miércoles, 30 de enero de 2013

Compliance.



Crítica.

[“Compliance”, C. Zobel – 2012]


Muchos de los cinéfilos han oído hablar de “Compliance” gracias a los elogios que ha recibido la, y lo corroboro, correctísima labor de Ann Dowd, que le ha valido además una serie de nominaciones a numerosos premios de la crítica americana. Eso hará que muchos de los lectores quieran saber si ella cumple, y sí, la verdad que lo hace. Ofreciendo una decente actuación de un personaje cuya decencia será totalmente discutible tras el visionado, se ubica un peldaño por encima, o un par de peldaños al menos, de una película que me resulta altamente decepcionante. Su trama es sencilla, pues ocurre íntegramente en un local de comidas rápidas, y relata el proceso de investigación de una de las empleadas, acusada de robar dinero de una cartera, perteneciente a un cliente. En sí, puede resultar poco llamativa, pero tiene sus giros importantes, que la convierten en un exponente del thriller psicológico.
“Compliance” tiene la estructura propia de un telefilm, es decir, barato y mediocre. Cuando no es un telefilm, es lo más parecido a un documental sobre la inapropiada manipulación de alimentos en los locales de comida rápida americanos, que incluye, por supuesto, primeros planos de papas fritas quemadas, manos sin guantes que tocan el alimento, y que comenta cómo se busca ahorrar panceta desesperadamente, sin pensar en las necesidades del cliente. Luego está ese costado en el que Craig Zobel, responsable del film en su guión y dirección, intenta realizar una denuncia sobre una ola de delitos que vienen ocurriendo hace un tiempo en alrededor de treinta estados del país. Una denuncia que se reserva la posibilidad de ser efectiva, volviéndose efectista. Toda la película, de algún modo, mide los límites de la tolerancia del espectador, aún cuando la misma situación se torne desesperantemente redundante. Lo que debe asfixiar, acaba por dormir. Siento que pese a la corta duración, de unos ochenta minutos, el drama de su protagonista no me despierta ni el más mínimo interés. De ahí, que “Compliance” me resulte poco efectiva, si atendemos a que se trata de una denuncia que, en principio, debe generar algo (ni digamos conciencia).
Son muchos más los errores que los aciertos en esta producción de cine independiente: además del ritmo, tenemos a una protagonista que no transmite absolutamente nada, ni siquiera un ínfimo grado de desesperación o inquietud; un giro sorprendente (sorprendentemente tardío, diría yo) a la mitad de película que, insisto, se demora en exceso, y le resta a una experiencia que bien podría haberse regido por nuestras impresiones; unos quince minutos finales que se debaten entre la conquista intelectual de un espectador forzado a replantearse cosas (que, honestamente, no le interesarán a todos por igual), la manipulación por medio de imágenes impactantes (una en la que interviene una niñita de cinco años, imperdonable), y el absurdo meteorológico. Quince minutos que, si me permiten, bien han podido ser eliminados del producto final, porque no le suman absolutamente nada más que la notoria “sensación de sensacionalismo”. No creo que valga la pena, no me parece un producto serio, no lo considero suficientemente sólido como para una denuncia social, me resulta muy inverosímil (pese a que se incluya un inmenso y necesario letrero que aclara que los hechos son verídicos) y siento serias dificultades para zambullirme en ese laberinto moral. Corrijo: no es dificultad, es desinterés.
Puntuación: 2/10 (Mala) 

martes, 29 de enero de 2013

Mátalos suavemente.



Crítica.

