martes, 31 de diciembre de 2013

Lo que el 2013 nos dejó...


Un año más se va, repleto de grandes títulos que hoy, Una locura de película, intenta recoger en un breve listado de lo más destacado entre lo visto durante el año 2013.
Además del habitual Top Ten, hay un listado secundario de otras producciones que, sin haber conseguido un lugar en la selección principal, son más que recomendables.
Muy feliz año para todos los lectores.  


Títulos recomendables.


- WAKOLDA, 2013.
Dir. Lucía Puenzo.

- STOKER, 2013.
Dir. Park Chan Wook.

- GRAVEDAD / GRAVITY, 2013.
Dir. Alfonso Cuarón.

- RUSH, 2013.
Dir. Ron Howard.

- LOS AMANTES PASAJEROS / I'M SO EXCITED, 2013.
Dir. Pedro Almodóvar.

- LA VIE D'ADELE / BLUE IS THE WARMEST COLOUR, 2013.
Dir. Abdellatif Kechiche.

- PARADIES: GLAUBE / PARADISE: FAITH, 2012.
Dir. Ulrich Seidl.

- ATMEN / BREATHING, 2011.
Dir. Karl Markovics.

- LAURENCE ANYWAYS, 2012.
Dir. Xavier Dolan.

- LA NOCHE MÁS OSCURA / ZERO DARK THIRTY, 2012.
Dir. Kathryn Bigelow.


Top Ten. Las mejores películas del año.


10. KRUGOVI / CIRCLES, 2013.
Dir. Srdjan Golubovic.
Seleccionada por Serbia para competir en los Oscar, habla sobre los círculos que una piedra lanzada dibuja sobre el agua cuando se hunde en ella. Un acto heroico durante la guerra de Bosnia cambia radicalmente el destino de los personajes involucrados. Doce años después, estos se reencuentran, incluso más allá de las fronteras. Pero los círculos siguen dibujándose. El dolor sigue. La herida sigue. Krugovi, de Srdjan Golubovic, es una obra conmovedora y necesaria.


9. SPRING BREAKERS, 2013.
Dir. Harmony Korine.

La juventud agitada en una interesantísima propuesta sobre la fragilidad, la banalidad y la ilusión. Cuatro muchachas están dispuestas a todo para gozar de las vacaciones de primavera en la playa. Pero los excesos y su encuentro con un misterioso millonario, brillantemente interpretado por James Franco, cambia inmediatamente los planes. Y no todas tienen la capacidad para soportar la desilusión, la imprevista realidad del mundo. Dirige Harmony Korine.



 8. DUPA DEALURI / BEYOND THE HILLS, 2012.
Dir. Christian Mungiu.

El premiado cineasta rumano Christian Mungiu dirige un drama sobre los extremos de la fe (la devoción y el ateísmo) en un convento donde ocurren cosas extrañas. Dos viejas amigas se reencuentran, pero ya nada es igual. Con todo, tiene algunos de los destellos humorísticos más inesperados, superando su anterior obra, 4 meses, 3 semanas y 2 días, con la que ganara la Palma de Oro. Una película inquietante.



7. BLUE JASMINE, 2013.
Dir. Woody Allen.

Woody Allen, un trabajador que jamás se agota, cuenta la historia de Jasmine. Ella es una mujer que ha perdido el bienestar que gozaba estando casada con un rico hombre de negocios. Hallándose sin un lugar donde quedarse, debe permanecer un tiempo en casa de su hermana, a la que ha despreciado durante años, mientras intenta rehacer su vida con ayuda del alcohol y unas cuantas píldoras. Una tragicomedia imperdible con una estupenda actuación de Cate Blanchett.



