domingo, 29 de enero de 2012

Chico y Rita

Chico y Rita.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Parece difícil concebir que una película española ambientada en Cuba esté nominada por la Academia de Estados Unidos como mejor animación, quitándole el lugar a la favorita “Las aventuras de Tintin”. Uno se cuestiona este tipo de rarezas, y llega a una conclusión cuando acaba de ver “Chico y Rita”, lo nuevo de Fernando Trueba: es una carta de amor a la isla en los años previos a la Revolución de 1959. Años durante los cuales, como muchos saben, Cuba era un tentáculo de los Estados Unidos. Por lo tanto, condenando sutilmente a la revolución, gana de manera “legal” terreno entre las “cinco películas animadas del año”.

Pero más allá de cuestiones políticas, que se ven a la perfección, es una gran historia de amor. Entre el pasado y el presente, este romance está marcado por el encuentro y el desencuentro, por los malentendidos, los rencores, el orgullo, la pasión y la música. Es una película que todos hemos visto alguna vez en nuestra vida, pero no nos resistimos a volver a verla. La música va marcando un ritmo sensual, recreando el pequeño universo isleño, su gente, su estilo desestructurado, encantador. Y entre la multitud, ojos que se ven por primera vez, y que inmediatamente se pertenecen. “Chico y Rita” se encarga de narrarnos las idas y venidas de esta pareja adulta, cuya conducta es tan tonta como suelen serlo en las típicas películas románticas, mientras pasa el tiempo. Condicionados por sus propios demonios, o los demonios externos que no pueden controlar, esta relación está condenada a la alternancia de experiencias, de reencuentros y de tristezas, sin un destino fijo, que les de algún tipo de seguridad. En cierto modo, el vínculo llega a sufrirse por momentos. Aunque el carisma de los personajes nos arrastra con más fuerza al campo de la comedia que de la tragedia. Principalmente cuando, en el amanecer de un siglo, alguien se pone a recordar los viejos tiempos. La fuerza que puede trasladarnos al dramatismo, se debilita drásticamente.

Compensar los resultados de lo viejo con la posibilidad de algo nuevo puede ser efectivo siempre y cuando, tanto lo viejo como lo nuevo, esté bien planteado. Esta película debe contar con un tono melancólico, sufriente, que no tiene. Cuando la voz del siglo XXI canta para atraer las memorias, no se percibe en la piel, en el alma del espectador, una gota de dolor; simplemente se ve. Todas las escenas de la Cuba moderna rellenan la cinta sin aportar nada más que un cierre narrativo, sin empujarnos a sentir algo. El resultado: una historia de amor común y corriente en la mitad del siglo XX, bien realizada, divertida, animada, candente, siempre que se conserve en aquellos tiempos. El resto, excesivamente benévolo para con el espectador, simplemente sobra.

Punutuación: 5/10 (Floja)