lunes, 31 de diciembre de 2012

Resumen: año 2012.


Un año más se nos va, Una Locura de Película celebró en silencio (porque a su administrador se le pasó de largo la fecha) sus cuatro años de vida, y ahora celebra el final de este gran año, dando paso a uno seguramente mucho mejor. Al menos, eso esperamos. 
Pero el 2012, que bien pudo haber sido bueno en muchas cosas, no fue lo particularmente bueno que esperábamos en materia de cine, algo que se notará en el ranking que ofrezco a continuación, junto al top 5 de los mejores productos de la televisión argentina. 
Muchas felicidades para todos los lectores.


TELEVISIÓN.

Un top 5 de los mejores productos televisivos vistos en el año (TV aire).

5. Graduados. Telefé.

Volvió la comedia costumbrista a la televisión argentina, en forma de fenómeno que ata generaciones y crea personajes entrañables. Uno puede cuestionar su calidad como ficción, pero se ha convertido en uno de los programas televisivos más influyentes, populares e importantes del año, contando con grandes actuaciones (Isabel Macedo, Luciano Cáceres y Mex Urtizberea, para mencionar tres destacados) y unos secundarios de lujo (Roberto Carnaghi, Mirta Busnelli y Juan Leyrado).



4. A todo o nada. Canal 13.
 
Transformando el formato de un programa para la juventud y su viaje de egresados a un sencillo programa para todos los que deseen ir al piso a participar de pequeños y divertidos juegos, “A todo o nada” tiene la suerte de contar con uno de los mejores conductores de la televisión, Guido Kaczka, quien dinamiza su simpleza gracias a sus acotaciones constantes y su punzante humor. 



3. Los unos y los otros. América.

Un producto, si se quiere, destinado al fracaso. Andrea Politti es una de las mejores conductoras, pero a pesar de esto, un horario y temática poco favorables le jugaban en contra. Sin embargo, su simpatía y seriedad mezcladas sacaron el programa a flote, permitiendo que muchas historias y destinos vuelvan a cruzarse: hijos que buscan a madres, que intentan curar las heridas del abandono, u otros que todavía creen en el amor y pretenden confesarlo al mundo entero. Más que notable.



2. Condicionados. Canal 13.

Un unitario cuestionadísimo sobre la industria de la pornografía, que luego fue oyendo las críticas y solucionando algunos de sus principales defectos, para convertirse en un producto casi impecable, con la milagrosa actuación de la mejor versión que puede tener Soledad Silveyra, Leticia Brédice de primera, y un Oscar Martínez en plena forma. Este trío nos mantuvo atentos durante su duración, que aun siendo corta, solucionó bastante bien los conflictos. Uno de los trabajos más infravalorados del año.



1. Tiempos compulsivos. Canal 13.

Si algo le faltaba a la televisión argentina, era esto. Ahondando en la psicología de una serie de brillantes personajes en un consultorio, “Tiempos compulsivos” mezcla el drama diario y la comedia en partes iguales, creando una sustancia tóxica pero adictiva. Contar con Rodrigo de la Serna, Gloria Carrá, Paola Krum y Fernán Mirás en un mismo unitario, es todo un lujo. Más todavía es verlos actuar. Impresionantes todos. Vale mirarlo por ellos, y por todo el genial trabajo que hay en el libreto, más que notorio, un trabajo para nada fácil y que alcanza un nivel altísimo.



CINE.

A continuación, un repaso por todo lo mejor que el cine del 2012 nos dejó. Están incluidas solamente las películas vistas en 2012 con fecha del mismo año.


Extra: Lincoln. Dir.: Steven Spielberg.

Con una minuciosa puesta en escena, Spielberg nos ofrece su visión particular sobre el enigmático presidente de los EUA, Abraham Lincoln, y el detrás de escena de su controversial decimotercera enmienda, que buscaba acabar con la esclavitud en un país golpeado por la guerra. Un biográfico más que correcto, con actuaciones memorables.



Extra: Cesare deve morire. Dir.: Paolo y Vittorio Taviani.


Un docudrama sobre una representación de “Julio César” de William Shakespeare protagonizada por presos. La película, sigue paso a paso los debates internos que surgen en torno a la obra y a la actualidad, confundiendo realidad y ficción, y entregando una de las obras más interesantes del cine social en el año. Ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín de este año, y dirigida por los veteranos hermanos Taviani. 






Extra: De rouille et d’os. Dir.: Jacques Audiard.

Drama romántico sobre un hombre duro que intenta humanizarse gracias a la aparición de una mujer en su vida, y de ella, domadora de orcas que pierde sus piernas en un accidente. Cine intenso, trágico, pero estilizado y azucarado, no del todo fácil de digerir, pero muy interesante. La película más popular del director, con Marion Cotillard en uno de los mejores papeles de su carrera.




10. A Roma con amor [To Rome with love]. Dir.: Woody Allen.

El turista viaja a Roma y, con un elenco que reúne a Alec Baldwin, Ellen Page, Penélope Cruz y Robert Benigni, entre otros e incluyéndose él mismo, escribe una carta a esta hermosa ciudad, en forma de cuatro episodios distintos, hilarantes y con el sello del emblemático director y guionista, portador de un humor único.






9. Los juegos del hambre [The hunger games]. Dir.: Gary Ross.

El director de “Seabiscuit: alma de héroes” regresa a la gran pantalla con la adaptación del best seller “Los juegos del hambre”, una deliciosa construcción futurista sobre unos sádicos entretenimientos en los que compiten dos integrantes de cada uno de los doce distritos de la región hasta la muerte. Literalmente.




8. Beasts of the southern wild. Dir.: Benh Zeitlin.

Una pequeña región, con el avance del derretimiento de los glaciares, está cerca de sumergirse en el agua. En ella, viven sólo quienes todavía creen en el poder de la naturaleza, y que permanecen en reclamo por su lugar en el mundo. Entre ellos, un padre con un secreto y su hija, a quién él alienta a ser independiente. Magnético drama con imágenes poderosísimas y un muy fuerte discurso.





7. Las ventajas de ser invisible [The perks of being a wallflower]. Dir.: Stephen Chbosky.
 
Gran tragicomedia juvenil, sobre un joven introvertido que debe enfrentarse al monstruo de la preparatoria, con una personalidad que no le favorece en nada. O al menos eso piensa él, antes de conocer a un grupo de amigos que cambiarán su vida. Con un elenco que integran Logan Lerman y Emma Watson, es una oferta simpática, muy bien hecha, capaz de transmitir lo que quiere, entretener, cautivar y emocionar.



6. Holy motors. Dir.: Leos Carax.

La película “wtf” del año. Una puesta en escena alucinante, momentos para guardar en los baúles de la historia del cine, una impresionante actuación de Denis Lavant, y un mensaje extraño pero inteligente. Con muchas lecturas disponibles, está destinada a convertirse en un clásico de culto, por muchos bastardeada y por otros adorada, difícilmente deje indiferente a quien la vea.






5. Cloud Atlas: la red invisible [Cloud Atlas]. Dir.: Andy Wachowski, Larry Wachowski, Tom Tywker.

Una producción monumental que ata una serie de historias en diversos tiempos y lugares, con puntos en común. Pocas veces una película nos convence de estar tan bien hecha. Todo es tan perfecto, que es difícil pensar en que tiene cosas malas. Reconozco que casi tres horas de duración pueden resultar extenuantes, pero son tres horas cargadas de cine puro y arrollador, del que no deja indiferente.


