que mueve por las leyes de causa y efecto a otros peones del tablero: un psicópata que sólo obedece a lo que dicta el azar, y un veterano sheriff que ve cómo la maldad se contagia a una velocidad inalcanzable. Tres historias que se cruzan por la acción de la naturaleza y del hombre en conjunto, bajo el cielo de una América manchada por el materialismo y la maldad, donde la bondad no cuaja (sino ver el incidente que genera la muy buena acción de la botella de agua).
El cine de los Coen es característico no sólo por su versatilidad en los géneros, que bien pueden ir desde un western hasta una comedia romántica, sino por el humor. Estamos hablando de dos hermanos con una gran habilidad para hacer cine, para montar situaciones insólitas, que ofrecen una mezcla de policial y drama explosiva, al ritmo de la divertida cascada de asesinatos de un imparable Anton Chigurh (incluyendo aquellos que no son explícitos, y que son unos cuantos), uno de los villanos más memorables de este nuevo milenio, interpretado por el oscarizado español Javier Bardem. Con su obra más oscura desde “Fargo”, esa joyita de los 90 tan elogiada por la crítica y el público, triunfan en el mundo con una poderosa oferta cinematográfica sobre la delincuencia y la vejez. Dos conceptos contrapuestos, que en principio poco tienen que ver, y que sin embargo están conectados por un argumento tan atractivo como, por momentos, grotesco. Por un lado, el efecto dominó del universo criminal, cada vez más violento y predominante en los Estados Unidos de América (que parece ser el espacio sobre el que los directores y el autor de la novela, Cormac McCarthy, realizan su estudio, sin animarse a generalizar); por el otro, esa idea de que ante el inminente avance del crimen en el país, la ley en general comienza a volverse inútil, y debe evolucionar. Hay varias referencias a la necesidad de usar armas (algo difícil de creer en otros tiempos pasados), y muchas escenas que intentan dejar en claro que un sheriff es bastante más lento que un asesino (siempre llegan demasiado tarde), lo que hace a muchos veteranos replantearse su lugar en la región. Tommy Lee Jones, ganador del Oscar, encarna a este comisario viejo, que duda, que recuerda viejas épocas y las contrasta con la actualidad que le toca atravesar: durante la obra, intenta hallar respuestas a su incomprensión del mundo, porque cree que por medio de estas respuestas podrá determinar qué es lo que debe hacer consigo. De algún modo, atrapar a Chigurh es un desafío personal, y probablemente el último antes del retiro.
Los ganadores del Oscar Joel y Ethan Coen se ponen en perfeccionistas, nos acercan una de las obras más apasionantes del género de los últimos años. Son dos horas de pura intensidad, que nos cautivan a través de una impecable dirección de fotografía y de un elenco impresionante. Así como el conjunto de escenas y la película en general es excelente, si nos ponemos a analizarlas por separado, encontraremos en cada una de ellas algún indicio del talento de estos artistas. Las tres escenas finales son espectaculares (ver, sino, a Chigurh mirándose la suela de sus zapatos al salir de la casa) y dejan los caminos abiertos de dos personajes que, de todas formas, parecen haber encontrado lo que el destino les ha tenido reservado para ellos. La importancia de todo lo que está predeterminado, detrás del largo camino que recorren las monedas y los hombres en la historia, se ve más que nunca en la dureza de esta cinta, donde nos conmueve como espectadores que valoramos el arte la sutileza del humor y el impacto que unas palabras simples como “call it” pueden alcanzar en nosotros si acompañan o adornan una película como “Sin lugar para los débiles”, narrada con precisión de grandes y espectacularidad de campeones.
Puntuación: 9/10 (Excelente)

Trailer subtitulado al español.

lunes, 22 de octubre de 2012

Argo


Crítica.