“Mátalos suavemente” [“Killing them softly”, A. Dominik – 2012]


Andrew Dominik, el director de la obra maestra "El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford", repite con Brad Pitt en una película que preserva la suciedad de la traición, la sangre y el complot, pero en un género distinto como el thriller noir, extendiendo los efectos alucinantes de una referente del "cine de mafia", como lo ha sido el año pasado "Drive" de Nicolas Winding Refn. Llevar adelante un proyecto como éste no es nada fácil: un cineasta debe hacerse cargo de nunca perder el tono, algo que muchos novatos de Hollywood hacen con facilidad. Para ello, Pitt es un buen as bajo la manga, capaz de manipular su voz, captar la seriedad pero la presencia imponente de su personaje, y darle el golpe brutal que merece. Este cine de mafia, también ha tenido una mejora gracias a "Un profeta" de Jacques Audiard, recuperando la tradición de la famosa trilogía de Francis Ford Coppola, aggiornándola, mejorándola. "Mátalos suavemente", esta nueva descarga de sangre y realismo llega precisamente en ese momento, en el que el listón está demasiado alto, y cualquier imperfección se ve amplificada por la acción hostil y perjudicial de una agitada competencia.
El director y guionista toma la novela original de Higgins y la adapta a la actualidad del pueblo americano. ¿Actualidad? ¿Pueblo? ¿Qué tan actual puede ser una realidad que viene generándose hace cinco años? ¿De qué hablamos verdaderamente cuando empleamos el "término" pueblo? ¿Acaso de una suma de individualidades? Podrán surgir varias preguntas, pero todo el contenido político, pese a la interminable cantidad de veces con que se recurre a ello, queda relegado. Después de todo, el autor no logra anteponer su agresiva crítica contra la economía y la política americana, y los innumerables acentos acaban siendo inútiles. La ficción, violenta, salvaje, despiadada, es demasiado llamativa como para eclipsar una verdad que no necesita presentación, ni un montaje abrupto en la introducción. Pocos ignoran el modo de vida de la sociedad estadounidense, un credo que se retroalimenta dentro de sus propias fronteras, pero que asimismo es capaz de persuadir y resonar más allá de ellas. Dominik critica con cierta ingenuidad, y no por lo que está diciendo, sino por creer fuertemente que está abriéndoles los ojos a los espectadores (aún cuando su estreno pudiera volverse altamente influyente en las posteriores elecciones presidenciales, a las que un enorme cartel hace referencia en los primeros minutos del film). Después de todo, nadie dice que su discurso no es arriesgado: lo hace sin rodeos, sin metáforas, en un cara a cara entre los personajes y una pantalla televisiva. Puro griterío, fuerte, quizá perturbador, ¿pero efectivo? ¿los resultados obtenidos finalmente no han demostrado la efectividad de su crítica?  
La sustancia cinematográfica, eso sí, permanece intacta a pesar de los mencionados problemas en la adaptación. Si uno es capaz de ver "Mátalos suavemente" esquivando, como en un videojuego, todas las advertencias de caos global, crisis institucional e hipocresía demócrata, la disfrutará como nadie. Dominik es capaz de montar una red siniestra de conflictivos personajes, muchos de ellos tan idiotas como Coenianos, prácticamente sin extras (casi todas las escenas rodadas en exteriores no cuentan con ellos), grisácea a más no poder, y convencernos de que interesarnos por lo que les pasa no es una pérdida de tiempo. Y vaya que no lo es. Cualquier voyeur saldrá satisfecho de perseguir a este grupo de fantasmas, que persiguen el sueño americano con todo el entusiasmo, pero sin perder de vista sus propias limitaciones. El elenco, que incluye a James Gandolfini, Ray Liotta, y un desconocido Scoot McNairy que se devora la película (recordándonos, con su tono de voz entrecortado y cobarde, a la sobresaliente creación de Casey Affleck en el mencionado western del director), es uno de los mejores reunidos en el año. Tal vez sea un error obviar a las actrices (si mal no recuerdo, sólo aparece una, que interpreta a una prostituta), como enfatizando en que la mafia y la violencia es cosa de hombres, cuando la maldad no reconoce género. O tal vez no. Como sea, este thriller nunca pierde las energías, convence, funciona. Dura poco, es entretenido, muy divertido, tiene escenas antológicas, algunas que recuerdan a "Escondidos en brujas" de McDonagh, o a "Tiempos violentos" de Tarantino. El impecable manejo de la atmósfera de su director y sus recursos orales servirán no sólo para dejarnos helados a nosotros, sino además para congelar una bandera americana sucia, que a la larga dejará de flamear.
Puntuación: 6/10 (Buena)

lunes, 28 de enero de 2013

El Hobbit: un viaje inesperado.