4. El caballero de la noche asciende [The dark knight rises]. Dir.: Christopher Nolan.


El final de la trilogía sobre el caballero oscuro llega finalmente a las salas. Con masacre de por medio, esta adaptación no es sólo puro bochinche, sino un cierre increíble para los fanáticos, y también para los más escépticos. Con un villano de lujo, es una película con mucha y muy buena acción que se pasa volando. Muchas virtudes tapan algunos defectos, como su obsesión con la espectacularidad, pero sencillamente es imperdible.



3. Rebelle. Dir.: Kim Nguyen.

El crudo relato de una niña embarazada de 14 años en el que cuenta, entre otras cosas, cuando fue secuestrada por el ejército rebelde y obligada a servirle. Entiendo que para muchos puede ser demasiado golpe bajo, estamos ante una de las obras más terribles del año, que revuelve algún que otro estómago sensible y espíritu frágil, pero el talento de Rachel Mwanza nos hace experimentar su angustia en carne propia.



2. Argo. Dir.: Ben Affleck.

Interesante mezcla de aventuras, thriller político, comedia, acción y drama. La cuestión, es que pocas películas te absorben tanto como ésta: son dos horas de cine intenso, duro, donde es tal la conexión que generamos con los personajes, que sentimos más o menos lo que sienten ellos. Es historia real, por lo que me ahorro de criticarla en sí: aunque no esquivo criticar el modo nacionalista de plasmarla. Que es cosa menor.



1.  Amour. Dir.: Michael Haneke.

Si hay una película capaz de dejarte mudo, destrozado y adolorido, es ésta. Una tierna y conmovedora historia sobre dos músicos retirados, octogenarios, que se deben enfrentar a una parálisis que sufre ella, y cuidarse y acompañarse mutuamente. Con la delicadeza y brutalidad narrativa de un Haneke en su mejor momento, ganador de la Palma de Oro. Uno no puede decir demasiadas palabras cuando acaba de verla, lo único que le salen son lágrimas de la emoción. Obra maestra. 

Lincoln.



Crítica.

[“Lincoln”, S. Spielberg – 2012]


Steven Spielberg es uno de esos directores que no necesitan presentación. Ha logrado combinar varios géneros en su extensa filmografía, con algunas producciones volviéndose más que populares, y otras no tanto, pero usualmente satisfactorias. A mi juicio, sus mejores obras son aquellas que relatan algún dilema sociopolítico o algún acontecimiento histórico de gran relevancia. De ahí, que tras dirigir “Munich”, no haya vuelto a entregar otra obra maestra. Su visión sobre el conflicto palestino israelí tras lo sucedido en los Juegos Olímpicos de 1972, alcanzando un nivel de excelencia, tal vez jamás será igualada. Y así, su “Lista de Schindler”, que es sencillamente una de las obras más significativas de la década de 1990, sino una de las más importantes de la historia del cine. Es decir, que uno no puede evitar tener expectativas por “Lincoln”, su nuevo trabajo, protagonizado por los ganadores del Oscar Daniel Day-Lewis y Tommy Lee Jones, sobre el Presidente de los Estados Unidos durante los últimos años de mandato y describiendo el backstage de la aprobación de la polémica decimotercera enmienda. Más, cuando suena fuerte para todas las entregas de premios.
Al comenzar esta extensa biografía sobre Abraham Lincoln, confieso haber tenido miedo de que el retrato del presidente acabe siendo menos interesante que el de “cazador de vampiros”, pero por fortuna, el talento innegable de uno de los mejores intérpretes vivos para darle compostura y un tono suave pero a la vez poderoso al personaje, hacen que junto al guión de Kushner, el protagónico se vuelva psicológica y emocionalmente más espeso y complejo. Algo que debe agradecerse, pues es nuestro nexo con un drama político que corre los riesgos, por la temática y la duración, de perder a muchos espectadores no tan interesados. Si hay algo en lo que se destaca esta producción, es en la labor de su elenco: todo el reparto está más que correcto, y quizá quien más desentona es Sally Field, quien tras una entrada poderosa, parece estar recitando, como esas excéntricas actrices de teatro, al mismísimo Shakespeare. O tal vez los que desentonen sean los demás: después de todo, “Lincoln” es tan clásica, que podría haber sido rodada en blanco y negro, y bien parece estar siguiendo, si nos centramos en las entregas de premios, la línea de películas más conservadora, como “El discurso del Rey” o “El artista”. Porque aunque se trate de un director al que muchos llaman visionario (yo me abstengo de dar juicios positivos de un director tan influenciable por las masas, que hace cine pensando en el público y no en él, cosa que muchos le estarán agradeciendo), no muestra una osadía en lo cinematográfico, no arriesga nada, pudiendo convertirse en un biográfico más, tal vez excelente, pero sin el brillo que la destaque por sobre las otras. Elegante puesta en escena, impecable dirección artística, gran trabajo de vestuario. ¿Y qué más? Casi todas las grandes, y hasta las no tan grandes películas biográficas ambientadas en tiempos pasados, tienen estas cosas. Algunas, como “El discurso del Rey”, también tienen la suerte (o no) de ser más hilarantes y de tener a Hooper detrás de las cámaras, con unos planos para chuparse los dedos, mientras que Spielberg filma desde la chatura de la vieja escuela, sin arriesgar los ases.
Muchos han criticado la falta de veracidad de ciertos aspectos de la historia, aunque no me siento calificado para cuestionar esto, por dos motivos fundamentales: primero, que ignoro los detalles históricos; segundo, que supongo que debe tener que ver con la obra en que se basa, y de la que se adapta el guión. Por lo tanto, no creo que sea necesario juzgar este tipo de cosas, más cuando el cine muchas veces acaba volviéndose manipulador y fantasioso. Prefiero apuntar todos los aciertos del film: tiene algunas escenas que son excepcionales, y no son pocas, como el momento donde se plasma el ejemplo de la igualdad como principio autoevidente, la (primera) justificación de la decimotercera enmienda, o alguna que otra graciosísima anécdota contada por el gran storyteller Abraham Lincoln. Pequeños detalles hacen que esta gran radiografía circense de la política americana, sea mucho más accesible para el público, inesperadamente divertida, algo más que ágil y muy bien actuada. El guión ayuda, aunque se tome bastante trabajo en recalcar a Lincoln como un héroe nacional. Cosa que no me parece mal, a fin de cuentas, aunque los medios para llegar al fin (la aprobación) hayan sido bastante turbios. Son dos horas y media de cine trepidante y astuto, con escenas que en particular son demasiado buenas. Quizá el conjunto me deje algo frío, pero es innegable cómo todo lo que tiene a favor nos acaba convenciendo de que “Lincoln” es, con todo, un drama biográfico histórico-político imperdible.
Puntuación: 6/10 (Buena)


Trailer subtitulado al español.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Valiente.




Crítica.