6. DANS LA MAISON / IN THE HOUSE, 2012.
Dir. François Ozon.

Adaptación de François Ozon de la obra de Mayorga, El chico de la última fila. Una comedia dramática sobre la obsesión y los alcances de la literatura en una de las obras más originales del año. La trama, retorcida como es habitual, gira en torno a un joven que escribe relatos sobre su ingreso a la casa de un compañero de la clase media, de quien finge ser amigo para conocerla por dentro. Y también en torno a su profesor, quien se deja llevar por el perverso juego de la literatura viva. 



5. ONLY GOD FORGIVES, 2013.
Dir. Nicolas Winding Refn.

El retorno de Nicolas Winding Refn a sus orígenes, obra oscura sobre la justicia, narrada a partir de la trágica (nunca más oportuno este término, considerando las reminiscencias al clásico de Sófocles, Edipo Rey) historia familiar de Ryan Gosling, cuyo hermano ha sido asesinado tras violar a una prostituta, y cuya madre le ordena que vengue la muerte de éste. Sangrienta, tenue y maravillosa. Para verla y reverla.



4. EL MAESTRO / THE MASTER, 2012.
Dir. Paul Thomas Anderson.

El director más grande de las Américas dirige The master. Paul Thomas Anderson, el más grande contador de historias ligadas directamente a la Historia de los Estados Unidos, se ubica en la posguerra y describe el enfrentamiento ideológico entre un errante soldado perturbado y el maestro de una secta religiosa. Humor insólito, escenas memorables, algunas de las más grandes actuaciones de los últimos tiempos, un final increíble. Un cóctel con la garantía del maestro del cine americano.




 3. EL LADO LUMINOSO DE LA VIDA / SILVER LININGS PLAYBOOK, 2012.
Dir. David O. Russell.

Quedan pocos referentes de la comedia americana. Alexander Payne es uno. David O. Russell es otro. Lo demostró con El lado luminoso de la vida, una de las obras más divertidas y bellas de ver, con la que revalúa el género y ofrece, con sencillez y sensibilidad, una de las mejores películas del año. Excelentes Bradley Cooper, Jennifer Lawrence y Robert De Niro en esta trama familiar sobre un joven diagnosticado como bipolar que intenta rehacer su vida. Amor, perdón y baile en una comedia exquisita.



2. DJANGO SIN CADENAS / DJANGO UNCHAINED, 2012.
Dir. Quentin Tarantino.

El regreso del ultraviolento cine de Quentin Tarantino hecho un espectáculo colosal de casi tres horas de cruenta venganza en tiempos de esclavitud americana. Políticamente incorrecta, esta especie de western narra la historia de Django, esclavo liberado por un cazarrecompensas alemán al que se asocia para rescatar a su esposa de las manos del dueño de una plantación de esclavos. Humor y sangre en un show electrizante, inteligente y salvajemente divertido.

 

1. LA GRANDE BELLEZZA / THE GREAT BEAUTY, 2013.
Dir. Paolo Sorrentino.

Indescriptible obra presentada en el último festival de Cannes. Cuadros de la vida contemporánea en la urbe romana, una sociedad hipócrita y decadente a través de los ojos de un escritor igual de hipócrita y decadente, pero capaz de reflexionar a conciencia sobre sus propias miserias. En el camino, una galería de personajes hilarantes, montañas de escenas inolvidables y un humor tan negro que se confunde con su sombra. Dirige el gran Paolo Sorrentino, y protagoniza un asiduo colaborador suyo, Toni Servillo. Se trata de una de las obras más grandes en años. Tan graciosa como melancólica, tan brutal como honesta. Hasta el momento, la mejor película vista este 2013.



Para quienes lo deseen, pueden consultar en el siguiente enlace el resumen del año 2012: [Link]

La vie d'Adèle.



 

Crítica.
La vie d’Adèle, de A. Kechiche - 2013.


