miércoles, 26 de diciembre de 2012

Amour.



Crítica.

[“Amour”, M. Haneke – 2012]


Cuántas veces escuché decir sobre “Amor”, que era ésta la primera película humana de Michael Haneke. Sorprendido, hice una revisión rápida de su filmografía, y no pude ignorar que todas, aunque reflejasen aspectos “inhumanos” de la sociedad, no eran sino estudios humanísticos, que él realizó en el marco de las clases mejor acomodadas, principalmente la burguesía europea. Una clase social en sí sola, con su lenguaje, sus costumbres, sus culturas, sus pianos y bibliotecas, sus reuniones semanales con vino tinto y buenos modales. Puede que sea la menos inhumana, por el tipo de planteos que hace (y hasta puede ser discutible), pero me niego a pensar que Haneke se ha vuelto humano de golpe: siempre fue uno de los mejores sociólogos que parió el cine moderno, con una visión retorcida y realista de nuestra especie, sin edulcorantes artificiales y escapando a la visión idealista, que posiblemente considerase parte de romanticismo, es decir, algo pasado de moda.
Georges y Anne, los dos protagonistas, son músicos retirados que alguna vez, sospechamos, han gozado de esta buena vida: el inicio nos muestra al matrimonio asistiendo a un concierto, felices, antes de atravesar un duro revés: ella, ante el fracaso de una operación, sufre una parálisis que la inmoviliza. Una promesa marca el inicio de un nuevo modo de vida: él, mirándola a los ojos, le promete que no la volverá a llevar al hospital. Y se decide a cuidarla hasta el momento de su muerte, a la que ella parece ver con cierta cercanía, y debatiéndose entre la familiaridad y el terror. La muerte es, en efecto, una fase más de la vida de los hombres, claramente la última, pero no demasiado importante. El director la banaliza en breves escenas donde, con un humor inesperado para la audiencia y bastante genial, uno siente hasta ridículo organizar un funeral multitudinario pues “no diremos nada, aunque no concurra nadie”. La muerte es inevitable, desde luego, pero no es nada de otro mundo. Durante las dos horas de metraje, siento que Haneke exclama a gritos que no hay nada más sobrevalorado que la muerte, y lo hace con sus sutilezas, con su ritmo pasado, con el dolor en vida.
Literalmente, merecen un párrafo aparte los intérpretes. Isabelle Huppert, creo que la actriz que más ha trabajado con el director, realiza una actuación impecable, que en breves apariciones muestra a la perfección su perfil de hija, no muy distinta al de mujeres que han formado su familia, y que atraviesan un amor frustrado, chiquito, insignificante. Jean-Louis Trintignant, ofrece la mirada sensible, los ojos tristes, las manos temblorosas, el rostro adolorido, el carácter fuerte. Ningún personaje este año está mejor trazado que éste: es el que más parece identificarse con el cine del autor, tiene una fuerza emocional impresionante, posiblemente la fuerza del amor por ella, pero la de un presunto desprecio por los demás. Y Emmanuelle Riva, el cuerpo del experimento, la protagonista de la mejor degeneración física del cine, junto a la de Meryl Streep en “Cosas que importan”: muy difícil evitar emocionarse con su rostro envejecido repentinamente, sus ojos perdidos en el horizonte, su mano tiesa y los pequeños intervalos de su vida en los que realmente siente que quiere bajar los brazos. Un elenco que simplemente da escalofríos, dos actuaciones que ni siquiera merecen premios, porque todos los premios son demasiado poco para reconocer semejantes personificaciones.
Michael Haneke logra su película más redonda, aunque me rehúso a perder el tiempo peleándome conmigo mismo sobre si es o no la mejor de su carrera. Más, cuando toda su obra es una maravilla. La cuestión, es que sufrí mucho con este amor desgarrador, con la desnudez de sus personajes, con la sencillez de su guión. Mucho más sufrí después, cuando pensé en ella, hablé sobre ella, y mis ojos se llenaban de lágrimas. Si vamos al caso, y la pensamos fríamente, tiene la fórmula perfecta para los críticos más quisquillosos: ¿qué lector nunca leyó una crítica negativa para un romance “sensiblero”? ¿quién nunca leyó la palabra “cliché” en una crítica de cine? Acá, el director usa claramente la herramienta del anti-sentimentalismo (no hay contacto físico de ningún tipo, más que el cotidiano), y emociona más que cualquier obra romántica. La osadía hecha carne: el romance verdadero, el que se contagia con una simple mirada, y no gracias al acto sexual. Cumbre del género romántico, la obra anti-romántica por excelencia, y seguramente la más conmovedora que vean.
El realismo es cosa de Haneke, y pocos lo manejan tan bien. La cotidianeidad nos hace partícipes de la carrera de la vida que atraviesa el matrimonio, incluyendo cada uno de los obstáculos que debe atravesar. Pero hay que admitir que acá, como nunca lo ha hecho, incluye metáforas para transmitir sensaciones, también sueños e imágenes. Cosa tan inesperada cono el humor, en una obra que parece mezclarlo todo: cada recurso, cada línea, todo es una sola cosa. Y ahí está, una de las mejores escenas que recuerde: ella, sentada al piano, tocándolo. Él la observa, se oye música de fondo, todo es bello. ¿Ella está tocando el piano? Su rostro refleja felicidad, que bien puede parecer realidad o mera ilusión. Y de golpe, la música se detiene abruptamente, como la vida misma. De un segundo para el otro, todo se corta. Todos los lazos con la vida, se quiebran irremediablemente. Uno deja todo, desde sus costumbres hasta sus pecados, pero el amor se lo lleva consigo, porque nunca se acaba. No sé si éste es un drama hecho con amor, pero tal vez se trate de la mejor película de la década.
Puntuación: 10/10 (Sobresaliente) 

4 comentarios:

Jorge Moreno Celaya dijo...

La película que más ganas tengo de ver de esta temporada... y sobre todo con lo que dices de Emmanuelle Riva! :D Saludos!

mge dijo...

Qué ganas de verla, aunque siempre se sufra con Haneke...

Marcelo Cafferata dijo...

Todavia no se bien que me pasó con "Amour". Quizás que me encanta Haneke y quizás por la cantidad de nominaciones al Oscar que tiene, evidentemente tenia muchas expectativas.

Si bien los trabajos son superlativos y la dirección es precisa, la mirada de Haneke es más de una peli de las "crowd pleasers" que del cinismo con que siempre atravesó a sus criaturas.
Le falta la tensión que tiene Haneke en su manera de filmar. Si fuese de otro director, no me hubiese generado esa contradicción de ver como Haneke suavizó la mirada para que el film gane posibilidades de que guste a más publico.

manipulador de alimentos dijo...

Haneke vuelve a cambiar de registro. Con 'Amour' vuelca su mirada a la vejez y el derecho de morir en paz. Los actores, fantásticos. Un saludo!