“Valiente” [“Brave”, M. Andrews, B. Chapman, S. Purcell – 2012]


Nuevamente Disney y Pixar vuelven a dar cátedra de animación con “Valiente”, un largometraje con un par de puntos novedosos que vale la pena destacar. El primero, es que el rol de la guerrera lo tiene una mujer: ella es princesa, y domina el arco como ningún otro hombre en el reino. El segundo, es que no tengo registros de Pixar contando la clásica historia de una princesa, lo que parece dejarnos en claro que se trata de un trabajo donde el sello Disney puede distinguirse en mayor medida que el del estudio que todos los cinéfilos admiramos, a pesar de que haya hecho cosas como “Cars” y “Cars 2”. Es que la trama podrá ser típicamente Disney, y en sí bastante simple y no tan ambiciosa en lo moral, pero marca un nivel de producción inalcanzable, donde los personajes y los escenarios adquieren un realismo sobrecogedor, cuadro a cuadro, que enriquece todo aquello que vemos. El cabello rojo de Mérida, los fueguitos azulados, le dan una luminosidad que contrasta a la perfección con lo que se quiere contar: ante todo, una intrincada odisea de una adolescente rebelde que ha cometido un error fatal y quiere remediarlo inmediatamente. Aunque a veces, como dicta la lección, eso no es suficiente.
Mark Andrews, Steve Purcell y Brenda Chapman están a cargo de la dirección: hay un notable trabajo de ellos para recrear este universo medieval, algo que realizan con total soltura. Si algo no puede criticárseles, es que “Valiente” es algo que se ve bien, y punto. Luego está el guión, sobre la idea original de Chapman, que sin alcanzar la excelencia y aun siendo imperfecto, logra esquivar las moralejas y el drama lacrimógeno de las anteriores obras del estudio Pixar, principalmente las más aclamadas. Esto no significa que sea inferior a las otras, y realmente no lo creo: es algo distinto, un canto a la autodeterminación, a la igualdad de género, y ante todo, al respeto absoluto de la institución familiar, real, en una especie de homenaje a la gran familia que ha dejado en tierra Steve Jobs, a quien está dedicada la película en los créditos finales.
El inicio, así como muchas de las ideas más brillantes, bien pueden alcanzar un nivel de repetición tan constante como irrisorio, un error en el que están cayendo muchas producciones últimamente, que sufren de la inseguridad y creen que enfatizando sus brillantes ideas pueden sacar un desastre a flote. Lo bueno, al menos en este caso, es que “Valiente” dista mucho del desastre, y no necesita de un prólogo que parodia, o así parece, a “Diario de una princesa”. Bien puede necesitar del humor que le hace falta para cubrir estos blancos, pero que tampoco se hace realmente necesario. La misma acción parece ser la rueda que hace funcionar a este novedoso largometraje animado y cobrizo, con coreografías de violencia tan bien filmadas que sorprenden. También se vuelven un hilo conductor las canciones, en este caso varias lo suficientemente buenas como para marcarlo: dos de ellas, puntualmente simpáticas y medianamente profundas, son “Touch the sky” e “Into the open air”, que musicalizan dos pequeñas odiseas donde Mérida se entrelaza con la naturaleza, aunque de maneras totalmente opuestas y en circunstancias muy diferentes.
La cuestión, es que la flecha roza el blanco con dirección de expertos. No es lo mejor dentro de la animación, pero es una labor loable considerando el nivel del corriente año. Claramente dividirá al reino de las opiniones, y lastimará a quienes siendo tan fanáticos de “Wall·e” y “Up”, sientan que “Valiente” es el segundo tropiezo consecutivo de un estudio que empieza a mostrar públicamente las costuras. Lo cierto es que, si ponemos la mente en blanco, seguramente nos sentiremos atraídos al curso de los acontecimientos, a la agilidad con la que interactúan los personajes (pese a que muchos secundarios estén desaprovechados), a esa magia que emana el lugar: una oscuridad por momentos embriagadora y, aunque a veces engañosa, será la que nos haga pensar, y no tan equívocamente, en que estamos frente a una gran película.
Puntuación: 6/10 (Buena)

sábado, 29 de diciembre de 2012

Rebelle.




Crítica.

[“Rebelle”, K. Nguyen – 2012]


Resulta que hubo vida más allá de “Cesare deve morire” en el Festival de Berlín, y el recorte de películas seleccionadas a competir por el Oscar a la Mejor Película Extranjera, hizo que muchos nos diésemos cuenta de que habíamos dejado pasar una de las propuestas más arriesgadas del año. Se trata de la canadiense “Rebelle”, una dura historia que nos invade, siguiendo algunos de los lineamientos éticos de “Incendies”, y enfocándose en un conflicto bélico en algún lugar de África. En ningún momento del largometraje se precisa el espacio y el tiempo, algo que puede complicar la percepción de una trama compleja en sí: el hecho de que uno no pueda contextualizar los tristes acontecimientos que se narran, la aleja del corazón de uno. Y a pesar de esto, es innegable el poder de encantamiento que tiene un drama como éste sobre nosotros: es una hora y media que cambia de escenarios constantemente, y que nos arrastra siempre a un lugar interesante. Ya sea desde la primera transición (del drama al romance) o desde la segunda (del romance al drama), hay algo que queda más que claro: las palabras con las que Rachel Mwanza, intérprete protagónica, nos introduce a su desafortunada historia, parecen ser un extraño hechizo que nos atrapa casi de inmediato, como invadiendo nuestro cuerpo y luego revolviendo nuestro espíritu.
Si resumimos el argumento como “la increíble y triste historia de amor entre el mago y la bruja”, muchos pueden llegar a pensar, y no los culpo, que estamos frente a un ejemplar de la más pura fantasía. Alguno imaginará un unicornio dando vueltas al mundo, tal vez, porque se trata de la primera impresión. Por desgracia, al menos para los fanáticos del cine fantástico, no hay lugar para la magia. Y aunque la sociedad esté atada a este tipo de creencias, sobra realismo, y del más crudo. “Rebelle” es, en líneas generales, todo lo que alguna vez ha soñado Pablo Trapero de su “Elefante Blanco”, que no sabe contar historias. Y lo digo, porque la canadiense repara los errores de una obra fallida como “Elefante Blanco”, haciendo hincapié en la naturaleza humana, en las emociones, en la ficción (véase: rol de madre de una niña de catorce años, que le cuenta a su hijo una historia antes de nacer, disculpándose con él, acostumbrándolo a un modo de vida despiadado y cínico), y no tanto en que se vea u oiga bien, que dicho sea de paso, es un hecho.
Un ritmo que jamás da lugar al aburrimiento, nos guía a los lugares más recónditos y exóticos del África, región indeterminada donde una organización guerrillera que recoge voluntarios y secuestra civiles, se opone a muerte al gobierno de turno. Si vamos al caso, el que sea indeterminada puede suponer una identificación con muchos de los movimientos sociales antigubernamentales ocultos en selvas (sin ir más lejos, se me ocurre uno de los más famosos en Latinoamérica, en la Selva Lacandona), o en caso contrario, puede suponer que al director no le interesa reforzar su obra como crítica social específica, y sí demostrar su inagotable interés por la cuestión humana, por los valores (la dignidad e integridad, la culpa y la redención), donde la dureza de muchas de las angustiosas escenas que inundan este trágico drama bélico, son un medio para simpatizar con el personaje principal, una Rachel Mwanza que no puede describirse con palabras, ni con imágenes, ni con cualquier cosa que exista en el universo. Su interpretación, de una infinita emotividad, principalmente en el segundo tercio (vale aclarar que escenas como las del gallo blanco merecen un elogio), es cosa de dioses. Una muchacha que bien sabe cargar el Oso de Plata recibido a principio del año, ayudada por el correcto guión y la impecable dirección de Kim Nguyen, quien demuestra que en tiempos donde todo está dicho, las fórmulas pueden revertirse, el público todavía puede sorprenderse, amargarse y asquearse, el cine puede renovarse. “Rebelle” es una cosa de locos, una tragedia sobre la condena irreversible, sobre la implacable violencia, y sobre las esperanzas por un mundo mejor. O al menos, todo lo mejor que nuestras sociedades nos lo permitan.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

jueves, 27 de diciembre de 2012

Paranorman.



