domingo, 8 de abril de 2012

Shame.

Shame.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Estoy concluyendo: Steve McQueen es un buen director, pero no me gusta. Una visión precipitada, basándome en tan sólo dos películas suyas: “Hunger” y “Shame”, que exploran dos de las características principales del ser humano. Pero esa obsesión por la estética, que tanto me recuerda a Tom Ford (aunque el mundo de Ford es más prolijo, menos caótico que el de McQueen), le resta al mensaje. La preocupación de este cineasta por entregar una obra limpia, acaba por perjudicarlo en el discurso narrativo: después de todo, es una historia que nace y muere ahí, en la proyección. Puede quedar revoloteando alguna sensación de morbo o impresión, ternura o repulsión, pero son sensaciones pasajeras. A mí, al menos, no me ha dejado pensando en nada. Mucho menos, he pensado en qué quiere decirnos el cineasta: todo está plasmado ahí, en el patetismo, en el flagelo, en lo que se ve, en lo que se siente, sin tapujos. Una obra estática y estética.

“Shame” se sostiene sobre varias bases: algunas ofrecen un mejor sostén que otras, pero logran sacar la idea adelante. La primera, es Michael Fassbender. Es un personaje escrito a la perfección, donde la evolución es clara: vive sin límites de sus vicios (de ahí, la desnudez absoluta del inicio en contraposición con las bufandas y el abrigo), hasta una llegada que corta esa costumbre: debe aprender a controlarse, y además de eso, a acostumbrarse a controlarse. Hay un desequilibrio que, yéndonos lejos, se ve en el personaje del mayor en “El árbol de la vida”: esa sensación de libre albedrío, que puede jugarnos en contra y hacernos herir a las personas. Y yéndonos cerca, está presente en el personaje de Carey Mulligan, la segunda base (fuerte) sobre la que se apoya la película: la interpretación más osada de su carrera, aunque quizá no la mejor. Ella se sacrifica escena a escena, y muestra un personaje complejo, sutilmente trabajado (no es tan explícito: tiene actitudes que nos hacen pensar), intenso y visceral. Su necesidad de interacción es la misma que tiene él, pero manifestada de forma distinta: son polos opuestos en ese sentido. Él, lleva al extremo su necesidad, aunque en el fondo es un solitario, oculto detrás de su coraza. Ella, es una solitaria que sufre de afuera hacia adentro. Y sin dudas sufre mucho.

Fassbender (o Brandon, su personaje) es una criatura repulsiva, como Toru Watanabe (el ya mítico personaje de Haruki Murakami en “Tokio Blues”), que vive del sexo en la melancolía de la ciudad, que acá bien puede llamarse “New York Blues” (aunque él sí vive en ella). Y va más allá de lo que hace en la cama: su modo de relacionarse con las personas es siempre agresivo, y está muy bien logrado. Puede sonar tonto decir que Brandon “se desnuda ante la cámara” por dos motivos: en primer lugar, porque lo hace de forma literal constantemente, ya todos lo saben; en segundo lugar, porque no lo hace espiritualmente. Es alguien cerrado, y punto. Sí se entrega en cuerpo y alma el actor que lo interpreta, que es magnífico. Su actuación duele tanto como la de Mulligan, y el talento de ambos hace más amena una cinta, de por sí, bastante insoportable. La música y los espacios cerrados ayudan a crear una atmósfera que su director nos queda debiendo. Tanto recurso estilístico impide que nos asfixiemos con la historia, y más allá de algún giro sobre el final (que ni siquiera es lo retorcido que uno puede esperarse; de hecho, es algo estúpido), no nos perturba demasiado. “Shame” está servida para gozarla o sufrirla durante una hora y media, para palpar esa mezcla de belleza y espanto y, finalmente, para admirar el talento de quienes dan la cara. Por algo la dan, después de todo.

Puntuación: 6/10 (Buena)