“Argo” [B. Affleck – 2012]

Hablar de la madurez de Ben Affleck está de moda. Y lo digo, porque muchos de los que coinciden con el término “madurez” parecen haber olvidado el amor profesado por dos grandes películas de suspenso suyas, como “Desapareció una noche” y “Atracción peligrosa”. En la primera, dirige a su hermano, acompañado por un elenco de lujo, en una trama policial casi impecable; en la segunda, para mí algo menos lograda, se dirige a sí mismo en una historia de amor y acción demasiado rebuscada y sin grandes alcances. De todas formas, hay que saber reconocer lo bueno de la evolución. Aquello que en “Atracción peligrosa” es insoportable (el héroe plástico y poco talentoso al que da vida el propio Affleck), acá se vuelve uno de los pilares fundamentales para que “Argo” funcione. Repetidas veces he dicho que este artista es mucho mejor detrás de cámaras y escribiendo libretos. Y no me sorprenderá que su trabajo de dirección en “Argo” acabe siendo el mejor del año, porque nunca me he puesto a cuestionar sus habilidades como director. Pero su madurez, ahora sí, delante de ellas, es merecedora de varios aplausos. Difícil sobresalir en un elenco conformado por Alan Arkin, John Goodman, Tate Donovan y Bryan Cranston, muy difícil, pero sale a flote con una personificación medida, seria y ajustada para el tipo de papel que le corresponde encarnar. La necesidad de un héroe acá se ve satisfecha, y para todos los espectadores y amantes del buen cine, es una gran alegría que Affleck se traiga entre manos una obra poderosísima, inteligente, vertiginosa, apabullante y, sobre todas las cosas, creíble, a pesar de todo. Hoy en día, es el héroe de las salas, quien ojalá sea bien recompensado con las recaudaciones.
Enfocándonos en el argumento, “Argo” cuenta una historia real basada en una autodenominada “misión suicida” de un miembro de la CIA para sacar del país a seis americanos de Irán tras la toma del pueblo (agitado mientras demanda a los EEUU la cabeza del Sha Reza Pahlevi, a quien ha dado asilo político mientras intenta sobrellevar una enfermedad tras ser depuesto por el Ayatola Khomeini) de la Embajada americana en Teherán. La misión consiste básicamente en fingir que filmarán una obra de ciencia ficción, mediante la que harán pasar a estos seis americanos por parte del equipo de producción, para poder finalmente regresar al país de origen. “Argo” se vuelca de lleno en narrar minuto a minuto la aventura, en detallar los riesgos y en hacer sentir la adrenalina. Así, el espectador se ata a una historia que va desde lo absurdo hasta lo real/realista (siempre revisando la frase, “basada en una historia real”), con unas escenas excelentes (cuando leen públicamente el guión de la obra, terrible, o la del mercado, para mencionar dos de tantas) y la sigue de lleno con un nerviosismo indescriptible, base del suspenso en su concepción clásica, para no decir “en su concepción adecuada, verdadera, original”, muy bien logrado.
Pocas veces una obra con tanto contenido político ha sido tan liviana (en un sentido rítmico, porque de “soft” no tiene nada), también pocas veces trasciende y emociona tanto. Llega un punto en el tramo final donde no podemos más. La sensación es desesperante, estamos inmersos en esta aventura del absurdo, en los posibles malentendidos, en las pequeñas miradas. Y ojo, que Affleck no es ningún estúpido, y sabe que para ganar terreno en su país debe añadir, además de una cuota de patriotismo y pacifismo (que la tiene, y sumada a varios aspectos quizá discutibles de la historia – de la real, la que ha acontecido hace más de treinta años), una alta dosis de espectáculo. Y sí, por momentos sentimos que las claves que se manejan son las del cine americano (humor, que acá es muy bueno – sino vean las frases que tira Goodman sobre el cine de Hollywood; música para acompañar los momentos claves), y que el espectáculo devora el cine político serio, casi de culto (cuando llegan los créditos, caemos en la cuenta de que no es tan así). Pero por otro lado, no podemos ignorar todo lo conseguido: nos atrapa desde el primer minuto, con una durísima y brillantemente filmada revolución (que no es la “Revolución Iraní de 1979”, aunque sea una revolución, esté impulsada por el pueblo enérgico de Irán y ocurra en 1979, pero tiene una intensidad que nos puede hacer confundir con la manifestación que sustituye a un gobernante por otro), nos impacta con la imagen de unos niños armando los rompecabezas con los expedientes triturados, y nos lleva durante dos horas a recorrer Oriente Medio con una calidad cinematográfica muy difícil de alcanzar. Dureza y efecto, sin tanto embadurnamiento sensiblero, al que esquiva constantemente, y sí mucho humor del bueno. “No debe perder el objetivo”, y no lo pierde. Argo fuck yourself! Y al pueblo lector, quizá indeciso, déjese llevar por una experiencia inolvidable, de primerísimo nivel, con un actor que ha madurado, con un director igual de grandioso y con una historia creíble e increíble, en todos los sentidos, pero principalmente en los mejores. Una de las películas del año, para volver a verla...
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

Trailer subtitulado al español.

sábado, 20 de octubre de 2012

La mirada de Ulises


Crítica.