Crítica.

[“Paranorman”, C. Butler, S. Fell – 2012]


Chris Butler y Sam Fell, traen a la gran pantalla una elogiadísima cinta animada, “Paranorman”, una interesante y crítica película para chicos no tan chicos, que parodia el mundo del terror (como forma de ocio, y no como forma artística, como sí lo hace “Frankenweenie” de Burton), con un estupendo stop motion y un notable trabajo de producción. Todo lo que en general puede llegar a convencer a los críticos más duros, y por qué no, a la audiencia. La historia gira en torno a Norman, un sujeto con el don de interactuar con gente muerta: ese sexto sentido, que utiliza para no sentirse tan solo, es a su vez el que lo excluye de la sociedad. Sin embargo, una maldición obliga a Norman a mediar entre las fuerzas oscuras y la paz del lugar. Pero debe lidiar, ante todo, con el escepticismo del pueblo, que juzga y etiqueta siguiendo los relativos y absurdos criterios de normalidad o anormalidad.
“Paranorman” puede llegar a confundirse con todas las recientes propuestas del cine animado que mezclan comedia y terror. Esta viva tendencia, debe generar a su vez distinciones. No podemos incluir en un mismo conjunto a “Paranorman”, porque parece ser diferente. El elemento clave acá es, como casi siempre, el discurso. Si nos ponemos a analizar la realidad actual, ya sea a escala mundial o solamente en terreno estadounidense, notaremos que el “bullying” se ha vuelto un tema bastante controversial. De hecho, el término se utiliza ahora con más naturalidad que nunca, porque engloba tantos casos recientes hechos públicos como los que todavía se mantienen en el corazón perturbado de las víctimas. El eje es la escuela: el lugar donde confluyen múltiples identidades socioculturales, contrapuestas o yuxtapuestas muchas, dependiendo del caso. Para burlar y condenar las etiquetas, el guionista, Chris Butler, las usa para la construcción de sus personajes. Usa, como se dice normalmente, el atajo más seguro. Sabe que con individuos arquetípicos tiene asegurados buenos chistes (y risas), buenos remates (y más risas) y moralejas (con posible reflexión). Para ello, todos los jóvenes pertenecen a algún grupo: el protagonista claramente es un geek, de las especies más maltratadas en centros educativos americanos; su hermana es la típica porrista, rubia tonta que masca chicle y se devora al mundo; su acosador es un tonto, que hasta posiblemente haga skate, y es bruto; su amigo es gordo, y por lo tanto, tiene la obligación de ser bueno y simpático. Se etiquetan las etiquetas en una secuencia insoportable donde, en lugar de burlar los estereotipos, está cayendo en sus encantos. Y lo peor, es que el largometraje se toma aproximadamente una hora para burlarlos todos.
En la idea principal, en la original, puede percibirse madurez. Alguien que decide realizar un largometraje dirigido hacia los niños, que toca temas como esos, debe tener en cuenta que, aunque la comedia sirva para llamar la atención, la seriedad debe priorizarse ante todo. Sin embargo, hay momentos, donde el humor parece irse de las manos, las escenas se vuelven incontrolables (como si se sucediesen unas a otras sin mediación de los directores o editores), y puedo mencionar alguno: hay dos secuencias puntuales donde se sugiere que el tío abusa de su sobrino, o que tiene extrañas intenciones. Quizá no están hechas con ese fin, pero que el protagonista exclame “mi tío entró a mi baño”, o que el tío le pase la lengua por la boca a su sobrino, se ve extraño. Y no lo digo porque sea una cinta infantil: es nefasto para cualquier persona. Son pequeños detalles donde se evidencia la desatención de los directores. Luego está la comedia, ese magma que tantos guionistas fuerzan. Llega un punto, donde siento que Butler tiene ganas de hablar y criticar cualquier cosa: ve un gato, y ya tiene algo que decir al respecto. Ese humor de sit com bizarro y a veces idiota, como el chiste sobre la policía (“¿Qué hacen disparándoles a los civiles? Eso le corresponde a la policía”), pueden hasta incluso sonar graciosos una vez, o dos veces, pero luego es abuso.
Sin embargo, no todo es un error en “Paranorman”. Como he dicho anteriormente, tiene una animación sobresaliente, que alcanza a lucirse sobre todo en los veinte minutos finales, donde los efectos visuales conquistan la retina de la audiencia. Marcan, en síntesis, la diferencia. Y además, cosa que merece ser aclarada, coincide con el punto en el que la historia comienza a tomar nuevos caminos, más rebuscados, reflexivos, y maduros, que parece ser el objetivo principal: no es la primera película que habla sobre la enorme brecha entre niños y adultos (“El secreto”, “El niño con el pijama de rayas”), pero sí que está bien planteada; es más, hay momentos donde uno siente impotencia. Esa es una buena señal. Porque demuestran que hay coherencia y madurez después de todo, y que hay interés en mejorar las cosas. El final no está a la altura del resto, porque lo supera ampliamente. Nos deja pensando en algo, al menos. No soy de conformarme con poco, es una película floja, pero sé reconocer también lo bueno.
Puntuación: 4/10 (Regular)


Trailer subtitulado al español.
Casey Affleck totalmente reconocible.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Amour.



Crítica.

[“Amour”, M. Haneke – 2012]


