miércoles, 11 de enero de 2012

Attenberg

Attenberg.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Quizá algún lector recuerde aún esa gran película, que recién he visto hace no demasiado tiempo, llamada “Mi tío de América” y dirigida por Alain Resnais. Hay muchísimo paralelismo con “Attenberg”, el último delirio griego visto dirigido por Athina Rachel Tsangari. Las dos tratan más o menos lo mismo: explican el comportamiento del hombre a partir de un estudio de caso, y basándose en alguna teoría. Henry Laborit, ahora es sustituido por David Attenborough, en cuyos documentales explica las relaciones del hombre (en estado de naturaleza, claro) con el animal. El estudio particular: el de una muchacha que aún no ha descubierto los misterios de la sexualidad, ni los (no) misterios de la sociedad, cuyo padre está en el límite que divide la vida de la muerte. Este sujeto critica cómo el hombre natural ha sido convertido en un hombre capitalista, como la agricultura ha sido arrasada por una dominante burguesía.

Ambos (padre e hija) pertenecen a la misma corriente de pensamiento. La misma a la que pertenece el mentor de Martha Marcy May Marlene, por ejemplo. Aunque la joven, que debe atravesar los límites de su encierro para hacerse cargo de su vida tras la inminente muerte del “hombre de la casa”, comienza a percibir que la sociedad es extraña. Así como nosotros sentimos que ella es la extraña (sus diálogos son articulados, casi cavernícolas). Toma como puente a su amiga, Bella, con quien tiene una relación de amor/odio para entender el mundo, y sobre todas las cosas, para entender el sexo. El psicoanálisis, por ejemplo, trabaja entre otras cosas sobre dos ideas fundamentales. El sexo y la muerte. Acá se ven ambas cosas. La joven e inexperta muchacha está aprendiendo, está experimentando, está rompiendo las paredes que la han protegido (por medio de su padre) del mundo atroz y capitalizado (gesto de ruptura: ver cuando ella debe pagar por el uso de la TV).

Grecia demuestra que tiene muchas ideas. Una civilización ahora contemporánea, que vuelve a sus orígenes para explicar las acciones del hombre. Después de todo, muchas de las ciencias que explican su comportamiento nacen en Grecia, y ahora el cine parece retomarlas de forma actualizada y concreta. Abunda el absurdo y el ridículo, en la película más divertida del año. Un estudio espléndido del instinto animal de todos los hombres, en este caso totalmente exagerado, bajo la intensa mirada de Ariane Labed –protagonista absoluta de esta exquisita obra, que no es perfecta, no es redonda y tampoco es absorbente, pero que con ese inicio entre repugnante y espectacular, sumado a “Tous les garçons et les filles” y a ese final (mejor cierre imposible) hace más que convencernos.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)