"La mirada de Ulises" ["Τα παιδιά του Οδυσσέα", T. Angelopoulos - 1995]



“La mirada de Ulises” es una película extraordinaria, y motivos no faltan. Dirige el fallecido Angelopoulos, un hombre a quien muchos seguidores no pueden referirse en pasado, porque está presente en el alma de los que se han enamorado de esas pequeñas miradas que ha conseguido a través de un imponente manejo de cámaras, miradas que hablan por sí solas, que describen, que sugieren. Miradas que se vienen multiplicando desde los orígenes de la historia, plasmadas en las narraciones homéricas; o desde los orígenes del cine, plasmadas en unas imágenes con apenas movimiento. Miradas que no se consiguen solas: son producto de un viaje que debe hacerse hacia algún lugar, sea cual sea el rumbo, para recogerlas, condensarlas y mostrarlas al mundo. La película es grande, y lo es por eso mismo, porque existe y es grande. No hay demasiado que hacer: puede gustarte o no. A mí me encanta. A otros puede parecerles aburrida, monótona, y está muy bien. Es larga, dura casi tres horas, pero si uno es capaz de conectarse emocionalmente con un desgarrador Harvey Keitel (y miren que no es fácil “conectarse emocionalmente” con ese actor: depende de él), lo acompaña en el viaje a través del Viejo Continente, ese que ha recorrido de punta a punta un errante Ulises, chocándose con seres míticos en su afán por regresar a la tierra de Ítaca, su tierra, su origen.
En ese sentido, es monumental. No es cualquier viaje. No es un viaje de Jujuy a La Pampa, es “el primer viaje”, el primero que se recuerda en la actualidad (la edad oscura, es decir, la primera mirada que llega hasta la civilización contemporánea), la primera mirada vigente. Por eso no es casual que sea Ulises (u Odiseo, como también se lo conoce, dependiendo de las traducciones) el ícono a partir del cual orbitan todas las ideas presentes en el film. Va más allá de si hay referencias en la obra (que las hay) del clásico de Homero, o de si el recorrido que camina el protagonista coincide con el de Odiseo: tiene que ver con el origen. Así como “El Regreso”, de Andrei Zvyagintsev, se empeña en el complejo retorno del hombre (y en varios emprendimientos simultáneos), “La mirada de Ulises” narra varias odiseas en una. A. El viaje introspectivo del hombre que busca su propio origen (camina a través de los años, se cruza con amores y familiares, se reúne y festeja con ellos en, ya que estamos, una de las escenas más espectaculares de la obra). B. El viaje a través de la Historia del Cine, que comienza en Grecia con los hermanos Manaki, y que es el motivo que expone el protagonista para justificar su viaje (mas no el único, desde luego). C. El viaje a través de la Historia de los Balcanes, al modo de Kusturica con su “Underground” (ganadora de la Palma de Oro en Cannes ese año, mientras que ésta triunfó con el Gran Premio del Jurado y el Premio FIPRESCI), aunque menos informal, como construcción histórica producto de la evolución desde la antigüedad, con sus divergencias geográficas y políticas, que confluyen en la catástrofe de la actualidad (La guerra yugoslava entre 1991 y 1995). Todo, bajo la niebla de una sociedad pervertida, que ha perdido la inocencia. Niebla que implementa el cineasta, y que consigue un final espectacular. En este caso, es el cierre perfecto para una obra monumental, con un espíritu único. Si uno es capaz de subirse a ese barco y creer todo lo que ve, distinguirá la complejidad de su interminable catarata simbólica, pero también se asombrará con la simplicidad de lo humano: en los ojos de Ulises, de Homero, de Harvey Keitel, de los hermanos Manaki y de Theodoros Angelopoulos, productores todos de imágenes eternas; ojos excepcionales para ver el mundo emulando la primera mirada.
Puntuación: 9/10 (Excelente)

jueves, 18 de octubre de 2012

La princesa Mononoke.