Cuántas veces escuché decir sobre “Amor”, que era ésta la primera película humana de Michael Haneke. Sorprendido, hice una revisión rápida de su filmografía, y no pude ignorar que todas, aunque reflejasen aspectos “inhumanos” de la sociedad, no eran sino estudios humanísticos, que él realizó en el marco de las clases mejor acomodadas, principalmente la burguesía europea. Una clase social en sí sola, con su lenguaje, sus costumbres, sus culturas, sus pianos y bibliotecas, sus reuniones semanales con vino tinto y buenos modales. Puede que sea la menos inhumana, por el tipo de planteos que hace (y hasta puede ser discutible), pero me niego a pensar que Haneke se ha vuelto humano de golpe: siempre fue uno de los mejores sociólogos que parió el cine moderno, con una visión retorcida y realista de nuestra especie, sin edulcorantes artificiales y escapando a la visión idealista, que posiblemente considerase parte de romanticismo, es decir, algo pasado de moda.
Georges y Anne, los dos protagonistas, son músicos retirados que alguna vez, sospechamos, han gozado de esta buena vida: el inicio nos muestra al matrimonio asistiendo a un concierto, felices, antes de atravesar un duro revés: ella, ante el fracaso de una operación, sufre una parálisis que la inmoviliza. Una promesa marca el inicio de un nuevo modo de vida: él, mirándola a los ojos, le promete que no la volverá a llevar al hospital. Y se decide a cuidarla hasta el momento de su muerte, a la que ella parece ver con cierta cercanía, y debatiéndose entre la familiaridad y el terror. La muerte es, en efecto, una fase más de la vida de los hombres, claramente la última, pero no demasiado importante. El director la banaliza en breves escenas donde, con un humor inesperado para la audiencia y bastante genial, uno siente hasta ridículo organizar un funeral multitudinario pues “no diremos nada, aunque no concurra nadie”. La muerte es inevitable, desde luego, pero no es nada de otro mundo. Durante las dos horas de metraje, siento que Haneke exclama a gritos que no hay nada más sobrevalorado que la muerte, y lo hace con sus sutilezas, con su ritmo pasado, con el dolor en vida.
Literalmente, merecen un párrafo aparte los intérpretes. Isabelle Huppert, creo que la actriz que más ha trabajado con el director, realiza una actuación impecable, que en breves apariciones muestra a la perfección su perfil de hija, no muy distinta al de mujeres que han formado su familia, y que atraviesan un amor frustrado, chiquito, insignificante. Jean-Louis Trintignant, ofrece la mirada sensible, los ojos tristes, las manos temblorosas, el rostro adolorido, el carácter fuerte. Ningún personaje este año está mejor trazado que éste: es el que más parece identificarse con el cine del autor, tiene una fuerza emocional impresionante, posiblemente la fuerza del amor por ella, pero la de un presunto desprecio por los demás. Y Emmanuelle Riva, el cuerpo del experimento, la protagonista de la mejor degeneración física del cine, junto a la de Meryl Streep en “Cosas que importan”: muy difícil evitar emocionarse con su rostro envejecido repentinamente, sus ojos perdidos en el horizonte, su mano tiesa y los pequeños intervalos de su vida en los que realmente siente que quiere bajar los brazos. Un elenco que simplemente da escalofríos, dos actuaciones que ni siquiera merecen premios, porque todos los premios son demasiado poco para reconocer semejantes personificaciones.
Michael Haneke logra su película más redonda, aunque me rehúso a perder el tiempo peleándome conmigo mismo sobre si es o no la mejor de su carrera. Más, cuando toda su obra es una maravilla. La cuestión, es que sufrí mucho con este amor desgarrador, con la desnudez de sus personajes, con la sencillez de su guión. Mucho más sufrí después, cuando pensé en ella, hablé sobre ella, y mis ojos se llenaban de lágrimas. Si vamos al caso, y la pensamos fríamente, tiene la fórmula perfecta para los críticos más quisquillosos: ¿qué lector nunca leyó una crítica negativa para un romance “sensiblero”? ¿quién nunca leyó la palabra “cliché” en una crítica de cine? Acá, el director usa claramente la herramienta del anti-sentimentalismo (no hay contacto físico de ningún tipo, más que el cotidiano), y emociona más que cualquier obra romántica. La osadía hecha carne: el romance verdadero, el que se contagia con una simple mirada, y no gracias al acto sexual. Cumbre del género romántico, la obra anti-romántica por excelencia, y seguramente la más conmovedora que vean.
El realismo es cosa de Haneke, y pocos lo manejan tan bien. La cotidianeidad nos hace partícipes de la carrera de la vida que atraviesa el matrimonio, incluyendo cada uno de los obstáculos que debe atravesar. Pero hay que admitir que acá, como nunca lo ha hecho, incluye metáforas para transmitir sensaciones, también sueños e imágenes. Cosa tan inesperada cono el humor, en una obra que parece mezclarlo todo: cada recurso, cada línea, todo es una sola cosa. Y ahí está, una de las mejores escenas que recuerde: ella, sentada al piano, tocándolo. Él la observa, se oye música de fondo, todo es bello. ¿Ella está tocando el piano? Su rostro refleja felicidad, que bien puede parecer realidad o mera ilusión. Y de golpe, la música se detiene abruptamente, como la vida misma. De un segundo para el otro, todo se corta. Todos los lazos con la vida, se quiebran irremediablemente. Uno deja todo, desde sus costumbres hasta sus pecados, pero el amor se lo lleva consigo, porque nunca se acaba. No sé si éste es un drama hecho con amor, pero tal vez se trate de la mejor película de la década.
Puntuación: 10/10 (Sobresaliente) 

lunes, 24 de diciembre de 2012

Frankenweenie.



Crítica.

[“Frankenweenie”, T. Burton – 2012]


El aclamado director Tim Burton nos ofrece su primer largometraje animado desde “El cadáver de la novia”, siempre preservando su singular estilo, bastante sombrío, con personajes pálidos y de ojos grandes, una música tétrica y colores opacos en un ambiente nocturno, que encastran a la perfección. Nadie duda de los alcances que su particular animación tiene desde el punto de vista artístico, pues desde “Coraline” (dirigida por Henry Selick, y que él produce), uno no puede sino admirar la destreza visual de los personajes, seres cadavéricos que cobran vida con el transcurso de los acontecimientos, y nos meten de lleno en la historia. En “Frankenweenie”, esto desgraciadamente no sucede, pero no por tal motivo uno debe desechar un producto por momentos inteligente y sensible. Que no supere un viejo trabajo, no debe causar ninguna desilusión. Que no conforme al espectador por sus propios logros, sí.
Víctor, un niño solitario, entusiasta y gris, se embarca en un difícil proyecto de ciencia, animado por el profesor de la escuela, con un fin personal: la resurrección de su perro, Sparky, a quien un automóvil ha dado muerte en la vía pública. Jugando con la física y la electricidad, logra su objetivo, pero su mascota empieza a tener un extraño comportamiento: sus ojos brillan en la oscuridad, y un tornillo que lo atraviesa todavía conserva la energía que él necesita para sobrevivir (como una batería). Cuando sus compañeros y competidores de la ciencia se enteran del experimento, comienzan a copiar los principios básicos que han acercado a Víctor al milagro de la resurrección, pero las cosas se salen rápidamente de control.
Al margen de que los fenómenos paranormales que afectan al simpático Sparky nunca sean explotados ni reiterados en el film, “Frankenweenie” se ubica en el mapa como un original homenaje al cine de terror de antaño, y por qué no, un homenaje al cine en general. El inicio, con gafas 3D y un cortometraje casero, nos introducen a la magia del cine del mismo modo que la estación y las persecuciones lo hacen en “La invención de Hugo Cabret”. Y luego, van apareciendo las referencias al cine de terror de los años 20 y 30, la mayoría muy obvias y poco inteligentes (el blanco y negro, un personaje de apellido Van Helsing, otros de apellido Frankenstein), y unas pocas en cambio más sutiles (La momia, Drácula). Como película, pertenezca al género que sea (comedia, terror, drama, suspenso), no le encuentro otro sentido que no sea rendir tributo al cine en general. Si vamos al caso, no es una cinta para chicos (aunque en ningún momento sea explícita, algo que confunde), aunque dudo que algún grande esté interesado en verla. Sólo queda para aquellos que conocen el cine en blanco y negro, principalmente de terror, y agradecen que alguien lo recuerde después de ochenta años. Hay un recorte importante de público, lo que la perjudica increíblemente: el discurso acaba varado en tierra de nadie, e insisto, seguramente acabe haciendo babear a los cinéfilos.
Con un perro que hace de las suyas en una casa prendida fuego, al modo de la ganadora del Oscar “El Artista”, “Frankenweenie” es entretenimiento asegurado al modo de un Jimmy Neutron en un hipotético especial para Halloween: me imagino al inventor de cráneo voluminoso acercándose a la fórmula de la resurrección, luego generando problemas, y luego salvando a la humanidad. La estructura es exactamente la misma. La única diferencia bien puede ser la que marca Danny Elfman, un compositor de primera, y que acá marca el pulso de la historia. Es más, su composición planta la cereza del drama lacrimógeno al principio, de la forma más manipuladora y aberrante que su filmografía pueda dar testimonio. Pero al margen de mi disconformidad con algunos aspectos de la película, estoy satisfecho, porque usualmente no pretendo demasiado de un “autor” que se repite a sí mismo, como homenajeándose solo. Y puedo ir más allá, citando a Burton, o mejor dicho a uno de los personajes: el éxito de las experimentaciones tienen que ver no sólo con la mente, sino con el corazón. Algo que jamás puede criticársele a alguien que se ama demasiado a sí mismo.
Puntuación: 4/10 (Regular) 

domingo, 23 de diciembre de 2012

Ruby, la chica de mis sueños.




