sábado, 9 de junio de 2012

Elefante blanco.

Elefante blanco.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Pablo Trapero es famoso en Argentina, y por qué no en el mundo, por retratar de manera oscura y cruda ciertos aspectos de nuestra sociedad. Su filmografía, en conjunto, puede servir como un manual para el inmigrante, para aquel que desconoce nuestra cultura, que ignora el manejo de nuestras instituciones. Quizá algo pesimista y duro, pero bastante realista. Y sus películas en particular, sirven como medio para que el cineasta haga su descargo, mordaz, crítico, inteligente. Desde su última buena película, “Leonera”, se ha inclinado al cine comercial, incluyendo al actor que todo el mundo identifica con nuestro país, Ricardo Darín. Pero el ser mejor distribuido no significa que haya abandonado su peculiar estilo; por el contrario, su manera de hacer cine tiene raíces en el cine europeo, y como tal, no es apto para cualquier público. Sin demasiadas palabras y con mucha brutalidad e impacto en sus acentuaciones. “Carancho” lo demuestra, y “Elefante blanco” lo ratifica. Pero también, cabe aclarar que Trapero se sostiene demasiado en su crítica, que por suerte es buena, en generar conciencia y demás, olvidándose del alma de la obra, del argumento. Dentro del cine, cuando un trabajo altamente realista analiza la sociedad desde dentro, sigue sus movimientos cotidianos, sin importar quiénes son los personajes (o cuáles son sus orígenes) que sirven como medio entre el espectador y esta realidad, se lo llama normalmente “documental”.

La historia se centra en la situación de una villa porteña, inundada de pobreza y violencia, y olvidada por el resto del mundo (ruinosa, como el elefante blanco). Y dos amigos, interpretados por Ricardo Darín (El hijo de la novia) y Jérémie Rénier (El niño), que son sacerdotes tercermundistas dedicados, ellos sí (los héroes, los mártires, esos que permanecen erguidos como árboles en “De dioses y hombres”, esos que dan la vida por los demás) a la causa. Definir el argumento es sumamente complicado. Porque empieza y termina en dos puntos de la vida de los pobres, pero no empieza nunca, y jamás termina. Es una fracción mínima de una realidad devastadora, filmada con nervio por ese gran director, que saca lo mejor de Jacques Audiard. Entonces, decimos que el argumento se centra en la relación de tres personas que trabajan por los demás, que intentan definir su posición a futuro en el lugar. Pero deben enfrentarse a organismos que siguen ignorándolos a ellos y a los residentes en aquellas villas, que por un momento (sólo un momento, cabe aclarar) pueden recordar a las favelas de Ciudad de Dios. Es este punto álgido, entre operativos policiales para encontrar droga, entre disparos y muertos, de la vida de los personajes, alrededor del cual gira “Elefante blanco”.

Pero hay cosas que no me cierran. Y van más allá de que no profundice en el aspecto emocional de los personajes (sí en el de Rénier, no sólo protegido por su personaje, sino por su enorme talento). Por un lado, tengo la impresión de que Trapero filma la película para los argentinos, y no para el mundo. Todos la entenderán, seguramente, pero por otro lado nadie entenderá nada. Y me refiero a ese mensaje que tan delicadamente construye un cineasta como éste. Por otro lado, pese a momentos muy bien logrados (está montada en una villa, no es para menos), este perro ladra constantemente pero no muerde. Amaga, esboza ideas ambiguas sobre casi dos horas de gravedad, gravedad y más gravedad, pero no se compromete demasiado. Sólo, quizá, con traer el suceso del Padre Mugica al presente, probando que la lucha entre la Iglesia y los sacerdotes tercermundistas o curas villeros jamás ha acabado. Pero no me deja ninguna otra impresión. “Carancho” me deja mudo, y ésta también. La primera, porque me quita el habla. La segunda, porque me quita las ganas de hablar al respecto. Ver “Elefante blanco” probablemente clarifique muchas cosas para los argentinos que desconocen lo que sucede detrás de las autopistas. Aunque dudo que para el resto del mundo sea algo realmente necesario.

Puntuación: 4/10 (Regular)