Crítica.

“El Hobbit: un viaje inesperado” [“The Hobbit: an unexpected journey”, P. Jackson – 2012]


El séptimo arte se dispone una vez más a resucitar “La Odisea”, a seguir hurgando en la fantasía de la travesía, aunque sea en términos meramente espirituales. Odisea que cineastas con mucha fe en sí mismos se atreven a retratar, fotograma a fotograma, intentando no abusar de las reiteraciones. Peter Jackson, el galardonado director de la famosísima trilogía “El señor de los anillos” (un clásico alabado por el público y la crítica, por si alguien no lo conoce), no sólo se tiene fe, sino muchísimo cariño. Ignoro cuánto puede respetarse a sí mismo un hombre que ha destruido hace tres años una de los más grandiosos ejemplares de la literatura americana (me refiero, nada más y nada menos, que a “The lovely bones”, de Alice Sebold). Presumo que se trata de un sujeto con la denominada “memoria selectiva”, y que prefiere recordar sus mejores épocas. Hipótesis, que puede reafirmar este retorno a la épica de aquella sagrada trilogía, una especie de Biblia para los cinéfilos, en la adaptación de “El Hobbit”: su nueva producción, que acabará volviéndose una nueva trilogía, aunque a modo de precuela.
Es un crimen caer en comparaciones, dado que está directamente vinculada con “El señor de los anillos”, pero debo hacer unas observaciones. En casi tres horas de duración, que es lo que dura esta nueva entrega, uno puede notar que el viaje le resulta familiar. Y no se trata de un déjà vú: sucede que “El hobbit: un viaje inesperado”, es una imagen calcada de la vieja aventura, y si radiografiamos ambos trabajos, veremos que utiliza la misma fórmula para llegar a destino. Está claro que el director no quiere dar un solo paso en falso, y en busca de recuperar el prestigio perdido, sabe que desenterrando imágenes del pasado puede conquistar los corazones de los espectadores, sin fallar. Es lo que suelo llamar “la vía fácil”, la que recientemente todos usan. Y lo más gracioso de todo, es que conserva las dos grandes fallas de “La comunidad del anillo”: en primer lugar, la cuestión del humor, que no ha mejorado en nada y sigue siendo igual de chato; y en segundo lugar, su extensión. Si bien no será aburrida para los fanáticos del género, bolsa en la que personalmente no me incluyo, 160 minutos de mitología, sucias batallas, cicatrices y chistes sin gracia pueden resultar exasperantes. Me cuesta comprender por qué, en su afán por retomar las aventuras de los Bolsón, no se arriesga a mejorar esas pequeñas fallas. Tal vez su narcisismo le haya impedido verlas.
“Un viaje inesperado” comienza con la narración de Bilbo a Frodo, en la que relata acontecimientos vividos en su lejana juventud. Una narración que, si sigue tomándose su tiempo, acabará durmiendo a Frodo y a algún que otro fanático. El ritmo no es un punto a su favor, y aunque a veces uno se queja por el comienzo tardío de la acción, cuando comienza, uno se arrepiente de lo deseado, y anhela fervientemente volver al prólogo. Recién avanzada la crónica de viaje, con la resurrección de personajes que se ven más viejos cuando deben verse más jóvenes (¡es una precuela!), la trama se vuelve más absorbente. Y da el batacazo en la hora final, un festín que despertará a los más débiles, y los hará poner algo nerviosos, aunque no tengan idea de qué va la historia. En esta combinación indiscutiblemente poderosa de bochinche, efectos visuales impecables (que vuelven a animar y a articular a un Gollum que, junto a Gandalf, vuelven a ser lo mejor de lo mejor), notable ambientación y diálogos inteligentes, que son un reflejo de lo conseguido una década atrás (recordemos: la reconstrucción de la comarca en pleno medioevo, la impresionante dirección de fotografía), el único que parece reinventarse verdaderamente es Howard Shore. Y merece ser destacado, por ser uno de los mejores compositores de la actualidad, y uno de los únicos (sino el único) puntos donde “El Hobbit” mejora a su predecesora: su musicalización probablemente acabe coronándose como lo mejor del año. Funciona como una nave que te transporta a la locura, al delirio, que te sumerge entre orcos, enanos, hobbits, que te hace sentir la culposa tentación de estar ahí, luchando por sobrevivir.
En síntesis, esta nueva película recoge lo mejor y lo peor de “El señor de los anillos”, y aunque se ubique unos escalones por debajo, no deja de ser, dentro del género, una propuesta exquisita. Visualmente es perfecta, estamos frente a una de las más correctas y originales puestas en escena del año, una construcción detallada y nuevamente majestuosa, que marca el ritmo de las estaciones que recorren los personajes. La Odisea recién comienza, y tengo fe que, así como “lo peor ya ha pasado” (según uno de sus personajes), lo mejor estará por venir. Porque a pesar de todos sus caprichos, no puedo sentir otra cosa sino admiración por Jackson, por seguir dándole forma a un arte que necesita de gente que invierta para deslumbrar, y que como los grandes magos, nos encanten a través de la pantalla. Necesitamos ser maravillados por gente capaz de hacer carne ese canto de sirena.
Puntuación: 5/10 (Floja)

