lunes, 24 de diciembre de 2012

Frankenweenie.



Crítica.

[“Frankenweenie”, T. Burton – 2012]


El aclamado director Tim Burton nos ofrece su primer largometraje animado desde “El cadáver de la novia”, siempre preservando su singular estilo, bastante sombrío, con personajes pálidos y de ojos grandes, una música tétrica y colores opacos en un ambiente nocturno, que encastran a la perfección. Nadie duda de los alcances que su particular animación tiene desde el punto de vista artístico, pues desde “Coraline” (dirigida por Henry Selick, y que él produce), uno no puede sino admirar la destreza visual de los personajes, seres cadavéricos que cobran vida con el transcurso de los acontecimientos, y nos meten de lleno en la historia. En “Frankenweenie”, esto desgraciadamente no sucede, pero no por tal motivo uno debe desechar un producto por momentos inteligente y sensible. Que no supere un viejo trabajo, no debe causar ninguna desilusión. Que no conforme al espectador por sus propios logros, sí.
Víctor, un niño solitario, entusiasta y gris, se embarca en un difícil proyecto de ciencia, animado por el profesor de la escuela, con un fin personal: la resurrección de su perro, Sparky, a quien un automóvil ha dado muerte en la vía pública. Jugando con la física y la electricidad, logra su objetivo, pero su mascota empieza a tener un extraño comportamiento: sus ojos brillan en la oscuridad, y un tornillo que lo atraviesa todavía conserva la energía que él necesita para sobrevivir (como una batería). Cuando sus compañeros y competidores de la ciencia se enteran del experimento, comienzan a copiar los principios básicos que han acercado a Víctor al milagro de la resurrección, pero las cosas se salen rápidamente de control.
Al margen de que los fenómenos paranormales que afectan al simpático Sparky nunca sean explotados ni reiterados en el film, “Frankenweenie” se ubica en el mapa como un original homenaje al cine de terror de antaño, y por qué no, un homenaje al cine en general. El inicio, con gafas 3D y un cortometraje casero, nos introducen a la magia del cine del mismo modo que la estación y las persecuciones lo hacen en “La invención de Hugo Cabret”. Y luego, van apareciendo las referencias al cine de terror de los años 20 y 30, la mayoría muy obvias y poco inteligentes (el blanco y negro, un personaje de apellido Van Helsing, otros de apellido Frankenstein), y unas pocas en cambio más sutiles (La momia, Drácula). Como película, pertenezca al género que sea (comedia, terror, drama, suspenso), no le encuentro otro sentido que no sea rendir tributo al cine en general. Si vamos al caso, no es una cinta para chicos (aunque en ningún momento sea explícita, algo que confunde), aunque dudo que algún grande esté interesado en verla. Sólo queda para aquellos que conocen el cine en blanco y negro, principalmente de terror, y agradecen que alguien lo recuerde después de ochenta años. Hay un recorte importante de público, lo que la perjudica increíblemente: el discurso acaba varado en tierra de nadie, e insisto, seguramente acabe haciendo babear a los cinéfilos.
Con un perro que hace de las suyas en una casa prendida fuego, al modo de la ganadora del Oscar “El Artista”, “Frankenweenie” es entretenimiento asegurado al modo de un Jimmy Neutron en un hipotético especial para Halloween: me imagino al inventor de cráneo voluminoso acercándose a la fórmula de la resurrección, luego generando problemas, y luego salvando a la humanidad. La estructura es exactamente la misma. La única diferencia bien puede ser la que marca Danny Elfman, un compositor de primera, y que acá marca el pulso de la historia. Es más, su composición planta la cereza del drama lacrimógeno al principio, de la forma más manipuladora y aberrante que su filmografía pueda dar testimonio. Pero al margen de mi disconformidad con algunos aspectos de la película, estoy satisfecho, porque usualmente no pretendo demasiado de un “autor” que se repite a sí mismo, como homenajeándose solo. Y puedo ir más allá, citando a Burton, o mejor dicho a uno de los personajes: el éxito de las experimentaciones tienen que ver no sólo con la mente, sino con el corazón. Algo que jamás puede criticársele a alguien que se ama demasiado a sí mismo.
Puntuación: 4/10 (Regular) 

1 comentario:

Mario Salazar dijo...

Esta muy bien escrito, aunque a mi me gustó sin que tampoco le reviente cohetes, creo que como dices es convencional, y se repite a si mismo, Burton se apoya en el sentimiento que genera, no voy a mentir yo soy de esos "tontos" que lo adoran y lo siguen por cariño a toda su esencia, pero si es más de lo mismo, es apostar por esa personalidad que ya conocemos, pero a mi me gana igual, es Burton. De dirigirse a un público debe ser los niños grandes, esos adultos que gustan recordar un lado freaky o lo identifican de alguna forma. Es un mundo que ahora ya se conoce pero queda el aprecio y no esta mal tampoco la verdad, porque creo que se nota el oficio, lo ha pulido. El cortometraje por ejemplo en que se basa es mucho más sentimental, mucho más inocente, échale una ojeada está en youtube. Un abrazo.