Crítica.

“Ruby, la chica de mis sueños” [“Ruby Sparks”, J. Dayton y V. Faris – 2012]


“Ruby, la chica de mis sueños”, una comedia que marca el regreso de Valerie Faris y Jonathan Dayton, directores de la galardonada cinta “Pequeña Miss Sunshine”, parece tener ecos borgianos. Quienes conocen el estilo de Jorge Luis Borges, uno de los escritores más prestigiosos que ha tenido la Argentina, pueden dar cuenta de ello. La trama, con una premisa que puede resultar a simple vista abrumadora, se centra en la solitaria vida de un exitoso escritor, interpretado por Paul Dano, que sufre un bloqueo y deja de escribir por un tiempo. Esto se corta cuando, en un golpe de inspiración, él vuelve a escribir sobre una mujer: ella es Ruby, una artista a la que conoce en sus sueños, y que parece ser la encargada de devolverle la tranquilidad hasta que se materializa en su propio departamento.
Comienzo a pensar, repentinamente, en todas las películas con un trasfondo fantástico que he visto. Se me viene a la cabeza una de los años 90, que he visto hace poco: “Groundhog day”, con Bill Murray. Y pienso en ella porque es el estereotipo de comedia fantástica que quiere ir más allá de lo que puede soportar (un día que se repite una y otra vez, hasta que un final tonto resuelve la situación). Entonces, al encontrarme con tan ingeniosa propuesta de la guionista Zoe Kazan, quien además protagoniza la obra, no puedo sentir otra cosa sino miedo. Siempre intento tener confianza en aquellos que portan frescura y nuevas ideas, pero de algún modo, sus fracasos acaban dándome la razón. El desenlace acaba por arruinar el conjunto. Pero, sin precipitarme, prefiero enfocarme en las impresiones previas al final, que no son pocas.
En primer lugar, Paul Dano me parece una buena elección para interpretar a Calvin, este problemático, y hasta podemos decir neurótico sujeto. Pero siento que, en varios momentos, y seguramente por órdenes de los directores, hay un exceso de energía que tiende a infantilizar algo no sólo serio, sino potencialmente perverso. Movimientos del muchacho a lo largo de la escalera banalizan un poderoso drama sobre las relaciones de poder. Revisemos: un escritor tiene en su máquina de escribir, o vaya uno a saber dónde, el arma para inventar a alguien a su medida, o de la forma que se le antoje. Esta aspiración a la creación divina, un acto de soberbia, puede detectarse en el fabuloso relato de Borges “Ruinas circulares”, donde un hombre sueña e inventa, jugando a ser un dios creador de la perfección en su forma humana, algo paradójico de por sí. La música, genial trabajo de Nick Urata, aplica el tono de gravedad a la situación: se trata de un caso de manipulación cruel, donde ella es simplemente un títere. ¿Es necesario el forzado tono de comedia, cuando las mismas bizarras situaciones pueden generar risas en el espectador? No, para nada.
En segundo lugar, la manera en que las situaciones se van dando son originales e interesantes. El primer momento en que el personaje de Zoe Kazan habla otro idioma, es simplemente para partirse de la risa. Ahora bien: cuando el escritor comienza a experimentar en exceso, para el espectador, la cosa pierde su gracia. Porque “Ruby, la chica de mis sueños” parece esforzarse por trivializar lo sorprendente. Hace que todos los puntos notables del film se vuelvan algo del montón, como intrascendentes. Es deshacer el castillo de naipes de un manotazo. Sólo porque sí. Reconozco, eso sí, que hay momentos para atesorar en la memoria. Porque si algo sobra en esta gran tragicomedia, son situaciones cómicas.
En tercer y último lugar, ahora sí, el final. Cuando ya nos hemos adentrado al inconsciente del escritor, al escalofriante goce que recorre su cuerpo cuando siente el poder en sus manos, o cuando ya nos hemos percatado de que “Ruby…” no es una comedia, sino un drama con humor del bueno (es decir: que ya detectamos su calidad y su seriedad, a pesar de todo), llega el final. Unas simples frases que el escritor le dice a su psicólogo (pero que en realidad, parece estar diciéndoselas a los espectadores) también banalizan la búsqueda de una hipótesis medianamente racional (o metafórica), que es lo que cualquier persona busca cuando se cruza con un producto cultural. Y aunque reconozco que la última escena está bien lograda, siento que no se le hace demasiado honor a una idea tan explosivamente buena que, con pulir el guión y encomendárselo a otro director, ya huele a obra maestra.
Puntuación: 5/10 (Floja)    


Trailer subtitulado al español, para interesados…

sábado, 22 de diciembre de 2012

The angels' share.




Crítica.

[“The angels’ share”, K. Loach – 2012]


El veterano y ya desgastado, al menos para mí, cineasta británico Ken Loach, regresa a la gran pantalla con “The angels’ share”. Como muchos saben, Loach es uno de los hombres más mimados del Festival de Cannes, habiendo recibido decenas de premios por películas bastante mediocres, incluyendo la galardonada con la Palma de Oro, reseñada hace no mucho, “El viento que acaricia el prado”. Su más reciente trabajo, bastante sencillo por cierto, centra la acción en un personaje violento, que vive en un mundo más violento y contagioso, y que debe cumplir una determinada cantidad de horas de servicio comunitario mientras viejas deudas lo acechan, lo golpean, y lo tientan a comportarse mal. Tras el nacimiento de su hijo, comienza a replantearse la posibilidad de ser bueno nuevamente, pero ¿todavía está a tiempo? ¿acaso estas personas, que alguna vez han formado parte de su pasado agresivo, lo dejarán reconstruirse a sí mismo y formar una familia lejos de todo? Para ello, necesitará la ayuda de unos nuevos amigos, a los que conoce haciendo trabajos para la comunidad, compensando un acto delictivo. Sin embargo, las puertas se abren de golpe cuando descubre el whisky.
Con una musicalización de primera, que se luce en la hora introductoria, vamos adentrándonos en este oscuro personaje: extraído directo del bajo mundo, con cicatrices que recorren su semblante, sangre que brota más por instinto que por provocación, y una mirada iracunda, comienza a caminar repentinamente por el sendero del bien, alumbrado por el milagro de la paternidad. Y curiosamente, hay un esfuerzo notorio por forzar al espectador a que se sienta a gusto bajo la presencia de este delincuente, sujeto impulsivo a quien las ganas de cambiar no le sientan con demasiada veracidad. Aunque reconozco el talento del intérprete, debo decir que no me parece bien escrito: y lo que es peor, las emociones que arranca al espectador son producto de la manipulación, siempre presente en las películas de un director carente de naturalidad. No tiene la complejidad de otros enigmáticos sujetos del cine, como Travis (“Taxi driver”) y otros no tan enigmáticos pero más logrados, como Mía (“Fish tank”), algo que bien puede volver mucho más rico un drama (o una comedia dramática) bastante estándar.
El remate se da en los cuarenta minutos finales, cuando el argumento, todavía resistente a las malas decisiones y elecciones, acaba por descarrilarse. Admito que es donde el rol del director se hace más relevante, pues debe crear una atmósfera absorbente de suspenso y aventuras que está bien lograda; sin embargo, el conjunto acaba por resultarme una estupidez. No existe una correspondencia entre una parte y otra, una mala soldadura que acaba afectando el todo. Claro que, en estas instancias, ya nos hemos encariñado forzosamente con nuestro antihéroe y su ejército de ladrones y borrachos, y podemos gozar de la canción final, al ritmo de The Proclaimers, y de la escena en general. ¿Pero qué clase de satisfacción real puede obtener uno cuando ha sido manejado como un títere? Me queda esa sensación de engaño, de estafa, de haber probado un trago demasiado rebajado y con un gusto pestilente. Trago que, vale aclarar, ni siquiera sirve para embriagarme y hacerme reír de cualquier estupidez, que es lo que tranquilamente podría haberme sucedido viendo “The angels’ share”, la nueva propuesta de uno de esos directores que, cuando llegan a una determinada edad y a un determinado punto de sus carreras, deben comenzar a plantearse la posibilidad de abrirse un bar y vender whisky, o una fábrica de panqueques. El cine, o Cannes, los acoge con los brazos abiertos, como al tío loco que hace garabatos con sus pinceles y todos lo aplauden para no ofenderlo. A mí, honestamente, ya me tiene bastante cansado.
Puntuación: 4/10 (Regular) 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Holy motors.



