domingo, 5 de febrero de 2012

La dama de hierro.

The iron lady.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

En este año plagado de buenas y grandes producciones, una de las que ha llamado más la atención, sin lugar a dudas ha sido “La dama de hierro”, más aún en tiempos donde, desafortunadamente, la relación entre Argentina y Gran Bretaña no está en su mejor etapa. He tratado de dejar de lado, por dos horas, el sentimiento patriótico para enfrentarme a esta película. Tras verla, creo que el trabajo de Phyllida Lloyd (quien ha dirigido previamente a Meryl Streep en el musical “Mamma Mia!”), es más que satisfactorio. No sólo porque ha sido estupenda la recreación de un personaje exquisito, con muchas capas, inacabable complejidad, y un sentido de la política bastante controversial, además de ser difícil de plasmar tanto por lo físico como por su carácter: sino porque, pese a que pueda verse eclipsada por la gran estrella que la protagoniza, utiliza todos los recursos, las metáforas, para transformar un telefilm chiquito en una gran película.

Es un biográfico distinto, mucho más arriesgado dado que su personaje aún vive, que se centra en las diferentes etapas de la vida de Margaret Thatcher, Primer Ministro Británico durante la década de 1980. Claramente cada una de estas etapas, o períodos, representa una postura distinta en la política y en la vida, influenciada por su ambición, por el éxito o fracaso de determinadas decisiones, o bien por aquellos que han sabido sostenerla al verla debilitarse. Y paradójicamente, el primer enfoque de la dama de hierro (e indudablemente el más interesante: su juventud se vuelve algo repetitiva y no coopera con la dinámica de la obra) es en un momento de impotencia, que está claramente relacionada con su enfermedad. Ella no sufre alucinaciones, ni tiene problemas psicológicos. Los fantasmas no son fantasmas. Thatcher sufre la peor enfermedad que puede sufrirse: la nostalgia. Ella se aferra con firmeza a su pasado, en sus tiempos dorados, sin reconocerse en el presente. Para ella, o está en plena actividad, o es un fantasma más como su esposo (un algo desaprovechado Jim Broadbent). Y las escenas que nos muestran a la líder del Partido Conservador en un estado crítico de nostalgia, son totalmente angustiantes. Lloyd, por fortuna, no se deja llevar por los vientos fáciles, es decir, por crear polémica a partir de hacerla extremadamente malvada o excesivamente buena. Por el contrario, trata de ser lo más objetiva posible: muestra todos los estados que la atraviesan como persona y como mujer (las decisiones correctas, las que no), sea una mujer de hierro o de masa para modelar. Eso sí, tiene el as que todos ansían poseer: una Meryl Streep capaz de llevar adelante todos los personajes que le tocan hacer, dándole un espíritu distinto, como tratándose de varias personas. Creando un conjunto altamente contradictorio, pero indiscutiblemente humano.

Visualmente sofisticada, como suelen serlo las producciones británicas políticas de época (véase: “La Reina”, “El Discurso del Rey”), “La dama de hierro” sigue esta corriente de trabajos que, alternando géneros, logran mostrar el carácter sensible, pero a su vez el combativo de emblemáticos personajes de la esfera sociopolítica inglesa. Todos ganadores de un Oscar porque, vale aclarar, son películas iluminadas por el talento de grandes artistas. Lo que hace Meryl Streep es milagroso, abriendo constantemente caminos que vinculan a sus personajes con el espectador, algunos repletos de rabia, otros de compasión. Va más allá de ser un drama que reivindica a Lloyd como una directora que se abre paso, como mujer, en el mundo del cine (así como Thatcher se ha abierto entre legisladores), le da pinceladas de humor (que no siempre dan en el clavo, y a veces la vuelven un poco ridícula), con una perspectiva histórica interesantísima que va de menor a mayor, y acaba con un final triste y desolador. “La dama de hierro” logra conseguir que el espectador se confunda, no sabe si amar u odiar. Yo me conformo con admirar a Streep, cuya sobresaliente personificación me ha conmovido, me ha amargado, me ha dejado estupefacto. Sin dudas, la actuación de su carrera.

Puntuación: 7/10 (Notable)