domingo, 27 de enero de 2013

Los vengadores.



Crítica.

“Los vengadores” [“The avengers”, J. Whedon – 2012]


Joss Whedon dirige esta explosiva nueva producción de la Marvel Studios, que es, para quienes desconocen del tema, la productora que suele adaptar grandes cómics de grandes superhéroes, y hacer pequeñas películas con grandes recaudaciones. En este caso, “Los vengadores”, intenta ir un poco más allá y explorar el universo que surge de la confrontación de héroes individuales, muchos de ellos con su propia película. ¿Cuál es su contribución a la cinematografía como arte? Posiblemente muchos no hallen la respuesta a este interrogante, pero si la hay, me atrevo a decir que mucho tiene que ver con la experimentación, esa con la que también se ha atrevido a jugar el maestro Woody Allen, cuando ha ideado una máquina del tiempo que logra encastrar pasado y presente de manera tan natural, y jugar con las hipotéticas vinculaciones de los artistas que se encuentran en la mítica y romántica París de los ’20. Desde el increíble Hulk hasta el rígido Iron Man, una variada gama de individuos con grandes poderes se reúne, una vez más, para salvar al mundo de la apocalíptica catástrofe. Con villano incluido, y genialmente encarnado por Tom Hiddleston (quien asimismo interpreta a F. Scott Fitzgerald en “Medianoche en París”, la mencionada obra de W. Allen), este nuevo referente de la ciencia ficción se cuela como uno de los más grandes fenómenos dentro de los habituales blockbusters del género.
Como he dicho, su ingenio está en experimentar. La premisa dista de ser sólida, pero es legal, y respetable por su originalidad. La película se divierte e intenta divertir, y tal vez lo logre con algunos predispuestos a hacerlo, pues trata de dispararnos con chistes a una frecuencia adrenalínica y torpe. Chistes que surgen de la insólita relación entre sus partes, desde luego, de la lucha de egos, y de los puntos débiles que cada uno lleva consigo. Son todo lo geniales que la propia premisa se permite, y limitada por sus propias dificultades (así como por su implacable grandilocuencia), acaban volviéndose lo que, cuantitativamente, la hace diferente a otros trabajos del género. Y me permito decir, que el cine de superhéroes, nunca ha recibido la ternura de los críticos. Yendo más allá, gracias a las contribuciones de Christopher Nolan, muchos críticos se han ablandado, atreviéndose a llamar “cine” al “cine de superhéroes”. Pero seamos honestos, no son demasiadas adaptaciones las que merecen aplausos. Todas siguen los mismos patrones: las mismas bandas sonoras, trepidantes escenas de acción, innumerables efectos especiales, sonidos secos, humor en momentos de gran tensión, slow motion, uso del fuego, y muy de vez en cuando, un comentario político. “Los vengadores” tiene todo esto, incluyendo lo último: puede parecer tonto, pero muchos la consideran “cine político” porque dice una frase sobre el nazismo y una frase sobre la Segunda Guerra Mundial.
Aunque innegablemente es una película entretenida, y parte desde un origen diferente al usual, no deja de ser más de lo mismo. Recicla todos los lugares comunes que alguna vez han sido desechados por gente harta de lo mismo, y al regenerarlos, sigue perpetuando estos mismos lugares, y hartando a la gente. Parte de un ciclo que, en el camino, permite que las productoras ganen millones de dólares, y que las familias pierdan cientos de pesos. Una parte interesante del negocio, que demuestra que cuando de blockbusters mediocres se trata, uno no debe medir su calidad en lo formal, sino en la taquilla. Y como me niego a pensar en que una película es buena sólo porque reúne sumas millonarias, esas que a Tony Stark pueden parecerles bestiales, prefiero seguir enroscándome y criticándolas, que es lo único que está a mi alcance. “Los vengadores” es un promedio de todas las películas de Marvel, ni más, ni menos. Una mezcla que, en resumen, es ridículamente alentadora, y muchos que se quedarán pensando en ella, reconocerán que la obra los ha manejado a su gusto. Tiene un magnetismo, el de toda entrega de este estilo, que nos hace correr a la par de sus historias. No es la obra definitiva del género, pero aún así, sin ser una buena película, merece mis respetos.
Puntuación: 5/10 (Floja)