Crítica.

“Holy motors” [L. Carax – 2012]


Existe ese subgénero del cine original (el que nace como respuesta a las críticas furiosas contra los lugares comunes) que plantea más preguntas que respuestas y deja intranquilo al espectador. Cada año que pasa, muchos directores experimentan más y más con esta estrategia, que de paso sirve para paliar la falta de imaginación. Puedo remitirme a, por ejemplo, el señor David Lynch y sus trabajos más recientes, “El camino de los sueños / Mulholland Drive”, “Imperio” o “More things that happened”, donde el surrealismo exacerbado es producto de este afán de innovar, de inquietar. La crítica, o gran parte de ella, parece estar muy contenta con esta nueva manera de hacer cine. El propio Lynch en su “Mulholland Dr.” propuso una especie de juego, en el que él daba pistas para que nosotros resolviésemos el misterio que ocultaba la película. Algo arriesgado pero distinto, que concebía al cine como un gran policial. O a su cine, mejor dicho. Y llega, en esto, Leos Carax, quien revuelve toda la estantería de nuestro sosiego y nos invade de dudas, de signos de interrogación. Otro científico de la cinematografía contemporánea, que mezcla sustancias y crea.
“Holy motors” muestra a un sujeto, encarnado por Denis Lavant, encerrado en una limusina como Robert Pattinson en “Cosmópolis”, pero saliendo de vez en cuando a cumplir con una tarea que le es asignada por medio de una carpeta. Cada “tarea” tiene que ver con una personificación distinta, realista, donde él se ayuda del maquillaje y de su imaginación para, dentro de esta gran farsa, hacerse pasar por un mendigo, un padre o un banquero. Carax, utiliza toda su destreza visual y su gran manejo escenográfico para confundirnos, para hacernos dudar entre qué es ficción y qué no, o para cuestionarnos más sobre la filosofía que rige nuestras vidas: ¿acaso nuestra vida es una gran ficción? Y de ello, que sean aproximadamente una decena de episodios distintos, con personajes distintos, con fases y escenarios distintos, pero un mismo hombre. El hombre animal, el hombre compasivo, el hombre necesitado, el hombre asesino, todos el mismo hombre, pero en diferentes facetas. “Holy motors” parece mostrarnos las distintas fases de la vida, así como todas las identidades que vamos tomando como seres sociales. Una niña miente por orgullo, porque es feliz (sonríe, finge) siendo quien quiere ser, y no quien es. Su presunto padre le dice que la castigará por mentir, y que su castigo será ser ella misma: un ser tan miserable y pobre como todos aquellos que se conforman con la monotonía de una vida pura pero chata.
Alegoría de una vida puede ser, pero también de una gran película. El inicio parece darnos la pista de qué va Holy motors, o tal vez intente persuadirnos de ello: la vida parece ser una película con distintas películas, ya no episodios, donde aceptamos un guión, una pequeña realidad, un rol, y experimentamos desde los sentimientos, la atravesamos. No en vano cada “película” parece pertenecer a un género distinto: ciencia ficción, musical, drama, comedia, acción y suspenso, todos los géneros que constituyen la cinematografía como forma artística, arte que hace que Eva Mendes y Denis Lavant se entiendan entre tanta incomprensión. Y detrás de todo, Carax, que juega con nosotros, que juega conmigo haciéndome creer realmente todo lo que digo, cuando posiblemente nada sea cierto. Un director que, sin lugar a dudas, recrea un universo totalmente distinto, con el que nos podemos llegar a identificar más allá de la fantasía y la sobrenaturalidad, al que le añade un humor insólito y grotesco. Reconozco sus imperfecciones, su exceso de metraje en torno a un mismo mensaje, en apariencia lo bastante simple como para requerir casi dos horas, o cómo la técnica visual acaba devorándose por momentos el ritmo narrativo, pero aún así siento que es una gran locura, una prueba de que el cine late, una intervención de la cámara en ese “lugar donde se fabrican los sueños”, recordando al Méliès de “La invención de Hugo Cabret”, llamado “Holy motors”, que parece ser el núcleo de la vida, de los sueños, de las ilusiones, del mismo cine, del propio Señor Oscar, de Céline, o tal vez de la nada.
Puntuación: 7/10 (Notable)


Trailer subtitulado al español.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Las ventajas de ser invisible.




Crítica.

“Las ventajas de ser invisible” [“The perks of being a wallflower”, S. Chbosky – 2012]


A veces alguna joya llega a las pantallas camuflada, pasa desapercibida, carece de atención masiva, la crítica la respeta sin más: se vuelve invisible, simplemente porque arriba con el disfraz de una obra pequeña. Considero que la invisibilidad puede resultar no poco ventajosa, como hasta cierto punto le sucede a nuestro protagonista; sin embargo, cuando se trata de obras que pueden aprovecharse tanto como ésta, simplemente merecen una mejor distribución. A esto contribuye, por supuesto, el rostro de Emma Watson, la niña salida de Harry Potter, quien acá deslumbra no sólo por su belleza y por su cabello corto, sino por su talento en las escenas más dramáticas y su naturalidad. Acompañada por Ezra Miller, el anticristo de “Tenemos que hablar de Kevin”, y Logan Lerman, personaje principal, compone uno de los elencos más atractivos y con más química que puede pedirse en una comedia romántica/dramática, que entendida como una carrera de obstáculos, evita varios lugares comunes y, los que no, con un tono de autoridad, los burla.
Al margen de si el elenco es o no genial, o de si Ezra Miller merece o no las menciones que viene recibiendo, lo que importa generalmente es la historia. “Las ventajas de ser invisible” se centra en un joven problemático, introvertido, conflictivo, que debe enfrentarse al monstruo de la preparatoria con una personalidad que es el arquetipo del burlado, del humillado, del marginado. Un estampado floreado, como parece indicar su título, alguien sin demasiado peso en la vida estudiantil, o en la vida en general. Un ser callado, que tranquilamente puede atravesar los años de vida sin molestar a nadie, sin que nadie se entere de su existencia. También funciona como una esponja, que lidia con problemas del pasado, y además suma experiencias que a la larga desgastan: secretos que debe ocultar, actos de violencia que en un principio no puede controlar, y que lo van llevando en declive. Y también, además de esponja y estampado, es un sujeto leal: escribe, conforme a la promesa realizada en la máquina de escribir, sobre estos dos amigos, dos hermanastros a quienes conoce y de quienes rápidamente se hace amigo. “Las ventajas de ser invisible” es, ni más ni menos, que el testimonio final, es la promesa hecha carne, es la autobiografía de nuestro condenado muchacho, por quien rápidamente sentimos empatía y de quienes podemos sentir compasión, como en toda buena tragedia de tono clasicista.