Crítica.
"La princesa Mononoke" ["Mononoke-hime". H. Miyazaki, 1997]



Hayao Miyazaki es el multipremiado director de “El viaje de Chihiro” y “El increíble castillo vagabundo”, responsable de esta película que hoy me toca criticar. “La princesa Mononoke” sigue la línea estilística del visionario director, es un canto a la naturaleza plagado de impresionantes imágenes bucólicas que circulan por nuestro interior como el veneno, y nos conquistan como a un pueblo, ocupándonos física y espiritualmente. Si hay algo que no puede criticársele a este gran artista es su buena mano para recrear figuras y fondos. Le da a la animación una altura inalcanzable para el resto del mundo, puntillosa en todo lo que refiere a paisajes, y bella en el sentido más general. Es que, como sucede con otras de sus obras, nos permite dejarnos llevar por lo que vemos, asombrarnos por lo que sentimos, y reflexionar luego sobre lo que vivimos. Acá, añade la parte racional, pues es sumamente densa en lo argumental, y hay que saber seguirla. Más aún, cuando los occidentales no tenemos ni la menor idea de estos mitos orientales que nos trae el director de la forma más universal que puede. En otras palabras, son poco más de dos horas donde no podemos dejarnos guiar por los colores y por los sabores, sino que estamos tensionados, pensamos y lo experimentamos distinto. Somos partícipes del divorcio entre el hombre y la naturaleza.
Pero hasta Miyazaki sabe fallar a veces, y creo que la historia deja bien en claro que hasta los dioses también lo hacen. No puedo dejar de pensar en que, más allá de que es estéticamente sublime, puede perder a gran parte del público en el camino. De por sí, es una animación para adultos, con sangre y violencia que los más pequeños no pueden permitirse. Además de aportar nuevos nombres, mitológicos algunos, a la velocidad del rayo, no se percibe un ritmo que vaya de la mano con el rayo. No podemos seguir del todo la historia, aunque la intuimos sobre el final, y para colmo es bastante lenta. A mí me atrapa cuando la obra lleva una hora completa, prácticamente, y eso no es bueno. No entiendo a qué se debe, pero mi atención comienza a estar puesta en otras cosas, y aunque no dejo de mirar esas flores, esas bestias genialmente representadas, dejo de pensar en el curso de las cosas. La Princesa Mononoke logra reubicarme en el plano e involucrarme, ahora sí de lleno en una historia que gana en secuencias de acción bien montadas, con estupenda musicalización de fondo, y una media hora final buenísima, que cierra una experiencia en síntesis más sensorial que otra cosa. Lecciones da a montones: es un culto al desarrollo sustentable y contra la deforestación, muestra de alguna manera la “venganza de la naturaleza arruinada” y hace circular un mensaje de paz, de armonía entre las cosas, a través del protagonista, un joven que aprende a mirar las cosas sin odio, con amor, y ve que en realidad, la paz es la única forma de volver a la buena vida. Claro como ver a través de un cristal. Pero pese a las buenas intenciones, no me parece la obra maestra que es la ganadora del Oscar “El viaje de Chihiro”. Sin embargo, admiro y respeto profundamente su compromiso medioambiental, social, humano y artístico, muy bien plasmado en esta obra exótica, extraña, de aventuras. No para todos, y quizá para unos pocos, de los cuales mayoritariamente la disfrutarán un poco más que yo.
Puntuación: 6/10 (Buena)

sábado, 13 de octubre de 2012

El aviador.