sábado, 26 de enero de 2013

No.



Crítica.

[“No”, P. Larraín – 2012]


Es de público conocimiento que uno de los denominadores comunes más importantes de la historia latinoamericana del siglo XX, ha sido la instauración de gobiernos dictatoriales tras el derrocamiento de otros con tendencias a la izquierda. Son numerosos los casos donde esto se ha producido, incluyendo el caso (o los casos) en Argentina. Y uno de ellos, es, por supuesto, el caso chileno. Sin embargo, uno debe aclarar que en Chile, la experiencia ha sido totalmente distinta a las otras, y los motivos son varios. En primer lugar, porque probablemente haya sido la dictadura latinoamericana más legitimada por la población. Éste no es un detalle menor, pues aunque muchos se empeñen en persuadir a otros de que, en dictadura, la voz del pueblo no tiene utilidad alguna, está a la vista que cualquier gobierno con apoyo popular (sea del tipo que sea) tiende a perpetuarse en el poder. En segundo lugar, porque Augusto Pinochet, ha sustituido a un socialista electo democráticamente (algo muy inusual), tras lo cual se ha mantenido durante quince años en la cúpula del gobierno. En tercer lugar, porque a diferencia de otras experiencias autoritarias latinoamericanas, ésta ha marcado un notable progreso económico, lo que lleva a su pueblo a replantearse un dilema: ¿política o economía? O en otras palabras, ¿mantener a quien ha modernizado al país, o volver a las viejas épocas de urnas y pobreza? Y en cuarto lugar, porque incluso en la actualidad, hay un gran número de voces que todavía se manifiesta libremente a favor de la figura de Pinochet.
Ante todo, cabe aclarar que Pablo Larraín no es uno de ellos. Expresa en cada fotograma un sentimiento pasional a favor del “no”. ¿Cuál es el significado de esta palabra? Generalmente se la asocia a la negación y al rechazo, y ésta no es la excepción: con las presiones de sectores de poder, Pinochet se ve obligado a convocar un plebiscito, donde la gente tiene la opción de elegir (según el tono del autor) entre el presente (extender el mandato ocho años más) y el futuro (cortar cualquier tipo de lazo con el presente). “Sí”, o “no”, a la prolongación de la estadía del Jefe de Estado hasta el año 1996. “No”, esta laureada producción chilena (con aportes, y es interesante decirlo, de los Estados Unidos), narra el backstage de la campaña electoral y los resultados obtenidos tras la votación, el 5 de Octubre de 1988. Y la cámara rodea a un personaje, René Saavedra, publicista, visionario impertinente y un iluminado humorista, quien intenta darle color al “No”, cambiar engranajes, para quitarle el miedo a la población. Interpretado decentemente por Gael García Bernal, busca remar en aguas densas para lograr un objetivo común en el inconsciente colectivo, el retorno a la libertad. Pues en definitiva, esta película en ningún momento cambia el punto de apoyo, más si analizamos el inicio de la misma, donde a modo anecdótico se trabaja con una publicidad de una bebida, cuya marca lleva el nombre de “free”, relativo a la libertad.
