domingo, 11 de noviembre de 2012

Caché - escondido.



Crítica.
“Caché - escondido” [“Caché”, M. Haneke – 2005]

No es la primera vez que el director austríaco dos veces ganador de la Palma de Oro en Cannes, Michael Haneke, toma a la Sagrada Familia como punto de partida para sus turbulentos juegos macabros. Ya en “Juegos sádicos”, dos versiones (austríaca y americana) de una misma tragedia, ha expuesto su talento para narrar con su peculiar tranquilidad algún que otro suceso terrible dentro del hogar. La multipremiada obra que muchos llamarán “su obra maestra” (yo me permito nombrarla como una excelente combinación de géneros, donde prima el suspenso, y que no sólo es buena por lo que muestra, sino por todo lo que sugiere en segundo plano), trata sobre una familia burguesa que es asediada por unas amenazas en forma de videocasetes, dentro de un dibujo enrollado y poco gracioso. Pero el tono de estos mensajes se va tornando más y más preocupante, y obliga al protagonista masculino a hallar respuestas en un pasado que, en algún momento de su vida, ha preferido olvidar, esconder.
Quien haya visto al menos tres películas del director, sabrá que no es de los hombres que le pone sal a las comidas para hacerlas más agradables o para complacer al paladar del comensal. Dirige las cosas como son, de la manera más explícita y chocante, reflejando las costumbres de una civilización arruinada, por lo general representada por los sectores de poder, ya sea la burguesía, la iglesia, la nobleza, la aristocracia... Y sí, no es un director que en la forma se esfuerce por retener al público en general: sin uso de música, con muchos silencios, tiene todo para ahuyentar al espectador. Pero ahí radica su atractivo, porque como ver cine es una decisión, uno ya sabe a qué se enfrenta, y puede determinar qué quiere hacer: o bien atreverse a una experiencia seguramente devastadora, o preparar una ensalada. Hay gente para todo, y muchos saben que, cuando se trata de Haneke, no es fácil atreverse.
“Caché – escondido” no es la excepción, y cuenta con muchas de estas características, dotadas de un suspenso desasosegante. La atmósfera es algo admirable, motivo por el cual el austríaco es uno de los mejores directores vivos: no es lo que llamamos normalmente ambiciosa, y aun así logra atraparnos. No hay un solo minuto en el que no nos sintamos desconcertados: ya sea por un inicio en el que nada sucede (bien, esa es la primera visión, la superficial), o por alguna que otra escena atroz. El director de “La cinta blanca” conoce los trucos, conquista una vez más a la crítica internacional, sembrando misterios y evadiendo respuestas, que es lo que usualmente hace. Y también engaña, haciéndonos creer que es en primer lugar una película de terror-suspenso, y no una crítica que ahonda en la psicología de una clase social. “El hombre de al lado”, la película argentina protagonizada por Rafael Spregelburd, condena el egoísmo de las clases media/alta, en la línea de “Caché – escondido”, que por su parte, tiene también ecos de David Lynch con su “Carretera perdida” (argumento similar, aunque bastante menos surrealista) y de Sam Mendes, el estupendo director de “Belleza americana”, que usa las puertas de la casa como grandes e impenetrables murallas que dividen una realidad de la ilusión que se vende “al afuera”: en otras palabras, Cohn/Duprat, Haneke y Mendes juzgan la hipocresía y la falta de transparencia, esa necesidad orgánica de aparentar antes que mostrar. Los rituales de vino tinto y reuniones entre colegas sirven como pantalla para “pintar la ilusión”, para esconder la esencia animal/bestial de nuestros seres.
La pregunta que subyace tras varios visionados es, de todos modos, siempre la misma: ¿qué es lo que está escondido? ¿la amenaza humana o el pasado? ¿el otro o el “yo”? Y por qué no, ¿qué es lo que prioriza el cineasta? En un mundo con reglas que nos obligan a comportarnos de forma contraria a la natural (o intuitivamente, digamos), cada uno tiene sus secretos enterrados, y que en algún momento, tarde o temprano, salen a la luz. ¿Qué tal realista es “Caché – escondido”?, nos preguntamos como curiosos. Y reformulamos: ¿qué tan reales son esos videos que nadie parece enviar? ¿no son, acaso, un mero reflejo de las obsesiones y paranoias, una alegoría de la incontrolable locura que brota desde el inconsciente, desde todo aquello que ha sido forzosamente escondido en la primera infancia? Por todas las preguntas que nos vemos obligados a hacer, o a hacernos, por todas las reflexiones que complementan una sencilla experiencia cinematográfica, por el talento incuestionable de sus dos intérpretes y por todas las sensaciones que atravesamos en dos horas de cine trepidante e intenso como una montaña rusa, “Caché – escondido” es una gran película. Aunque no es motivo suficiente para recomendársela a todo el mundo, por lo expuesto anteriormente.
Puntuación: 9/10 (Excelente)