viernes, 20 de enero de 2012

La chica del dragón tatuado.

The girl with the dragon tattoo.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

David Fincher vuelve al ruedo demostrando (además de su talento “videoclipero” en los créditos iniciales) que Estados Unidos se ha convertido, quizá sin quererlo, en un gran “adaptador” de cine sueco. Lo que con “Criatura de la noche: vampiros” ha sido todo un desafío aprobado, ahora se vuelve un desafío peligroso. Este sujeto, director de películas como “Seven”, “El curioso caso de Benjamín Button” y “Red Social”, se reta a sí mismo en la adaptación de “Millenium I: los hombres que no amaban a las mujeres”, de Stieg Larsson. El resultado, un trabajo aceptable, considerando que los enredos de la novela no llevan consigo la pasión que intenta volcar el cineasta (y que vuelca, en varias ocasiones) en esta producción. Estéticamente absorbente, consigue trasladarnos al mundo perverso que rodea este misterio, pero no deja que nuestra mente se hospede en un hotel cercano. Con un final tan seco como el resto de las escenas de la película, nos vuelve al mundo real sin hacernos pensar demasiado en lo que hemos visto, sin dejarnos cuestionándonos cosas.

Y no es la primera vez que Fincher se queda a medias en su trabajo. Después de todo, es capaz de crear un universo distinto en cada película, con la soberbia que lo caracteriza en el mundo real y social, y de desmantelarlo rápidamente. No nos quedan secuelas de lo que hemos visto, simplemente viejas impresiones, algunas muy buenas, de algo que acabará siendo olvidable. Con el misterio de Harriet Vanger, la gélida ambientación y la estupenda fotografía, nos atrapa durante dos horas y media de momentos grandiosos, algunos exageradamente retorcidos y otros pobres y artificiales. Siendo bastante similar a “Zodíaco” (a la que considero su obra maestra), con escenas que nos hacen recordarla frecuentemente, se conserva como una misión atrevida de resultados confusos. Muchos la verán como un fallo, otros como un éxito absoluto. Yo prefiero considerarla un retrato fotográfico de marcos débiles pero con imágenes imponentes, un ejercicio que nunca contradice a su estilo pero sí a sus intenciones, una grandilocuente y no demasiado intensa adaptación de la misoginia y la discriminación por razas y religiones.

El entretenimiento está impregnado en su narración ágil, en su guión con tintes humorísticos excelentes y apropiados (que refuerzan la primera hora de película) y en el modo que profundiza en el personaje de Mikael Blomkvist, un periodista que intenta resolver un caso mientras resuelve su vida (pública y privada), quien acaba devorándose a Lisbeth Salander, devenida intrascendente e irrelevante conforme avanza el metraje. Daniel Craig es el alma de esta película, que ofrece una interpretación muy buena de un hombre de pocas expresiones; Rooney Mara no cumple con las exigencias de su personaje, que se ha convertido en la heroína literaria del siglo XXI, con una voz que no la hace andrógina, una piel que no la hace sensual, una mirada que no la convierte en exótica y una ineficacia a la hora de actuar que la hace ridícula. Fincher prefiere ubicarla a la sombra, en un segundo plano, no se esfuerza con ella: la hace un ícono de la violencia y no un personaje complejo e inteligente.

Puntuación: 6/10 (Buena)


“La chica del dragón tatuado” como adaptación de “Los hombres que no amaban a las mujeres”, de Niels Arden Oplev.

Ninguna de las dos películas es excelente, pero ambas intentan reflejar las letras de Stieg Larsson en dos películas que, más que competir mutuamente, se complementan para ofrecernos nuevas perspectivas y nuevas aristas de un cubo mágico, dándole el volumen necesario para convertir una pila de personajes y páginas en algo mucho más interesante.

Cada una tiene sus pros y sus contras, pero juntas acaban sugiriéndonos que el misterio es mucho más profundo de lo que parece. La versión primera, original, sueca, hace que el mundo gire alrededor del alma del libro: Lisbeth Salander. De pasado oscuro, que manifiesta en su apariencia en el presente, no ha sido originalmente pensada como la protagonista, pero sí como una “asistente”. El universo ha recibido a su personaje mucho mejor que al de Mikael, lo ha convertido en inolvidable. La versión americana hace hincapié en el personaje masculino, develándonos cosas que quien ha visto sólo la otra película desconoce, y apoyándose en él para adivinar qué hay detrás de todo esto.

Las variaciones son muchas, pero tres probablemente sean las destacables. Por un lado, lo ya mencionado, el protagonismo de uno o de otro, en un caso bien sostenido por Noomi Rapace, en el otro bien sostenido por Daniel Craig. Por otro lado, la ambientación. Claramente, Estados Unidos se ha esforzado por hacernos morir de frío en verano durante 150 minutos, cosa que logra. La escenografía es impecable, estéticamente brillante. Pero por más hielo y sangre que añadan, no se siente la injusticia, la corrupción de la sociedad. De ahí los marcos débiles: la imagen puede ser muy intensa (mucho más que en la versión sueca), pero los marcos no pueden sostenerla. La recreación espiritual del mundo es frágil (la versión de Oplev tiene una escena fundamental: Lisbeth siendo golpeada por hombres en una estación de subte), no nos asquea ni nos irrita, simplemente nos ventila. Y en tercer lugar, algo inesperado en la versión más reciente: el humor. Hay frases que consiguen dinamizar la primera hora de película, que es la más floja de la anterior versión, haciéndonos reír en algún momento. Las palabras están ordenadas con el fin de ironizar. Christopher Plummer resume la mayoría de estos deslices humorísticos, de los que seguramente hacen llorar de la risa a mi adoradísimo David Fincher.

Debo destacar, por otro lado, el final. Mucho más elaborado, más amalgamado, mucho mejor. Prueba, sin lugar a dudas, la incertidumbre de una película que, dependiendo de la recepción, puede convertirse en la primera de una saga.