miércoles, 19 de diciembre de 2012

Holy motors.



Crítica.

“Holy motors” [L. Carax – 2012]


Existe ese subgénero del cine original (el que nace como respuesta a las críticas furiosas contra los lugares comunes) que plantea más preguntas que respuestas y deja intranquilo al espectador. Cada año que pasa, muchos directores experimentan más y más con esta estrategia, que de paso sirve para paliar la falta de imaginación. Puedo remitirme a, por ejemplo, el señor David Lynch y sus trabajos más recientes, “El camino de los sueños / Mulholland Drive”, “Imperio” o “More things that happened”, donde el surrealismo exacerbado es producto de este afán de innovar, de inquietar. La crítica, o gran parte de ella, parece estar muy contenta con esta nueva manera de hacer cine. El propio Lynch en su “Mulholland Dr.” propuso una especie de juego, en el que él daba pistas para que nosotros resolviésemos el misterio que ocultaba la película. Algo arriesgado pero distinto, que concebía al cine como un gran policial. O a su cine, mejor dicho. Y llega, en esto, Leos Carax, quien revuelve toda la estantería de nuestro sosiego y nos invade de dudas, de signos de interrogación. Otro científico de la cinematografía contemporánea, que mezcla sustancias y crea.
“Holy motors” muestra a un sujeto, encarnado por Denis Lavant, encerrado en una limusina como Robert Pattinson en “Cosmópolis”, pero saliendo de vez en cuando a cumplir con una tarea que le es asignada por medio de una carpeta. Cada “tarea” tiene que ver con una personificación distinta, realista, donde él se ayuda del maquillaje y de su imaginación para, dentro de esta gran farsa, hacerse pasar por un mendigo, un padre o un banquero. Carax, utiliza toda su destreza visual y su gran manejo escenográfico para confundirnos, para hacernos dudar entre qué es ficción y qué no, o para cuestionarnos más sobre la filosofía que rige nuestras vidas: ¿acaso nuestra vida es una gran ficción? Y de ello, que sean aproximadamente una decena de episodios distintos, con personajes distintos, con fases y escenarios distintos, pero un mismo hombre. El hombre animal, el hombre compasivo, el hombre necesitado, el hombre asesino, todos el mismo hombre, pero en diferentes facetas. “Holy motors” parece mostrarnos las distintas fases de la vida, así como todas las identidades que vamos tomando como seres sociales. Una niña miente por orgullo, porque es feliz (sonríe, finge) siendo quien quiere ser, y no quien es. Su presunto padre le dice que la castigará por mentir, y que su castigo será ser ella misma: un ser tan miserable y pobre como todos aquellos que se conforman con la monotonía de una vida pura pero chata.
Alegoría de una vida puede ser, pero también de una gran película. El inicio parece darnos la pista de qué va Holy motors, o tal vez intente persuadirnos de ello: la vida parece ser una película con distintas películas, ya no episodios, donde aceptamos un guión, una pequeña realidad, un rol, y experimentamos desde los sentimientos, la atravesamos. No en vano cada “película” parece pertenecer a un género distinto: ciencia ficción, musical, drama, comedia, acción y suspenso, todos los géneros que constituyen la cinematografía como forma artística, arte que hace que Eva Mendes y Denis Lavant se entiendan entre tanta incomprensión. Y detrás de todo, Carax, que juega con nosotros, que juega conmigo haciéndome creer realmente todo lo que digo, cuando posiblemente nada sea cierto. Un director que, sin lugar a dudas, recrea un universo totalmente distinto, con el que nos podemos llegar a identificar más allá de la fantasía y la sobrenaturalidad, al que le añade un humor insólito y grotesco. Reconozco sus imperfecciones, su exceso de metraje en torno a un mismo mensaje, en apariencia lo bastante simple como para requerir casi dos horas, o cómo la técnica visual acaba devorándose por momentos el ritmo narrativo, pero aún así siento que es una gran locura, una prueba de que el cine late, una intervención de la cámara en ese “lugar donde se fabrican los sueños”, recordando al Méliès de “La invención de Hugo Cabret”, llamado “Holy motors”, que parece ser el núcleo de la vida, de los sueños, de las ilusiones, del mismo cine, del propio Señor Oscar, de Céline, o tal vez de la nada.
Puntuación: 7/10 (Notable)


Trailer subtitulado al español.

3 comentarios:

Pabela dijo...

Pucha, voy a ver si me hago a verla. Vengo tan retrasada en visionados que estuve cambiando los lugares de mis listas para poder aprovechar estas vacaciones jajaja. Desde que la nombraron a esta le tuve ganas y considerando que decís que este año venís mal con lo que el cine te ha sabido brindar, un siete me parece más que prometedor!!! Ya te contaré.

daniel dijo...

Muy buena critica Rodri :)

A mi tambien me gustó esta pequeña rareza que nos ha entregado Carax; disfruté desde el primer minuto hasta el final, ciertamente no se me hizo pesada en ningún momento, pero siento que pudo habernos entregado quizás más. No me apasiona su trabajo, pero me gusta. Lavant está magnifico y la banda sonora que acompaña el film me parece notable. Un film digno de análisis.

Un abrazo.

plared dijo...

Me ha llamado la atención. La buscare y ya veremos. Cuidate