Si nos ponemos a revisar, a la ligera, la historia del cine, veremos que no ha habido producciones de gran relevancia, vinculadas a la que considero la experiencia política más interesante de Latinoamérica (por todo el análisis que puede hacerse de ella). Me atrevo a decir que “No” es la obra más relevante en el plano internacional desde “Missing” (1982), ese gran drama de Costa-Gavras. Y por haber alcanzado una fama notable, ya sea por la figura de uno de los actores latinos más conocidos (Bernal), o por su reciente candidatura a los Premios Oscar, no creo que Larraín vaya demasiado lejos. La inesperadamente autoproclamada comedia “No”, tiene un escaso humor que radica en el ingenio de publicidades preexistentes, que constituyen asimismo imágenes de archivos fundidas en la tela narrativa, ese presunto drama humano del padre protector, que en mi opinión, no es lo demasiado profundo que cualquier espectador pueda esperarse. Y luego está el “contexto social”, tan importante para cualquier análisis histórico, y en este caso tan jugoso, acá muy bien plasmado por el director. Considero plausible la reconstrucción casi documentalista de, y vuelvo a insistir por enésima vez, un momento clave de la historia del continente, pero la tensión de su ficción me resulta absolutamente irrelevante, a pesar de contar con una gran actuación protagónica masculina. Son muchos los directores que se dejan llevar por el latido de sus ideologías, y plantean denuncias tan fuertes, que se olvidan de que el cine es cine, y de que la ficción es ficción, después de todo. Metáforas y figuras obvias, y un tratamiento que vuelve a “No” en una oferta pobre para la audiencia, maniquea, algo cansina, y extremadamente poco insolente. Es curioso, pues el director usa recursos light para llegar a la mente del espectador, para hacerlo interesarse en la política y quitarle los prejuicios, que es paralelamente lo que busca realizar este inspirador personaje de René Saavedra. La diferencia, es que Saavedra tiene mucho más ingenio para conseguirlo. No sé cuál será el resultado de la audiencia, cuando se levante de la butaca y comience a pensarla: en mi caso, y aprovechando que la opinión no es secreta, es un “no” rotundo: una película que da mucho menos de lo que promete, y que no está a la altura de un acontecimiento que merece ser llevado dignamente a la gran pantalla.
Puntuación: 4/10 (Regular)

jueves, 24 de enero de 2013

El caballero de la noche asciende.



Crítica.

“El caballero de la noche asciende” [“Batman: the dark knight rises”, C. Nolan – 2012]