El azul no es un color que se identifique normalmente con el amor, con lo cálido de las relaciones humanas. Contrariamente, suele vinculárselo a la melancolía, a un sentimiento de ligera tristeza. Pero en el cabello de Emma (Lea Seydoux), una joven homosexual que frecuenta bares y que no tiene dudas respecto de quién es, es un fuego que atrae a primera vista a la confusa Adèle (Adèle Exarchopoulos), adolescente que va a la secundaria y que se siente incompleta al relacionarse con hombres. Algo falta, y llora, porque comienza a desconocerse, ignorando que experimenta un primer paso hacia el conocimiento total de sí misma. Con el tiempo, se encuentran, y las cosas cambian para siempre.

Abdellatif Kechiche, conocido por algunos cinéfilos fanáticos por su obra maestra Cous cous, ganó la Palma de Oro por este filme. La vie d’Adèle es una película romántica como pueden serlo otras, en alguna medida común y corriente, en donde la cuestión de la sexualidad no es más importante que la identidad, y donde en última instancia, la orientación sexual acaba por volverse algo puramente decorativo. Como en Laurence Anyways, otra inolvidable obra de arte de Xavier Dolan, se trata de un romance con altibajos, que puede tener cualquier pareja bajo cualquier circunstancia. La diferencia más grande, es que Kechiche insiste mucho menos en mostrar los prejuicios de una sociedad conservadora o maliciosa. Si hay una escena clave es la que tiene lugar en las afueras de la escuela. Adèle es rodeada por varias compañeras de clase que la fuerzan a confesar que es lesbiana. Sin embargo, ni siquiera ella puede afirmar algo que aún no sabe, y se niega a hacerlo. Como respuesta, recibe una cascada de improperios que, de cualquier modo, no vuelve a repetirse en las casi dos horas y media restantes. La sociedad no parece ser importante en La vie d’Adèle, no hay reiteraciones de este tipo. Extraño, considerando el antagonismo entre los discursos parentales de ambas amantes, que se oponen, sin pertenecer a visiones extremas del conservadurismo o de lo ultra-liberal.

En casi tres horas de metraje, asistimos a las sucesivas fases del enamoramiento. En este punto, hay escenas realmente maravillosas, y la película lleva un ritmo imparable. A saber: el momento en que Adèle conoce a los padres de Emma; la escena en que una de las amantes califica a la otra con un 14/20, tras lo cual la otra responde que intentará dar lo mejor de sí para el sexo; también cuando Adèle posa para la pintura. Todas están dotadas de una belleza gélida, aunque en el fondo infernal. Otras escenas un tanto secundarias no pierden la frescura, como el primer encuentro en el autobús entre la protagonista y un joven muchacho que detesta leer, o los encuentros de las amantes en el parque. No parece haber una conciencia estética, pero sí una espontánea belleza en los rostros de las protagonistas, que hechizan al espectador, lo llevan a perderse en la ilusión cinematográfica, con el realismo que estas estupendas actrices logran generar a través de sus miradas (Exarchopoulos recuerda mucho a Felicity Jones en Like crazy, por su expresividad y ternura). El autor de Cous cous lo arriesga todo en las secuencias donde el cuerpo femenino se expresa, como se ve en la primera escena de sexo lésbico, mucho más extensa de lo habitual, pero que refleja una gran armonía espiritual. Son estas escenas y la entrega de las actrices lo que hace de La vie d’Adèle algo un poco distinto dentro del amplio género romántico.

