viernes, 7 de diciembre de 2012

Cesare deve morire.



Crítica.

“Cesare deve morire” [P. Taviani, V. Taviani – 2012]

William Shakespeare, es el autor que todos alguna vez oyeron mencionar, y que fue leído por innumerables generaciones desde su época hasta la actualidad, varios siglos después. Su intervención en la cinematografía, invención contemporánea que jamás habría imaginado, se da de forma constante, año tras año. Sus obras son representadas en la gran pantalla por medio de adaptaciones, o por otros directores algo más innovadores que descubren nuevos métodos para traer al autor a la vida, como ha sido el caso de “Anónimo”, e incluso para cuestionarlo. Los hermanos Taviani, de vasta trayectoria en el cine italiano (cuatro décadas son más que suficientes para este par de autores octogenarios), logran una adaptación de “Julio César” con códigos distintos. Nos acercan un clásico, ajustándolo a la realidad que afrontan día a día varios presos, ofreciéndonos varias reflexiones a través de paralelismos, como por ejemplo, las ambigüedades del odiado César y las ambigüedades de ellos mismos, seres que la voz del pueblo quiere mantener excluidos o enterrados, pero que no necesariamente son malas personas. La realidad y la ficción constituyen una masa homogénea, que durante casi setenta minutos de metraje nos obligan a pensar qué parte de lo que se dice es cierta y qué parte no. Por parte de los guionistas, cuya labor pese a tratarse de un docudrama es todavía más difícil en este caso, es un gran trabajo porque nos obliga a intentar separar los dos planos que, si nos ponemos a pensar, también pueden resultar confusos para presos que sólo recuerdan las paredes que los dividen del afuera, y que de repente tienen la oportunidad de liberarse a través del arte y del talento.
La premisa es asombrosa, el trabajo es osado y muy correcto, aplaudo todo lo que “César debe morir” significa, por la sencilla cuestión de que se atreve, quizá con algo de soberbia, a mejorar las letras del mismísimo Shakespeare. Lo cual, si me preguntan a mí, no es cosa que precise de demasiado esfuerzo. Así y todo, loable el rol de los hermanos en el libreto, con momentos únicos de teatralidad exquisita (oír, sino, el trueno que atraviesa la frase “César debe morir”) y una música que acompaña la catarsis de los protagonistas. Ahora bien, me sucede con esta obra lo mismo que con el argentino Pablo Trapero y su “Elefante blanco”. Por momentos, el espíritu documentalista apunta a filmar las heridas y cicatrices de una sociedad fracturada, y eso está muy bien. Pero ambas películas son docudramas, con una capa ficticia, no estrictamente falsa, pero sí intervenida por la visión de los directores. Al verla, siento que hay tanta concentración por transmitir esa atmósfera opresiva (que tampoco se consigue en exceso, pese a los efectos siempre positivos del blanco y negro), que acaba olvidándose el propósito o los propósitos que mueven a los personajes dentro de sus vidas. Una única frase (“en este asiento quizá se siente una mujer”) parece ser la primera y última manifestación humana de uno de los tantos individuos que ponen la cara en esta ambiciosa producción, que paradójicamente usa escasos recursos para ser montada.
El resultado no deja de ser bueno, cabe admitirlo, pero la ejecución de las ideas no está a la altura de ellas. Si nos ponemos a pensar, el aspecto teatral está bien logrado, tiene momentos de elevada tensión, como por ejemplo el final, que innecesariamente es una repetición de la escena del principio (¿con qué necesidad? ¿para extender la duración?); también tiene un humor agridulce, que brota en contadas ocasiones para desestructurar, un realismo escalofriante que compensa alguna que otra falla, pero no mucho más. Siento que una oferta tan original como la de los hermanos Taviani merece mayor profundidad en algunas cosas. De todos modos, antes que llorar por lo que no ha sido, prefiero festejar lo que he visto. En principio, la primera sorpresa del año 2012. Y luego, sí, una manifestación artística distinta, que difícilmente deje indiferente a alguien. Pero claro, su apariencia puede alejar a muchos espectadores, quienes quizá no se sientan atraídos por ella. Mal por ellos.
Puntuación: 6/10 (Buena)

2 comentarios:

Manderly dijo...

A pesar de que muchos la alaban, no me atrae aunque lo cierto es que no sé muy bien porqué. Como dices, quizás sea por su apariencia, no sé, pero no.
Saludos.

Mario Salazar dijo...

Pues Rodrigo aunque muchas veces no coincidimos y veo tu descontento debajo de algunas virtudes proclamadas, me gusta tu libertad, tu sinceramiento, aunque realmente creo que eres muy original al no valorar a Shakespeare, me parece algo increíble, pero bueno si te digo que para mí el quijote es aunque una obra maestra un poco aburrido y cansino nos daremos cuenta que todos tenemos esa cierta irreverencia innata con lo que todos aplauden. Me gusta tu crítica, creo que es la mejor critica negativa (Aunque bueno, la nota la aprueba) que alguien puede leer. Un abrazo.