jueves, 18 de octubre de 2012

La princesa Mononoke.


Crítica.
"La princesa Mononoke" ["Mononoke-hime". H. Miyazaki, 1997]



Hayao Miyazaki es el multipremiado director de “El viaje de Chihiro” y “El increíble castillo vagabundo”, responsable de esta película que hoy me toca criticar. “La princesa Mononoke” sigue la línea estilística del visionario director, es un canto a la naturaleza plagado de impresionantes imágenes bucólicas que circulan por nuestro interior como el veneno, y nos conquistan como a un pueblo, ocupándonos física y espiritualmente. Si hay algo que no puede criticársele a este gran artista es su buena mano para recrear figuras y fondos. Le da a la animación una altura inalcanzable para el resto del mundo, puntillosa en todo lo que refiere a paisajes, y bella en el sentido más general. Es que, como sucede con otras de sus obras, nos permite dejarnos llevar por lo que vemos, asombrarnos por lo que sentimos, y reflexionar luego sobre lo que vivimos. Acá, añade la parte racional, pues es sumamente densa en lo argumental, y hay que saber seguirla. Más aún, cuando los occidentales no tenemos ni la menor idea de estos mitos orientales que nos trae el director de la forma más universal que puede. En otras palabras, son poco más de dos horas donde no podemos dejarnos guiar por los colores y por los sabores, sino que estamos tensionados, pensamos y lo experimentamos distinto. Somos partícipes del divorcio entre el hombre y la naturaleza.
Pero hasta Miyazaki sabe fallar a veces, y creo que la historia deja bien en claro que hasta los dioses también lo hacen. No puedo dejar de pensar en que, más allá de que es estéticamente sublime, puede perder a gran parte del público en el camino. De por sí, es una animación para adultos, con sangre y violencia que los más pequeños no pueden permitirse. Además de aportar nuevos nombres, mitológicos algunos, a la velocidad del rayo, no se percibe un ritmo que vaya de la mano con el rayo. No podemos seguir del todo la historia, aunque la intuimos sobre el final, y para colmo es bastante lenta. A mí me atrapa cuando la obra lleva una hora completa, prácticamente, y eso no es bueno. No entiendo a qué se debe, pero mi atención comienza a estar puesta en otras cosas, y aunque no dejo de mirar esas flores, esas bestias genialmente representadas, dejo de pensar en el curso de las cosas. La Princesa Mononoke logra reubicarme en el plano e involucrarme, ahora sí de lleno en una historia que gana en secuencias de acción bien montadas, con estupenda musicalización de fondo, y una media hora final buenísima, que cierra una experiencia en síntesis más sensorial que otra cosa. Lecciones da a montones: es un culto al desarrollo sustentable y contra la deforestación, muestra de alguna manera la “venganza de la naturaleza arruinada” y hace circular un mensaje de paz, de armonía entre las cosas, a través del protagonista, un joven que aprende a mirar las cosas sin odio, con amor, y ve que en realidad, la paz es la única forma de volver a la buena vida. Claro como ver a través de un cristal. Pero pese a las buenas intenciones, no me parece la obra maestra que es la ganadora del Oscar “El viaje de Chihiro”. Sin embargo, admiro y respeto profundamente su compromiso medioambiental, social, humano y artístico, muy bien plasmado en esta obra exótica, extraña, de aventuras. No para todos, y quizá para unos pocos, de los cuales mayoritariamente la disfrutarán un poco más que yo.
Puntuación: 6/10 (Buena)

1 comentario:

Roy Bean dijo...

Mi pelicula de animación favorita, junto a todo el paquete "Mizayaki", pero Monoke es especial, junto a esa estupenda banda sonora de Hisaishi. Yo no me canso de verla.

Saludos
Roy