Crítica.
"El Aviador" ["The Aviator". M. Scorsese - 2004]

Sorprendente es que después de las ovaciones recibidas alrededor del mundo, “El aviador” se haya visto eclipsada por una obra de dimensiones más pequeñas (y ojo, no voy a meterme en el debate de si una es mejor que la otra) como lo ha sido “Million Dollar Baby”. Eso podría hablar muy bien de Clint Eastwood, director de la segunda, por su capacidad de llegar al corazón de los espectadores con una trama repleta de ternura e intimidad, con personajes entrañables y momentos únicos, aunque en miniatura. Pero no hay que desmerecer el puntilloso trabajo de un Scorsese en el mejor momento de su carrera, un hombre que por lo general hace representaciones monumentales, lo que suponen una importante inversión de grandes sumas de dinero, pero como digo yo, dinero bien invertido al fin. Sus obras son ambiciosas, magnánimas, y este biopic sobre el tan versátil Howard Hughes no escapa a estas características. Y por lo general, los que seguimos el cine, ya sea como entretenimiento o escuela de la vida, solemos paradójicamente relacionar lo monumental con lo pobre. Y aclaro, pobre, en un sentido artístico, donde la ostentación acaba por tapar todas las buenas virtudes que puede tener una historia. O en muchos casos, como las obras más “pochocleras” (y generalizo, sí, porque no caben dudas de que existen grandes propuestas), donde directamente tapa la historia en su totalidad. “El aviador”, con la dirección de este tan brillante y dedicado Scorsese, no puede ser así. Y no lo es. Alguien como él no puede dejar lo verdaderamente importante de lado, y es por eso que es un biográfico tan bueno. Casi impecable, me atrevo a decir. Acá, el bochinche sirve para hacer aún más resonante esta gran película, cuyas virtudes son amplificadas por un equipo técnico maravilloso, y principalmente por una de las profesionales más queridas del mundo de la edición, la colaboradora del director Thelma Schoonmaker.
Hacer un paralelismo entre Charles Kane y Howard Hughes no debe sonar exagerado, siempre al margen de sus vinculaciones históricas, aunque los críticos de cine más ortodoxos (o los críticos de críticos, que los hay y cada vez más) puedan llegar a sufrir problemas cardíacos. Y lo digo, porque son dos hombres que buscan abarcarlo todo, aunque en el fondo tengan ese costado de humanidad (sus miedos, sus neurosis, sus recuerdos) que los hacen ínfimos en el universo de lo material y lo espiritual. Luego, que las películas sean distintas, que estén rodadas en dos momentos históricos distintos, que estén interpretadas por dos buenísimos actores distintos, es otro tema. Para comparaciones no está uno, o al menos lo intenta, porque acaba influyendo en la valoración que uno puede hacer de la película en cuestión. Aunque sí es enriquecedor construir esta red de personajes fascinantes que nos ha dado el cine, con una diferencia de más de seis décadas y más similitudes que diferencias. Leonardo DiCaprio le da vida a Hughes de una forma asombrosa, casi milagrosa. Por momentos, parece ser el mismo Hughes quien ha tomado el control de los movimientos y los gestos de un nervioso y arrollador intérprete, nominado al Oscar por su impresionante personificación de este polifacético magnate. Es el títere con quien Scorsese viene haciendo maravillas hace rato, un hombre con serias inclinaciones al género, con algunas mejores incursiones que otras, pero con un gran talento. El personaje principal es el alma de la obra, y sí, quizá sea más llamativo ver cómo al sujeto se le va el apetito cuando otro mete su mano en su plato, porque es parte del trastorno obsesivo compulsivo que sufre (una obsesión con la limpieza y el orden tan prolijamente plasmada que merece los aplausos), y el hecho de que sea uno de los principales exponentes de la producción cinematográfica y de la aviación queda de lado. Pero todas constituyen la identidad de esta persona, y en conjunto logran que uno se familiarice rápidamente con Hughes. Después de todo, no hay que dejarse engañar. Puede estar a muchos kilómetros sobre el suelo, pero es humano e imperfecto como nosotros. Así, que Cate Blanchett rompa con la muralla de miedos y temblores de los espectadores al interpretar a la mítica Katherine Hepburn de una forma sublime, o que Robert Richardson haga uno de los trabajos en la fotografía más notables de la década, son cuestiones que alimentan aún más este gran monstruo que es el cine. “El aviador” es cine. Denso, pero entretenido, perfectamente montado, de calidad indiscutible. Y Martin Scorsese, a quien gracias a “La invención de Hugo Cabret” se le ha atribuido el calificativo de “soñador”, acá demuestra que es un “artista”. Aunque nada necesita demostrar el director de “Buenos muchachos” y “Taxi Driver”. Más cuando, podrá estar entre nosotros, los mortales, pero es innegable que verdaderamente vuela en otra liga, varios kilómetros más allá de lo que pueden llegar a ver nuestros ojos.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

miércoles, 10 de octubre de 2012

Alps.