Durante la segunda mitad del filme, esa frescura se pierde, la obra se vuelve bastante convencional, emula la automatización de la vida de su protagonista, decae, aunque no en medidas preocupantes. No por eso deja de ser una buena película, que se toma su tiempo para indagar en el desamor como fase conclusiva del esplendor. Tampoco desaparecen los grandes momentos: la fiesta que organiza Adèle, la discusión de ambas, el reencuentro en el bar, son un claro ejemplo de talento interpretativo. Y Kechiche la cierra con una imagen estupenda, que representa las expectativas que subyacen en el alma de Adèle y la incompatibilidad con las expectativas de los otros. No es un final catártico como el de Cous cous, pero es el mejor que podría imaginarse para una obra de estas características. La vie d’Adèle se pierde en la línea del tiempo (hay escasas referencias al tiempo real; se recurre al tiempo referencial en pocas oportunidades, no para mostrar cuánto ha pasado, sino que ha pasado un período de tiempo entre escena y escena), y como cualquier biografía, recoge los momentos más importantes de la vida del personaje. Podrá notarse sin esfuerzo que hay mucha data que se omite (la huida del clóset de Adèle en el círculo familiar, la separación de Emma de su anterior pareja, por ejemplo), y que puede ser importante, decisión que tal vez sea un error, pero que claramente es una decisión del autor. Y como diría Sartre, nombrado en el filme, las decisiones no son errores porque son decisiones. No obstante, el autor suprime esta data, porque a fin de cuentas no la considera necesaria para que este romance se hospede en los corazones de los espectadores. Después de todo, es información que algunos pueden exigir con mayor o menor vehemencia, sin dejar de ser accesoria. La vie d’Adèle es lo que es, pura lozanía, belleza y sensualidad. Una película extremadamente sencilla y extremadamente profunda, con momentos que conquistan la retina y con otros tantos que conmueven al corazón.

Puntuación: 7/10 (Notable)

domingo, 29 de diciembre de 2013

Le passé.



 


 Crítica.
El pasado, de A. Farhadi - 2013


Asghar Farhadi escribe y dirige El Pasado tras su triunfo a lo largo del mundo con su aclamado filme La separación, producción iraní que ha cosechado numerosos premios internacionales. Conservando el tono, intenta representar lo pasado según su verdadera dimensión. No se trata simplemente de afirmar que es pasado todo aquello que precede al presente. Un planteo así defiende que el pasado es una ilusión, del mismo modo que lo es el tiempo. Y servirá la experiencia propia de cada uno para alegar, llegado el caso, que el pasado es mucho más que un período de tiempo necesariamente vinculado con el presente. Aun cuando nadie pueda establecer una definición que dé cuenta de la verdadera complejidad del asunto, ni siquiera el director de una película que previsiblemente toca este tema, conviene aproximarse a una realidad mediante nuestra percepción humana. El pasado no está separado del presente, no se oculta en las sombras de lo que existe ahora, acecha constantemente, muchas veces se impone e influye inevitablemente en el futuro. Posiblemente sea absurdo hablar del pasado, después de todo.

Sea como sea, este gran artista se anima a desplegar su talento como contador de historias íntimas y cotidianas con nudos difíciles de desatar, y toma como punto de apoyo la cuestión del pasado. La trama gira en torno a una mujer que planea casarse con su novio, para lo cual necesita divorciarse de su esposo, de quien lleva separada mucho tiempo. Él regresa a París tras cuatro años de ausencia y encuentra la casa totalmente convulsionada. La relación entre los miembros de la familia es cada vez más tensa, hay secretos ocultos, grandes malentendidos que han acarreado desgracias, y su llegada genera profundas alteraciones. El pasado toma la famosa figura de la olla a presión para marcar el ritmo de lo inevitable, que es el desentierro de aquello que ha sido deliberadamente escondido, seguido de la fractura definitiva o el perdón absoluto. El sentimiento de culpa adquiere un rol protagónico en una obra que muestra que hasta las más ingenuas acciones pueden desencadenar trágicas consecuencias. La incomunicación humana conlleva a violentas implosiones, cuando los celos y otros vicios devoran el sentido común. La sola convivencia contagia el dolor y el malestar: los niños muchas veces acaban viéndose involucrados en conflictos del mundo adulto, elemento que se repite en la filmografía del director, y que acá se explicita en una de las más grandiosas escenas del filme, cuando la niña le pide al protagonista que le revele el contenido de ciertos correos electrónicos.

