domingo, 4 de marzo de 2012

Perfect sense.

Perfect sense.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Hay un grave problema en la ejecución de “Perfect sense”, dirigida por un nombre bastante atractivo para quienes siguen “el cine que nadie ve” (ha dirigido “Young Adam” y, además, un gran drama como “Asylum”), David Mackenzie. Partiendo de una idea original, que toma la epidemiología como amplia rama para explorar “la enfermedad que desactiva los sentidos de la gente de manera progresiva”, va volcándola en la pantalla de la forma que, se cree, supone más adecuada. Vale aclarar que no es una forma que la favorezca mucho: tiene muchos de los ingredientes que varios odiamos (cámara que vibra de modo bruto y desprolijo, una voz en off que nos acompaña durante casi toda la crónica) y, por sobre todas las cosas, no tiene nada que pueda interesar al espectador. Un final trompicado que no termina de cerrar el cuento ni científica ni humanamente: se hacen necesarios veinte minutos más así como se hace necesario un dinamismo que este romance de ciencia ficción no tiene para no hacer de esos “veinte minutos” un castigo brutal.

No discutiré los parámetros de esta brillante idea, porque me parece eso mismo: brillante. Sí discuto todo lo relativo a cómo manipular material tan preciado como el que su guión ofrece, demostrando que el trabajo de Mackenzie es sumamente pobre. Por fortuna, la música hace más digerible la historieta, y las interpretaciones de Ewan McGregor y Eva Green (desnuda, o al menos en parte: algo que viene haciendo muy bien a lo largo de los años tras su magnífica performance en “Los soñadores” de Bertolucci) condimentan un romance que ni siquiera es empalagoso; por el contrario, está muy poco sazonado. En síntesis, un trabajo que huele mal, que uno no puede degustar del todo. Por fortuna se oye bien (aún cuando “no se oye”), aunque no seré capaz de probar el sentido de la vista con esta película nuevamente.

Toma los rumbos correctos cuando no se toma demasiado en serio, cuando hace chistes (que son bastante buenos e ingeniosos) y cuando monta circos ridículos (la escena del “hambre”, o la de la “furia telefónica”, que son absurdas y buenas). Por tal motivo, el principal conflicto de la película es que se cree más seria de lo que verdaderamente es, y para colmo pretende serlo aún más. Oscila entre “Contagio” de Soderbergh y “Ceguera” de Meirelles, aunque sin la paranoia de la primera ni la estupenda atmósfera de la segunda. No se percibe esa magia deprimente y apocalíptica, aunque quizá se deba a la trata que da el director a su idea. Después de todo, “ensordece” al espectador durante la media hora cuando nosotros no somos los sordos, “enceguece” al espectador cuando nosotros no somos los mudos: quizá nos aleje del aroma a miseria y depresión con la excusa de su argumento, es decir, justificando nuestra insensibilidad con la pérdida de los sentidos de personajes ficticios. Y paradójicamente, tras habernos ensordecido y enceguecido, aún seguimos oyendo una voz en off, la misma que nos ha vuelto locos durante poco menos de una hora y media. Una experiencia (poco) sensorial.

Puntuación: 3/10 (Mala)