Alps.

Trailer subtitulado al español.


Crítica.

Giorgos Lanthimos vuelve a deslumbrar al mundo con una nueva propuesta totalmente descabellada, radical y controversial. Es creador de un lenguaje cinematográfico propio, constituido por breves silencios cuando no hay diálogos intrascendentes, dueño de un estilo siempre grisáceo, de personajes que son extensiones de los fondos, y sobre todas las cosas de un humor delicioso. Momentos algo bizarros, de una ridiculez incalculable, que añaden un condimento especial a sus comedias sobre las relaciones humanas, altamente críticas y profundamente reveladoras. “Alps” no escapa a este estilo tan personal, cine que no hace cualquiera (con un nivel de cordura estándar) y que Lanthimos se atreve a rodar con maestría, dotando a la obra de un aire inquietante, siniestro. Lo más valorable de sus obras es que siempre ganan terreno al ser vistas nuevamente. Como las grandes piezas artísticas (siempre menciono a “La invención de Morel”, ese extraordinario libro de Bioy), están armadas de manera tal que, ya uno sabiendo cómo terminan, nos permite reconocer en las frases que alguna vez juzgamos intrascendentes, un sentido, y que juega a favor.
Creo monstruoso contar algo del argumento de esta comedia. Y lo digo, porque gran parte de su misterio tiene que ver con desentrañar la trama. ¿De qué se trata?, es un interrogante que muchos deben estar preguntándose, aún meses después de haberla visto. Es completamente comprensible, pero difícil de asimilar. Y en sí, no hay un “argumento”, aunque sí un grupo de personas, una misión, un suceso que rompe con la rutina (una traición), y un desenlace a modo de consecuencia. Claramente, es parte de la diversión seguir los pasos minuciosamente dispuestos por el guionista, para ver más allá. Es un trabajo muy inteligente, de un cinismo exagerado y chocante, que roza lo inhumano. Cuestiona y condena, además de la labor que lleva adelante el grupo Alpes, esa postura de los seres humanos de complacer a los otros. Verán que hay innumerables casos donde los individuos adquieren una nueva identidad para beneficio propio o buscando la aprobación ajena (se distingue particularmente en una fantástica escena con un vaso de agua en el medio), algo que Lanthimos parece odiar. Y lo trata con un sentido del humor genial, pero en mi opinión escaso. Es la comedia más seria de esta nueva ola de cine griego, las risas están contadas, y tienen que ver con unas pocas situaciones absurdas que causan risa para no causar llanto. Falla en lo más importante para esta nueva manada de fanáticos de Lanthimos, entre los que comienzo a incluirme a pesar de todo. Porque me regala más que risas. Sus Alpes llaman a la reflexión, porque es cine de alta categoría, con un guión ingenioso, la siempre presente violencia en seco, dos actrices de primera (Ariane Labed y Aggeliki Papoulia) y una dirección escandalosa. Estoy abierto a tus nuevas locuras, querido Giorgos.
Puntuación: 7/10 (Notable)

domingo, 7 de octubre de 2012

Terciopelo azul.


Blue velvet.

Crítica.

