sábado, 20 de octubre de 2012

La mirada de Ulises


Crítica.

"La mirada de Ulises" ["Τα παιδιά του Οδυσσέα", T. Angelopoulos - 1995]



“La mirada de Ulises” es una película extraordinaria, y motivos no faltan. Dirige el fallecido Angelopoulos, un hombre a quien muchos seguidores no pueden referirse en pasado, porque está presente en el alma de los que se han enamorado de esas pequeñas miradas que ha conseguido a través de un imponente manejo de cámaras, miradas que hablan por sí solas, que describen, que sugieren. Miradas que se vienen multiplicando desde los orígenes de la historia, plasmadas en las narraciones homéricas; o desde los orígenes del cine, plasmadas en unas imágenes con apenas movimiento. Miradas que no se consiguen solas: son producto de un viaje que debe hacerse hacia algún lugar, sea cual sea el rumbo, para recogerlas, condensarlas y mostrarlas al mundo. La película es grande, y lo es por eso mismo, porque existe y es grande. No hay demasiado que hacer: puede gustarte o no. A mí me encanta. A otros puede parecerles aburrida, monótona, y está muy bien. Es larga, dura casi tres horas, pero si uno es capaz de conectarse emocionalmente con un desgarrador Harvey Keitel (y miren que no es fácil “conectarse emocionalmente” con ese actor: depende de él), lo acompaña en el viaje a través del Viejo Continente, ese que ha recorrido de punta a punta un errante Ulises, chocándose con seres míticos en su afán por regresar a la tierra de Ítaca, su tierra, su origen.
En ese sentido, es monumental. No es cualquier viaje. No es un viaje de Jujuy a La Pampa, es “el primer viaje”, el primero que se recuerda en la actualidad (la edad oscura, es decir, la primera mirada que llega hasta la civilización contemporánea), la primera mirada vigente. Por eso no es casual que sea Ulises (u Odiseo, como también se lo conoce, dependiendo de las traducciones) el ícono a partir del cual orbitan todas las ideas presentes en el film. Va más allá de si hay referencias en la obra (que las hay) del clásico de Homero, o de si el recorrido que camina el protagonista coincide con el de Odiseo: tiene que ver con el origen. Así como “El Regreso”, de Andrei Zvyagintsev, se empeña en el complejo retorno del hombre (y en varios emprendimientos simultáneos), “La mirada de Ulises” narra varias odiseas en una. A. El viaje introspectivo del hombre que busca su propio origen (camina a través de los años, se cruza con amores y familiares, se reúne y festeja con ellos en, ya que estamos, una de las escenas más espectaculares de la obra). B. El viaje a través de la Historia del Cine, que comienza en Grecia con los hermanos Manaki, y que es el motivo que expone el protagonista para justificar su viaje (mas no el único, desde luego). C. El viaje a través de la Historia de los Balcanes, al modo de Kusturica con su “Underground” (ganadora de la Palma de Oro en Cannes ese año, mientras que ésta triunfó con el Gran Premio del Jurado y el Premio FIPRESCI), aunque menos informal, como construcción histórica producto de la evolución desde la antigüedad, con sus divergencias geográficas y políticas, que confluyen en la catástrofe de la actualidad (La guerra yugoslava entre 1991 y 1995). Todo, bajo la niebla de una sociedad pervertida, que ha perdido la inocencia. Niebla que implementa el cineasta, y que consigue un final espectacular. En este caso, es el cierre perfecto para una obra monumental, con un espíritu único. Si uno es capaz de subirse a ese barco y creer todo lo que ve, distinguirá la complejidad de su interminable catarata simbólica, pero también se asombrará con la simplicidad de lo humano: en los ojos de Ulises, de Homero, de Harvey Keitel, de los hermanos Manaki y de Theodoros Angelopoulos, productores todos de imágenes eternas; ojos excepcionales para ver el mundo emulando la primera mirada.
Puntuación: 9/10 (Excelente)

1 comentario:

Guzz dijo...

Magnífico posteo. Además junta dos de mis films predilectos de los 90, sumando mi Kusturica favorito a la tremenda virguería de Angelopoulos. Mi film predilecto del cineasta junto a "El viaje de los comediantes" y toda una odisea de imposible olvidar para nadie que se acerque, si señor. Saludos guzzeros.