El guión es una maravilla. No sé si la adaptación lo es (presumo que sí, dado que el autor, guionista y director son la misma persona), pero detecto su calidad al sentir, luego de verla, que quiero leer el material original del que está adaptada. Primero, porque transmite un mensaje alentador, para gozar más del presente mirando el futuro, y no deteniéndonos por errores o dramas del pasado, volviéndonos infinitos desde esta nueva perspectiva, como partículas eternas que viven del progreso constante. Y segundo, porque nos ofrece una interminable montaña de referencias al arte, en general (música, cine, literatura, y cabe destacar que uno de los libros es “En el camino”, con algún que otro punto en común), utilizando como base el estilo de vida de preparatoria en los Estados Unidos, como una versión más dramática pero igual de ácida que “Chicas pesadas”, y desarrollando las identidades de los personajes principales sin rozar lo caricaturesco, siquiera. Genera un vínculo realista entre los protagonistas, aunque alguna situación se vea algo inverosímil (y aclaro: no sé si quiero decir inverosímil, pero algunas descripciones, como la del profesor, parecen ser demasiado románticas); todo se hace ameno, dinámico, magnético, y con semejante musicalización, no puede esperarse menos que un éxito adolescente que, con un poco de suerte, puede volverse algo infinito. Considero que, aún faltándole alguna vuelta de tuerca más desgarradora a la tragedia íntima de Lerman (que la volviese más impactante o conmovedora), todo está bien logrado. La historia me enamora, siento locas ganas de volver a verla, de leer el libro, y de aplaudir lo visto, que es buenísimo. Posiblemente se trate de una de las comedias (o dramas) del año.
Puntuación: 7/10 (Notable)



- Trailer subtitulado al español, para fanáticos, fanáticas y futuros espectadores.


martes, 11 de diciembre de 2012

Beasts of the southern wild.



Crítica.
“Beasts of the southern wild” [Benh Zeitlin, 2012]


Ganadora de varios premios internacionales, “Beasts of the southern wild” se posiciona en el panorama actual como una de las ofertas más originales que el cine nos puede ofrecer. Benh Zeitlin, director debutante, propone cambiar la lente y ver al cine desde una perspectiva más naturalista, sin confundir esta concepción con el primitivismo (algo que muchos mezclan con demasiada facilidad), y alabando a la naturaleza como la tradición Wicca. Rinde culto a la realidad sin intervención humana, a los elementos, y condena al hombre que intercede con fines egoístas, avaros o que actúa con negligencia, pero en detrimento de lo natural. Así, una niña de seis años llamada Hushpuppy, nos introduce por medio de un agotador parloteo a este lifestyle del sur salvaje, que al principio puede parecer una propaganda geográfica que intenta reivindicar una manera de vivir poco plasmada en el cine y en las artes, con un telón de acero que nos ciega, nos evita ver la otra realidad, más allá de nuestros márgenes. Esta niña porta una ternura indiscutible, y nos atamos a la confianza que nos inspira su voz, así como nos atamos al fabuloso joven intérprete de “Australia”, de Baz Luhrmann.
La trama es difícil de definir, y además, es lamentable hablar de más, porque en sí, la historia guarda varias sorpresas que es muy bueno ir descubriendo poco a poco, al ritmo de una banda sonora muy interesante, que afortunadamente esquiva el drama fácil y apunta a la aventura. Podemos decir que está narrada en dos planos. El primero, una crítica social que apunta a tomar conciencia sobre el caos geológico global y sobre las divisiones que nosotros mismos construimos para aislarnos de otros, o aislar a otros de nosotros. De ahí, que esta historia parezca enfocarse en la dignidad de los marginados, en una comunidad que reclama el lugar que le corresponde y que, a su manera, confronta con el individualismo destructivo de la “gente de ciudad”, aquella a la que esta niña ve como hombres distintos, de otras costumbres, que tan sólo tiene vacaciones una vez al año. Y el segundo plano, un drama humano sobre la inestable relación entre un padre que oculta un secreto y una hija que marcha camino a la independencia: con seis años trata de rebuscársela, vive “sola”, y recibe continuamente empujones de su padre, quien busca que ella se maneje independientemente de todo, por si alguna vez el agua sube con el derretimiento de los polos, y esta comunidad pequeña en el borde del continente se hunde definitivamente: ella debe tener fortaleza y voluntad para salir adelante, nunca llorar, y demás lecciones que irá aprendiendo con el tiempo.
Este costado humano es el que más me interesa: el padre, genialmente interpretado por Dwight Henry, debe cumplir un rol materno y otro paterno, dos funciones generalmente contrapuestas (como se ve en “El árbol de la vida”, de Malick) que acá se entrelazan en una suerte de bipolaridad: la pasión cálida de una madre bondadosa y la frialdad calculadora y previsora de un padre, unidas, en un vaivén de reacciones que pueden desconcertar, pero que tienen sentido. Un vínculo que puede parecer sistemático y agresivo, pero que se hace muy profundo gracias a la milagrosa actuación de esta niña, Quvenzhané Wallis, quien se entrega al personaje. Reconozco, de todos modos, que son usados los caminos fáciles para conmover: ella lo hace desde la ingenuidad, algo que a todos atrae, porque hace todavía más cándida la visión que uno pueda tener de ella, y no precisamente porque su actuación suene creíble, aunque lo logra con creces. No sólo lo hace creíble, sino que, en otro sentido, lo hace increíble. Una maravilla digna de aplausos, y que junto a la labor del director de fotografía, concentran los principales elogios. Zeitlin usa metáforas a lo largo del film, que quizá den demasiadas vueltas en lo mismo (hay alguna que otra escena hiperbólica y desfasada, en mi opinión), pero que están bien concatenadas con el final, muy emotivo, y que convierten a la obra en una poesía que se esfuerza, ante todo, por preservar el realismo sin dejar que la lírica amortigüe el impacto. Así, en un juego de contrastes a veces evidente (fuegos artificiales y cangrejos), pero muy efectivo, descansa el ingenio creativo de un autor naciente, quien se consagra como una promesa de cara al futuro, y a quien habrá que prestarle atención de ahora en más. Bueno que recalque que todos somos parte del universo, del todo: creo que, así como a muchos cineastas les cuesta integrarse al buen cine, a Zeitlin le costará integrarse a la industria en un sentido estrictamente económico. Pero qué más da, su ópera prima es fabulosa.
Puntuación: 7/10 (Notable)



Trailer subtitulado al español, para interesados.