Expectativas, anhelos, desesperación e impaciencia aparte, Christopher Nolan cierra esta trilogía con altísimo nivel, recordándonos aquellas cosas que nos han cautivado hace cerca de ocho años en la interesante (pero en mi opinión bastante agrietada) “Batman Inicia”. Esa oscuridad tan característica de este renacido héroe del cine neo-noir, que lo hace tan magnífico a los ojos de los espectadores. Esa magia que destilan las impecables secuencias de acción. Ese humor que a veces sorprende en boca y manos de un cineasta que parece tomarse las cosas demasiado en serio. Sí, uno podrá analizar todos los componentes de este film explosivo, incluyendo las variables económicas que nunca se dejan de lado, pero difícilmente salga enojado ante semejante espectáculo. Después hay tiempo de sobra para ponerse quisquilloso, para encontrar la quinta pata del gato (que la hay, no lo niego), pero 160 minutos concentran aventuras, romance y suspenso para que nadie se aburra. La experiencia dentro de un cine es apasionante. El ritmo con el que se lleva la historia es directamente admirable. Y todo lo demás, todo el aporte del equipo de producción, es un condimento que realza una gran película, y la acerca a todo el público.
Mucho ha dado que hablar esta entrega, tras el escándalo que todos conocen. Un escándalo que ha estremecido al mundo entero, por darse en un lugar tan inesperado como una sala de cine. Éste ha sido el punto inicial para cuestionar, cosa que no se ha hecho constantemente antes como se hace ahora, la relación entre la violencia y el cine masivo. Pocos han criticado la crudeza del capítulo final de “Bastardos sin gloria”, de Quentin Tarantino, rey de los excesos, la sangre y la violencia. Sin embargo, ahora, los críticos más conservadores comienzan a reaccionar contra estas producciones, por engendrar, según ellos, más violencia. Y se acuerdan, por supuesto, que Quentin Tarantino era sangriento. De todos modos, cerrando el paréntesis, Christopher Nolan simplemente busca adaptar uno de los comics más famosos de la historia, y mete la figura de un terrorista, lo que puede causar algún disturbio, pero ¿es para tanto? Tengo la impresión de que lo acaecido ha sido excesivamente perjudicial para una obra que, en mi opinión, sigue trabajando la maldad como lo viene haciendo el cine desde sus orígenes. ¿Acaso películas como Nosferatu inciden en el terror humano? Y miles de preguntas que no se contestan con respuestas, sino, dependiendo del film en cuestión, con alabanzas.
Al margen de esto, Nolan quiere quedar bien con Dios y con el Diablo. Dicho en otras palabras, quiere dibujar una sonrisa entre los críticos, sin olvidarse de que juega con Batman, una figura de acción mediática y mediatizada, y que por lo tanto, debe hacer feliz al público en general. Debe lograr lo imposible, que es: una reacción que supere la media en ambos casos, y que le permita mantenerse en el mercado como un narrador de historias tan culto como espectacular. Mis aplausos para este hombre, porque lo ha logrado. No sé bien cómo, aunque tampoco me sorprende demasiado. Conquistando a la crítica en general y reuniendo sumas millonarias que compensan semejante gasto, uno no puede hacer otra cosa que no sea alabarlo por su estupendo trabajo. Porque son resultados al nivel de la realización, que es también muy buena. “El caballero de la noche asciende” cierra a la perfección una trilogía coherente e inteligente, con personajes exquisitos, efectos sonoros y visuales escandalosamente buenos, un guión ingenioso y un ritmo velocísimo. Claro que, a diferencia de las dos anteriores, da más lugar que nunca a la espectacularidad. Habla del caos a través del caos, y todo toma dimensiones monumentales. La historia está tan bien construida que lo catastrófico nunca suena exagerado. Y sí, es un espectáculo idéntico a “V de venganza”, pero a la vez extrañamente distinto. Son dos enormes thrillers políticos con grandes mensajes al público, personajes extraordinarios (nombremos a Bane, ese villano intimidante que cada vez que aparece en pantalla causa, literalmente, terror; o a Alfred, quien en menos apariciones logra momentos únicos dignos de un tercer Oscar) y escenas para atesorar en la memoria. Quizá, “Batman” a diferencia de “V” hace que, siguiendo los pasos del espectáculo clásico, algunas cosas se tornen más previsibles. Pero este gran mago que es Nolan, que se da el lujo de pasearse en un mundo subterráneo perfectamente montado, siempre se guarda los ases donde nadie los va a ir a buscar. Bastan dos, tres, cuatro frases sobre el final, para dejarnos boquiabiertos. “El caballero de la noche asciende” es una obra contundente, tallada minuciosamente en muy buena madera, donde el talento se nota en cada rincón, en cada esquina y en cada persecución en Ciudad Gótica. El resto, será angustia por el ciclo acabado, y deseo por un nuevo resurgimiento de este mítico caballero oscuro de Bale, o de Christopher Nolan, quienes en conjunto han aprendido a lo largo de estos años, y han entregado este examen final con un nivel muy cercano a la perfección.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

