martes, 14 de febrero de 2012

El amanecer de un siglo

Sunshine.

Crítica.

“El amanecer de un siglo” es la película más hipócrita que he visto en años. Porque el tiempo nos ha demostrado que la historia se puede contar de muchísimas maneras. Es inmensa, inabarcable, pero quienes realizan estudios se enfocan en períodos determinados y a través de miradas particulares. Tratan de emplear su objetividad para desarrollar análisis. István Szabó, cineasta húngaro, se aferra a las leyes del arte para modificar esa objetividad en subjetividad. Porque una cosa es la ciencia, y otra muy distinta es el arte. Uno puede calificar a un artista de ser demasiado objetivo, impersonal, documentalista, y a veces puede volverse un insulto. ¿Qué otra cosa quiere un artista que ser destacado por su personalidad? Pero algo mucho peor es que un cineasta que ha forjado una carrera extensa de grandes películas, modifique el concepto de subjetividad por mera hipocresía. Sí, contar la historia desde una contradicción y desde una postura que no sólo lo confronta consigo mismo, sino con un personaje principal que se presupone extensión directa de la mente y el corazón de Szabó.

Para quienes no saben, la película retrata la primera mitad del siglo XX en Hungría, a través de tres historias de tres generaciones de una misma familia, marcada por la maldición, y todas protagonizadas por Ralph Fiennes. Cada uno de los períodos que remarca (imperio, dictadura y socialismo) están retratados de manera delicada, sin olvidar que el origen de “El amanecer de un siglo” es la apasionada e “incestuosa” historia de amor devenida en maldición. Sin embargo, la cámara se vuelve un camaleón inmiscuido entre los distintos grupos de poder, narrando la historia apoyando al gobierno de turno. Es decir, en el primer tercio apoya al imperio (porque el imperio no encierra a los opositores, y sí en el breve período post-caída del imperio, donde los nuevos gobernantes de izquierda inmediatamente atacan a los que antes se han mantenido erguidos al lado del imperio), el tercer tercio apoya al comunismo al que antes se ha enfrentado. El segundo tercio, el más logrado, propone una ambigüedad más o menos objetiva que, a fin de cuentas, acaba mostrando que el gobierno, por autoritario que haya sido, es el único que le ha dado un lugar en equipo de esgrima. Claro que, cuando el gobierno se debilita, rápidamente marca con una cruz a aquel sector que lo ha impulsado al éxito, lo condena, lo muestra malvado. Sí, la cámara se disfraza de quien más le conviene. Busca satisfacer a todas las ideologías con su hipocresía intolerable, con su falsa crónica histórica.

Pero detrás de toda la historia del país, está la historia del hombre, de la familia y de su identidad. El mensaje, detrás de todo el sofisticado picnic visual, de la música de Maurice Jarre, tiene que ver con la identidad del ser humano. Con el regreso a los orígenes, con la importancia de no pretender ser alguien más para complacer a otro, sino sufrir las consecuencias de ser libre y tener derecho a elegir. La escena final, entre ridícula y explicativa, condena la hipocresía de quienes reniegan (voluntariamente o de manera forzada) de su propia naturaleza. Podemos resumir “El amanecer de un siglo” con esa típica situación de los que están buscando algo, un espejo (por ejemplo) que tienen en su propia mano. A veces tardan tres minutos (o tres horas) en buscarlo, sin darse cuenta que el espejo lo llevan consigo.

Puntuación: 3/10 (Mala)