Está claro que El pasado juega con la distinción entre aquellos personajes que miran hacia delante y aquellos otros que se aferran a lo conocido. Los últimos veinte minutos son la prueba de cómo esta diferencia de posturas, respecto a algo que podrá considerarse tan banal, enturbia la interacción humana. Diferencias así son irreconciliables y muestran con claridad la complejidad de su título y todo lo que este esconde. Ahora bien, Farhadi pone numerosas secuencias al servicio de una premisa hecha para los espectadores más reflexivos, olvidando por momentos que está contando una historia realista, y que en la vida real los episodios ocurren sin una lógica que los vaya estructurando. Uno tiene la sensación de que los personajes no evolucionan por sí solos, ni tienen alma, son marionetas que arrojan en varias oportunidades frases que auxilian el curso de los acontecimientos, es decir, la ficción en sí. Frases artificiales con el único fin de darle forma a un embrollo que excede las dos horas y, por momentos, hasta la tolerancia de los más grandes fanáticos del cine de autor. Algunos ejemplos pueden ilustrar mejor esto: Lucie, la hija mayor, alude a los tres matrimonios de su madre, algo que es útil para comprender más la situación familiar, pero que en el marco en que está dicho (la conversación con su padrastro, Ahmad) no tiene demasiado sentido, porque es información demasiado específica que no supone ninguna novedad para los personajes involucrados; puede cuestionarse además la escena en que la protagonista le dice a su esposo que está embarazada, pues no es el momento en que un ser humano de la vida real lo diría (o bien correspondía haber sido planteado al inicio, en la conversación dentro del coche, o luego de oficializar los trámites de divorcio, pero claramente ofrece una ventaja, que es la de justificar la posterior desaparición de Lucie); luego existen otros casos menores, como la escena en que el futuro esposo comenta a un desconocido que es alérgico a la pintura, cuya utilidad es la de explicar el por qué se coloca gotas en los ojos en la casa, donde se suponía que no iría durante la estadía del huésped, Ahmad.

Farhadi repite con una composición arquitectónica quizá excesivamente fría, pero no exenta de los dilemas morales que hacen su cine algo tan atractivo. Existen momentos donde el discurso se vuelve excesivamente provocador, como en la charla del niño y su padre en que tocan el tema de la muerte digna, o la cuestión del aborto, en un mejunje explosivo de temas controversiales de actualidad. Es un artista atento al lenguaje cinematográfico, e incluso al lenguaje oral de sus personajes, aunque acá parece abusar de aquello que se le ha elogiado en su anterior trabajo. Si hay algo que hasta hoy se recuerda de La separación es el final, precisamente por cerrar el expediente de forma definitiva, impidiéndonos ser testigos de lo que sucede. Acá, las ventanas tienen la misma función: le otorgan a los personajes una merecida intimidad, que se yuxtapone a la ya aludida necesidad de explicitar a la fuerza algunas cuestiones. ¿Acaso estamos invitados a observar de cerca esa intimidad, o la espiamos de lejos porque no corresponde hacerlo? El abuso de las ventanas, un recurso ingenioso que agota por reiteración, es una marca del fallo más grande de El pasado: carece de la naturalidad que la hubiera hecho una obra estupenda.

Puntuación: 4/10 (Regular)

domingo, 22 de diciembre de 2013

Gravedad.



 
Crítica.
Gravedad, A. Cuarón – 2013.


Valiente reflexión sobre el valor de la vida humana. Alfonso Cuarón, el alabado director de Niños del hombre y de la producción mexicana Y tu mamá también, dirige una odisea en el espacio haciendo uso de las tecnologías del siglo XXI. Este subgénero de acción espacial, que ocasionalmente pertenece al más amplio género de aventuras, tiene su máximo referente en la magna obra de Stanley Kubrick, 2001: odisea del espacio. Pero Kubrick no es el único punto de comparación al que recurrimos los cinéfilos, en parte porque no es justo (las separan casi cinco décadas y un avance tecnológico inconmensurable), en parte porque sus planteos tienen una graduación distinta (aunque en el fondo hablen de lo mismo). También están los aportes de Duncan Jones, Moon, y de Ron Howard, Apolo XIII. Principalmente resulta ser esta última la mayor fuente de inspiración para el dúo de guionistas, padre e hijo, Alfonso y Jonás Cuarón. 