“Terciopelo azul” se ha consagrado como una película de culto, y una de las más famosas en la carrera de este gran cineasta que es David Lynch, y que alguna vez ha estado en la cabecera del blog. Un director único, que siempre busca estamparles a sus trabajos, incluyendo a los más sencillos, un sello surrealista. Sus trabajos más recientes, entre los que se hallan “Mulholland Dr.” e “Imperio” justifican un poco ese estilo, pero llevado casi al extremo, más aún en la segunda, donde es prácticamente imposible entender qué está sucediendo. Uno puede juzgar y decir “el director filma para él mismo, pues solamente él entiende lo que está sucediendo”, y hasta en “Terciopelo azul” queda esa idea de que posiblemente uno no la haya seguido al 100%, porque es David Lynch y siempre guarda algo más; sin embargo, esta hipótesis queda trunca cuando asumimos que, aunque suene increíble, muchas veces ni siquiera él mismo sabe lo que está filmando. Pero recolecta impresiones únicas que nos deleitan como espectadores, que nos atrapan como seres humanos.
Generando contrastes entre la buena vida de country y la negrura que tiñe sus televisores, surge un misterio (porque en esa sociedad de consumo, típica de la edad de oro americana, está implantada la idea de que los casos de delincuencia y muerte sólo están presentes en las series televisivas, y no precisamente entre los jardines coloridos y los camiones con bomberos que saludan a cámara, algo coincidente con el estilo de los productos culturales en aquellos años). Una oreja humana repleta de insectos, en un breve guiño al surrealismo clásico como lo han concebido Dalí y Buñuel, da origen a una espiral policial donde una pareja de jóvenes, curiosos y algo enamorados, comienza a inmiscuirse en esta red peligrosísima de límites desconocidos. La perversión sexual, las drogas y la violencia, están ocultas bajo la superficie del estilo de vida pacífico, donde regar las plantas y el césped es como el sol de cada mañana.
Excelente trabajo de dirección, logra momentos únicos de tensión, incluyendo la última escena en el apartamento donde sucede la mayoría de las cosas. La oscuridad no es fácil de conseguir, pero acá lo logra en exceso, en una de las más estimables referentes del cine negro, y una de las más inquietantes producciones de la década. Ayuda un elenco de primera, en el que destaca el personaje del fallecido Dennis Hopper, un villano infravalorado, y sobre todos los demás, la gran Laura Dern: ella parece ser la única persona capaz de comprender el universo del director, porque se nota en el tono de sus líneas (“Es un mundo extraño, ¿no?”), es el personaje con el que cuesta más conectar, pero claramente es algo que obedece a las normas de la dirección (sino vean sus últimas colaboraciones con el cineasta). La película me parece un retrato fascinante de las sociedades actuales, que juega constantemente con las dualidades (sueño, realidad; tranquilidad, desasosiego) y que tiene un efecto aterrador sobre los televidentes. Ahora bien, uno no debe ignorar que, pese a las cuestiones psicológicas y a los perfiles de los personajes, es un policial sencillísimo. Y además, que si no es por el innegable talento de un loco como Lynch, un genio – digámoslo así-, puede que se lo olvide rápidamente. Él hace este policial memorable, pues añade “el misterio del misterio”, una segunda capa de tensión en la que nos zambullimos con la confianza que los fanáticos le profesamos a uno de los directores más complejos y perturbadores del cine contemporáneo.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

viernes, 5 de octubre de 2012

Hable con ella.



Hable con ella.

Trailer en su versión original.


Crítica.

El Almodóvar con mayúsculas que el pueblo adora ha vuelto con “Hable con ella”. Tres años han pasado desde aquella hermosísima película con Cecilia Roth y Marisa Paredes, “Todo sobre mi madre”, casi tres años desde aquel merecidísimo premio Oscar, experiencia que volverá a repetir meses después del estreno de la película que hoy les traigo al ganar un premio al mejor guión en Estados Unidos. Para romper esa teoría de que Almodóvar es siempre el mismo (como dicen algunos de los más duros críticos de su cine, “el director es todo sexo, y perversión”), modifica alguna de las bases de su cine, aunque en cierta forma mantiene la mayoría de sus costumbres, esos hábitos que como espectadores fanáticos tanto admiramos aunque en el fondo nos resulten insufribles. Es el Almodóvar más melodramático y más romántico que nos ha tocado ver, el más crudo y el más desgarrador. Es el Almodóvar menos humorístico y edulcorante, el más serio, más técnico y menos sutil. Es el Almodóvar de siempre, también, con sus saltos de tiempo cada dos minutos y su listado interminable de iconografía artística. Es un Almodóvar distinto, con personajes más difusos, descoloridos, y quizá más preocupado por lo que se ve que por lo que se dice. Pero lo veamos como lo veamos, después de las coreografías de Pina Bausch y el Cucurrucucú de Caetano Veloso, es el mismo Almodóvar del que alguna vez nos habremos enamorado.
Se huele así. Historia de conexiones, de emociones profundas que los hombres no entienden (el amor más allá de todo) y de mujeres, nuevamente, lo que no supone ninguna novedad. Las mujeres, como ese torrente de ternura que necesitan los hombres (más allá de su orientación sexual), y que hacen de la primera mirada la más dulce. Los hombres nacen del útero de la mujer, y muchas veces acaban en él. En el sentido figurado, siempre, aunque muchas veces en el sentido más literal. Y los hombres, como trotamundos que buscan amor en todas partes, como cazadores de emociones para satisfacerse espiritualmente. Hombres que reconocen el amor en la capacidad de penetrar la inconsciencia de la mujer a través de las palabras, y que vierten sus problemas como hijos que acuden al regazo de una madre. Sigue un poco la línea seria y melosa de “Todo sobre mi madre”, sin escaparse de las vueltas de tuerca medio retorcidas del gran cineasta, que reconstruyen esta historia a trozos con saltos temporales y la vuelven una tragedia con todas las letras. Y ese cortometraje en blanco y negro que cobra una fuerza intensa cuando ya hemos llegado a los créditos finales: durante la escena, tiene sentido en sí solo, luego le da sentido a todo lo demás. Inclusive al dolor, o a la falta de amor, a la necesidad de hablar con ellas (las mujeres, siempre presentes en el cine de un grande). También le da sentido a la sustitución de la comedia por la tragedia, y a nuestra sensación de nostalgia de aquel cine más relajado, distendido, pero igual de bueno que esta gran película.
Puntuación: 7/10 (Notable)

