sábado, 13 de octubre de 2012

El aviador.


Crítica.
"El Aviador" ["The Aviator". M. Scorsese - 2004]

Sorprendente es que después de las ovaciones recibidas alrededor del mundo, “El aviador” se haya visto eclipsada por una obra de dimensiones más pequeñas (y ojo, no voy a meterme en el debate de si una es mejor que la otra) como lo ha sido “Million Dollar Baby”. Eso podría hablar muy bien de Clint Eastwood, director de la segunda, por su capacidad de llegar al corazón de los espectadores con una trama repleta de ternura e intimidad, con personajes entrañables y momentos únicos, aunque en miniatura. Pero no hay que desmerecer el puntilloso trabajo de un Scorsese en el mejor momento de su carrera, un hombre que por lo general hace representaciones monumentales, lo que suponen una importante inversión de grandes sumas de dinero, pero como digo yo, dinero bien invertido al fin. Sus obras son ambiciosas, magnánimas, y este biopic sobre el tan versátil Howard Hughes no escapa a estas características. Y por lo general, los que seguimos el cine, ya sea como entretenimiento o escuela de la vida, solemos paradójicamente relacionar lo monumental con lo pobre. Y aclaro, pobre, en un sentido artístico, donde la ostentación acaba por tapar todas las buenas virtudes que puede tener una historia. O en muchos casos, como las obras más “pochocleras” (y generalizo, sí, porque no caben dudas de que existen grandes propuestas), donde directamente tapa la historia en su totalidad. “El aviador”, con la dirección de este tan brillante y dedicado Scorsese, no puede ser así. Y no lo es. Alguien como él no puede dejar lo verdaderamente importante de lado, y es por eso que es un biográfico tan bueno. Casi impecable, me atrevo a decir. Acá, el bochinche sirve para hacer aún más resonante esta gran película, cuyas virtudes son amplificadas por un equipo técnico maravilloso, y principalmente por una de las profesionales más queridas del mundo de la edición, la colaboradora del director Thelma Schoonmaker.
Hacer un paralelismo entre Charles Kane y Howard Hughes no debe sonar exagerado, siempre al margen de sus vinculaciones históricas, aunque los críticos de cine más ortodoxos (o los críticos de críticos, que los hay y cada vez más) puedan llegar a sufrir problemas cardíacos. Y lo digo, porque son dos hombres que buscan abarcarlo todo, aunque en el fondo tengan ese costado de humanidad (sus miedos, sus neurosis, sus recuerdos) que los hacen ínfimos en el universo de lo material y lo espiritual. Luego, que las películas sean distintas, que estén rodadas en dos momentos históricos distintos, que estén interpretadas por dos buenísimos actores distintos, es otro tema. Para comparaciones no está uno, o al menos lo intenta, porque acaba influyendo en la valoración que uno puede hacer de la película en cuestión. Aunque sí es enriquecedor construir esta red de personajes fascinantes que nos ha dado el cine, con una diferencia de más de seis décadas y más similitudes que diferencias. Leonardo DiCaprio le da vida a Hughes de una forma asombrosa, casi milagrosa. Por momentos, parece ser el mismo Hughes quien ha tomado el control de los movimientos y los gestos de un nervioso y arrollador intérprete, nominado al Oscar por su impresionante personificación de este polifacético magnate. Es el títere con quien Scorsese viene haciendo maravillas hace rato, un hombre con serias inclinaciones al género, con algunas mejores incursiones que otras, pero con un gran talento. El personaje principal es el alma de la obra, y sí, quizá sea más llamativo ver cómo al sujeto se le va el apetito cuando otro mete su mano en su plato, porque es parte del trastorno obsesivo compulsivo que sufre (una obsesión con la limpieza y el orden tan prolijamente plasmada que merece los aplausos), y el hecho de que sea uno de los principales exponentes de la producción cinematográfica y de la aviación queda de lado. Pero todas constituyen la identidad de esta persona, y en conjunto logran que uno se familiarice rápidamente con Hughes. Después de todo, no hay que dejarse engañar. Puede estar a muchos kilómetros sobre el suelo, pero es humano e imperfecto como nosotros. Así, que Cate Blanchett rompa con la muralla de miedos y temblores de los espectadores al interpretar a la mítica Katherine Hepburn de una forma sublime, o que Robert Richardson haga uno de los trabajos en la fotografía más notables de la década, son cuestiones que alimentan aún más este gran monstruo que es el cine. “El aviador” es cine. Denso, pero entretenido, perfectamente montado, de calidad indiscutible. Y Martin Scorsese, a quien gracias a “La invención de Hugo Cabret” se le ha atribuido el calificativo de “soñador”, acá demuestra que es un “artista”. Aunque nada necesita demostrar el director de “Buenos muchachos” y “Taxi Driver”. Más cuando, podrá estar entre nosotros, los mortales, pero es innegable que verdaderamente vuela en otra liga, varios kilómetros más allá de lo que pueden llegar a ver nuestros ojos.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

2 comentarios:

Manderly dijo...

A mi también me parece un gran película pero ya se sabe lo que pasa cuando se trata de biografías... sin ir más lejos J. Edgar, con DiCaprio ha tenido poca acogida.
Me gustan las películas que tratan sobre el mundo del cine y esta en parte lo es.
Estupenda Kate Blanchett
Saludos.

Dulce Gomez dijo...

Es una película muy interesante y me gusta que aunque es biografía, no ponen al personaje como demasiado, yo vi en hbo online la peli y me gusta que te ponen que parte de su éxito quizá se debió a su enfermedad.