martes, 11 de diciembre de 2012

Beasts of the southern wild.



Crítica.
“Beasts of the southern wild” [Benh Zeitlin, 2012]


Ganadora de varios premios internacionales, “Beasts of the southern wild” se posiciona en el panorama actual como una de las ofertas más originales que el cine nos puede ofrecer. Benh Zeitlin, director debutante, propone cambiar la lente y ver al cine desde una perspectiva más naturalista, sin confundir esta concepción con el primitivismo (algo que muchos mezclan con demasiada facilidad), y alabando a la naturaleza como la tradición Wicca. Rinde culto a la realidad sin intervención humana, a los elementos, y condena al hombre que intercede con fines egoístas, avaros o que actúa con negligencia, pero en detrimento de lo natural. Así, una niña de seis años llamada Hushpuppy, nos introduce por medio de un agotador parloteo a este lifestyle del sur salvaje, que al principio puede parecer una propaganda geográfica que intenta reivindicar una manera de vivir poco plasmada en el cine y en las artes, con un telón de acero que nos ciega, nos evita ver la otra realidad, más allá de nuestros márgenes. Esta niña porta una ternura indiscutible, y nos atamos a la confianza que nos inspira su voz, así como nos atamos al fabuloso joven intérprete de “Australia”, de Baz Luhrmann.
La trama es difícil de definir, y además, es lamentable hablar de más, porque en sí, la historia guarda varias sorpresas que es muy bueno ir descubriendo poco a poco, al ritmo de una banda sonora muy interesante, que afortunadamente esquiva el drama fácil y apunta a la aventura. Podemos decir que está narrada en dos planos. El primero, una crítica social que apunta a tomar conciencia sobre el caos geológico global y sobre las divisiones que nosotros mismos construimos para aislarnos de otros, o aislar a otros de nosotros. De ahí, que esta historia parezca enfocarse en la dignidad de los marginados, en una comunidad que reclama el lugar que le corresponde y que, a su manera, confronta con el individualismo destructivo de la “gente de ciudad”, aquella a la que esta niña ve como hombres distintos, de otras costumbres, que tan sólo tiene vacaciones una vez al año. Y el segundo plano, un drama humano sobre la inestable relación entre un padre que oculta un secreto y una hija que marcha camino a la independencia: con seis años trata de rebuscársela, vive “sola”, y recibe continuamente empujones de su padre, quien busca que ella se maneje independientemente de todo, por si alguna vez el agua sube con el derretimiento de los polos, y esta comunidad pequeña en el borde del continente se hunde definitivamente: ella debe tener fortaleza y voluntad para salir adelante, nunca llorar, y demás lecciones que irá aprendiendo con el tiempo.
Este costado humano es el que más me interesa: el padre, genialmente interpretado por Dwight Henry, debe cumplir un rol materno y otro paterno, dos funciones generalmente contrapuestas (como se ve en “El árbol de la vida”, de Malick) que acá se entrelazan en una suerte de bipolaridad: la pasión cálida de una madre bondadosa y la frialdad calculadora y previsora de un padre, unidas, en un vaivén de reacciones que pueden desconcertar, pero que tienen sentido. Un vínculo que puede parecer sistemático y agresivo, pero que se hace muy profundo gracias a la milagrosa actuación de esta niña, Quvenzhané Wallis, quien se entrega al personaje. Reconozco, de todos modos, que son usados los caminos fáciles para conmover: ella lo hace desde la ingenuidad, algo que a todos atrae, porque hace todavía más cándida la visión que uno pueda tener de ella, y no precisamente porque su actuación suene creíble, aunque lo logra con creces. No sólo lo hace creíble, sino que, en otro sentido, lo hace increíble. Una maravilla digna de aplausos, y que junto a la labor del director de fotografía, concentran los principales elogios. Zeitlin usa metáforas a lo largo del film, que quizá den demasiadas vueltas en lo mismo (hay alguna que otra escena hiperbólica y desfasada, en mi opinión), pero que están bien concatenadas con el final, muy emotivo, y que convierten a la obra en una poesía que se esfuerza, ante todo, por preservar el realismo sin dejar que la lírica amortigüe el impacto. Así, en un juego de contrastes a veces evidente (fuegos artificiales y cangrejos), pero muy efectivo, descansa el ingenio creativo de un autor naciente, quien se consagra como una promesa de cara al futuro, y a quien habrá que prestarle atención de ahora en más. Bueno que recalque que todos somos parte del universo, del todo: creo que, así como a muchos cineastas les cuesta integrarse al buen cine, a Zeitlin le costará integrarse a la industria en un sentido estrictamente económico. Pero qué más da, su ópera prima es fabulosa.
Puntuación: 7/10 (Notable)



Trailer subtitulado al español, para interesados. 

3 comentarios:

Mario Salazar dijo...

Muy buena crítica, tu primer punto sobre los marginados, la crítica social y la denuncia de la destrucción de la naturaleza me parece muy interesante, es un buen aporte, creativo en parte pero finalmente coherente. Sobre la emotividad es un punto que recalcaría, parece que en nuestros días la desconfianza hacia esto nos pone una barrera, sin embargo creo que el cine no puede abstenerse y ahí esta el reto, en convencernos a pesar de todo, por encima de nuestra incredulidad. Interesante y bien escrita como siempre. Un abrazo, Rodrigo.

HALBERT dijo...

Después del placer de ver el filme, tengo el placer de leer tu crítica. La comparto mucho y me dejé llevar por la emoción. No sé si la vuelva a ver en mucho tiempo, porque no me genera enormes ganas de revivirla (me pregunto por qué), pero hay que valorar su singularidad y su manera de sobresalir en los festivales, para darle una llegada al público que, seguramente, la amará y odiará como a EL ÁRBOL DE LA VIDA el año pasado. Abrazo!!

K. Anaya dijo...

Es una película sobrevalorada y hipster, no es la que mas he detestado pero si se me hizo un total desperdicio, la pequeña actriz es en realidad sublime pero la historia, los diálogos y esa fotografía hacen que todo se vuelva insufrible.

No expresa nada de la realidad de los marginados, esa critica social la maneja desde el punto de vista de un listillo con aires de grandeza, como cuando escuchas a un grupo de gente bien acomodada socioeconómicamente hablar de los "pobres" sin mover un dedo, es poesía barata para gente barata.

Los diálogos son absurdos, contradictorios y no están bien manejados, lo que expresa la niña es algo que escuchas en pláticas de intelectuales soberbios, no es lo que diría una niña en esa situación, está tan sobrecargado que no te permite conectarte, solo te queda pensar "que mamones diálogos".

Es para verla online o para comer palomitas en el cine.