miércoles, 3 de octubre de 2012

Léolo.



Léolo.

Crítica.

A veces una película acaba y uno siente ganas de exclamar “¡qué película!”, con un entusiasmo que no comprende hasta que pasa el tiempo, y puede meditar sobre lo que ha visto. “Léolo” te da ganas de gritar unas cuantas cosas más, sensaciones que uno conserva desde el primer minuto, que van desde el enojo y la impotencia hasta la alegría y la tristeza. Por empezar, el niño logra algo majestuoso, genera con el espectador un vínculo casi mágico, de empatía inmediata, de complicidad absoluta. Podemos llegar a codearnos con él cuando lo pescamos in fraganti, con las manos en la masa, porque sabemos que detrás de todo no hay malas intenciones. La curiosidad es algo característico de este peculiar personaje, que lo hace ingresar en la difícil etapa de la adolescencia con un impulso extra, añadiéndole a esto la herencia de las excentricidades de todos y cada uno de los miembros de la familia, burlando los límites trazados entre la cordura y el desequilibrio mental. De ahí, un hermano relativamente normal, que crece con la marca de una experiencia traumática vivida en la niñez, y que lo conduce a fortalecerse frente al mundo volviéndose fisicoculturista, o una hermana con inclinaciones a la depresión y al abandono de su propia persona.
Podemos sintetizar que Léolo no tiene una vida fácil, que debe lidiar con muchas cosas. Pero lo que más lo afecta es el tema del amor. Ese rayo de luminosidad y pureza que lo sumerge en algunas de las fantasías más divertidas, y que vuelven este cuento realista en algo inocente y mágico. Hay un claro contraste entre el realismo de su situación (el modo de vida, la economía familiar) y el lirismo que brota de su imaginación (poesía que escribe y que lo acompaña en su viaje por la preadolescencia), que vuelven a esta gran obra de Jean-Claude Lauzon en una pieza barroca contemporánea, donde se rinde tributo a lo deformado, y casi a lo desagradable (en esa época también se estrena “Delicatessen”, de Marc Caro y Jean Pierre Jeunet, de características similares). Lo que no podemos negar, es que pese a las lóbregas imágenes que nos ofrece esta poderosa historia de la infancia (la sucesora de “Amarcord”, la antecesora de “Donde viven los monstruos”), está repleta de luz. El director juega con el estilo, y entrega una mirada dura de la vida, aunque en cierto modo esperanzadora: todo, porque nos sugiere que no hay mejor escondite sobre la tierra que la imaginación humana, esa en la que los hombres se pueden refugiar a través del arte, quizá sin intención de que otros hombres sepan de ellos, pero sí con la expectativa de poder expresar cosas tan profundas. Como el amor.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)