domingo, 23 de diciembre de 2012

Ruby, la chica de mis sueños.




Crítica.

“Ruby, la chica de mis sueños” [“Ruby Sparks”, J. Dayton y V. Faris – 2012]


“Ruby, la chica de mis sueños”, una comedia que marca el regreso de Valerie Faris y Jonathan Dayton, directores de la galardonada cinta “Pequeña Miss Sunshine”, parece tener ecos borgianos. Quienes conocen el estilo de Jorge Luis Borges, uno de los escritores más prestigiosos que ha tenido la Argentina, pueden dar cuenta de ello. La trama, con una premisa que puede resultar a simple vista abrumadora, se centra en la solitaria vida de un exitoso escritor, interpretado por Paul Dano, que sufre un bloqueo y deja de escribir por un tiempo. Esto se corta cuando, en un golpe de inspiración, él vuelve a escribir sobre una mujer: ella es Ruby, una artista a la que conoce en sus sueños, y que parece ser la encargada de devolverle la tranquilidad hasta que se materializa en su propio departamento.
Comienzo a pensar, repentinamente, en todas las películas con un trasfondo fantástico que he visto. Se me viene a la cabeza una de los años 90, que he visto hace poco: “Groundhog day”, con Bill Murray. Y pienso en ella porque es el estereotipo de comedia fantástica que quiere ir más allá de lo que puede soportar (un día que se repite una y otra vez, hasta que un final tonto resuelve la situación). Entonces, al encontrarme con tan ingeniosa propuesta de la guionista Zoe Kazan, quien además protagoniza la obra, no puedo sentir otra cosa sino miedo. Siempre intento tener confianza en aquellos que portan frescura y nuevas ideas, pero de algún modo, sus fracasos acaban dándome la razón. El desenlace acaba por arruinar el conjunto. Pero, sin precipitarme, prefiero enfocarme en las impresiones previas al final, que no son pocas.
En primer lugar, Paul Dano me parece una buena elección para interpretar a Calvin, este problemático, y hasta podemos decir neurótico sujeto. Pero siento que, en varios momentos, y seguramente por órdenes de los directores, hay un exceso de energía que tiende a infantilizar algo no sólo serio, sino potencialmente perverso. Movimientos del muchacho a lo largo de la escalera banalizan un poderoso drama sobre las relaciones de poder. Revisemos: un escritor tiene en su máquina de escribir, o vaya uno a saber dónde, el arma para inventar a alguien a su medida, o de la forma que se le antoje. Esta aspiración a la creación divina, un acto de soberbia, puede detectarse en el fabuloso relato de Borges “Ruinas circulares”, donde un hombre sueña e inventa, jugando a ser un dios creador de la perfección en su forma humana, algo paradójico de por sí. La música, genial trabajo de Nick Urata, aplica el tono de gravedad a la situación: se trata de un caso de manipulación cruel, donde ella es simplemente un títere. ¿Es necesario el forzado tono de comedia, cuando las mismas bizarras situaciones pueden generar risas en el espectador? No, para nada.
En segundo lugar, la manera en que las situaciones se van dando son originales e interesantes. El primer momento en que el personaje de Zoe Kazan habla otro idioma, es simplemente para partirse de la risa. Ahora bien: cuando el escritor comienza a experimentar en exceso, para el espectador, la cosa pierde su gracia. Porque “Ruby, la chica de mis sueños” parece esforzarse por trivializar lo sorprendente. Hace que todos los puntos notables del film se vuelvan algo del montón, como intrascendentes. Es deshacer el castillo de naipes de un manotazo. Sólo porque sí. Reconozco, eso sí, que hay momentos para atesorar en la memoria. Porque si algo sobra en esta gran tragicomedia, son situaciones cómicas.
En tercer y último lugar, ahora sí, el final. Cuando ya nos hemos adentrado al inconsciente del escritor, al escalofriante goce que recorre su cuerpo cuando siente el poder en sus manos, o cuando ya nos hemos percatado de que “Ruby…” no es una comedia, sino un drama con humor del bueno (es decir: que ya detectamos su calidad y su seriedad, a pesar de todo), llega el final. Unas simples frases que el escritor le dice a su psicólogo (pero que en realidad, parece estar diciéndoselas a los espectadores) también banalizan la búsqueda de una hipótesis medianamente racional (o metafórica), que es lo que cualquier persona busca cuando se cruza con un producto cultural. Y aunque reconozco que la última escena está bien lograda, siento que no se le hace demasiado honor a una idea tan explosivamente buena que, con pulir el guión y encomendárselo a otro director, ya huele a obra maestra.
Puntuación: 5/10 (Floja)    


Trailer subtitulado al español, para interesados…