Tomando los alrededores de la Tierra como escenario, esta obra se caracteriza por una gran virtud. Logra que una mínima unidad de espacio dé la impresión de ser inmensa, y consigue que una locación fija se torne dinámica. En sí, la levitación de los cuerpos, los giros (que nos remontan al An der schönen blauen Donau de Strauss, por asociación inconsciente), incluso esas breves caminatas espaciales, ofrecen una ilusión de vastedad. Son recursos engañosos, pues la acción propiamente dicha tiene lugar en nudos espaciales. No obstante, podrá argüirse que nada es estático en el espacio. Todo está en constante movimiento. Por otra parte, es por ese motivo que las partículas más inofensivas pueden volverse un peligro. Ni siquiera la exactitud de los cálculos, ni la aplicación más rigurosa de las propiedades de la Física, pueden contra las eventuales desgracias, que constituyen el motor del largometraje y el enemigo que pone a prueba la resistencia (física y espiritual) de una heroína en el umbral de la resignación.

Gravedad puede ser reconocida como una amalgama de recursos técnicos, efectos visuales de primera categoría y una actuación impresionante de la mejor versión de Sandra Bullock que jamás hayan visto (supera ampliamente sus performances en Tan fuerte y tan cerca, Vidas cruzadas, o Un sueño posible). Ofrece un espectáculo de calidad, refiriéndose al espacio no con un lenguaje astronómico, sino más bien como un estado de ánimo. A simple vista, puede parecer tonta (por lo lógica que es) la comparación entre la soledad y lo espacial. Sin embargo, un guión con apenas unas pocas palabras y situaciones (los residuos dispersándose a gran velocidad, y poniendo en jaque la misión de los protagonistas), halla en esa simple comparación una columna vertebral a la que fijarse. Habla sobre eso, crea un campo simbólico (la gravedad cero, lo infinito, lo silencioso, en contraste con lo gravitatorio, lo finito y lo bullicioso) como el refugio de una mujer triste.

Cuarón desafía las leyes y se enfrenta a grandes dificultades. Parte de una historia muy sencilla, que está al borde de no poder ser considerada una historia, sino la descripción de un simple suceso. Carga en los hombros de Sandra Bullock todos los golpes emocionales del filme, aun cuando no se mete de lleno en ellos, ni termina de configurar la psique de su protagonista. Busca desesperadamente romper con los silencios incómodos que su propia premisa le impone, inventando interlocutores (como la reaparición del astronauta en tiempos de renuncia) y extrayendo más ases de su manga de los que pueda llegar a hallar en un mazo, algo que irrita y sorprende en partes iguales. Gravity es tan impactante, y logra resolver los conflictos de una manera tan satisfactoria, que compensa cualquier tipo de falencia. Su creador experimenta y demuestra que puede ser ingenioso aun cuando el género tiene tantas limitaciones. No es sólo un conjunto de hombres que flota y dice estupideces. Tal vez sea exagerado aducir, en el extremo opuesto, que se trata de una propuesta filosófica sobre la existencia. Pero en los términos en que hoy se maneja el cine, es decir, en términos de industria, es un producto deliberadamente diseñado no sólo para el consumo mayoritario, sino también para conmover los paladares más exquisitos. Un trabajo diferente, arriesgado y sólido, de visionado obligatorio para los defensores del tan denostado género de aventuras, y una oferta a considerar para aquellos que no sepan a qué película enfrentarse.

Puntuación: 7/10 (Notable)