martes, 22 de enero de 2013

Del fascismo al anarquismo.


El cine alemán: del fascismo al anarquismo.
Breve análisis sobre los films “El experimento” y “La ola”.


Muchas veces me pongo a reflexionar sobre el cine alemán, tomando como eje referencial la pésima distribución de producciones oriundas de la nación germánica en nuestro país. Son escasos los títulos que aterrizan en nuestros cines, muchos menos los que tienen una respuesta masiva, y todavía menos los que realmente valen la pena. Tal vez una o dos películas por año sean las que verdaderamente se toman en cuenta, y dos de ellas, son “El experimento” de Oliver Hirschbiegel (2001), y “La ola” de Dennis Gansel (2008). Pero luego, hay otros tantos ejemplos de buen cine, como “La caída” (2004), “La vida de los otros” (2006), “Cuatro minutos” (2006), “La extraña” (2010), que poseen un denominador común, clave para la definición del cine de este país, o al menos, y debo insistir, del cine que alcanza una comercialización a escala global: son historias comprometidas con la narración de experiencias sociales, y que proponen a su vez análisis sociológicos, ya sean estos teóricos o prácticos.


Me resulta alentador que existan cineastas dispuestos a combatir perspectivas ya obsoletas y mostrar un enfoque radicalizado, pese a las controversias que puedan generar: primero, porque recuerdan que existe una no tan numerosa (pero considerable) parte de la audiencia ávida de buena cinematografía, y segundo, porque utilizan este arte como un medio para cuestionar y tomar un posicionamiento ideológico, o en otras palabras, porque conciben a la cinematografía como un recurso para hacer política. Ahora bien, ¿son necesarias las figuras de la política contemporánea - para dar un ejemplo-, cuando se quiere hacer cine político? No necesariamente, pues el concepto de política subyace en cualquier tipo de relación humana, y está implícito en cualquier vínculo de poder o de influencia entre un actor social y otro. Tanto Hirschbiegel como Gansel, detrás de las cámaras, son conscientes de la responsabilidad que asumen al realizar este tipo de estudios sobre la sociedad, y puntualmente, sobre la temática que he escogido para tratar en este breve análisis de los films: la transición de un modelo de organización fascista al anarquismo, teniendo en cuenta las diferencias coyunturales de cada caso, y sobre todo, el punto final al que arriba cada uno de los dos estudios en cuestión.



Una de las propiedades más fundamentales de la política, al menos en su sentido práctico, es el espacio donde se gesta. Tenemos una cárcel improvisada por un lado, y un colegio por el otro. Dos lugares muy distintos entre sí, pues uno es puro enclaustramiento, y el otro simplemente lo sugiere. En ambos, surge la brillante idea de jugar a un juego. ¿Qué tipo de juego? En efecto, no se trata del “Life” o del Póquer: consiste en construir, con todo lo que ello implica, un régimen fascista en tiempos modernos, o mejor dicho actuales, con un límite de tiempo. Una clase debe inventar una ideología sectaria en una semana bajo el mando de un autoritario docente fanático del rock; un grupo de hombres, por otra parte, se suma a un experimento donde ellos deben fingir, por dos semanas, ser presos o guardias en una prisión, y convivir atados al papel o rol que les toca desarrollar. Es curioso, porque ambos títulos de alguna manera se quedan cortos, si es que en algún momento quieren evocar todo lo que simbolizan verdaderamente en la vida de sus personajes. La ola, por ejemplo, no simplemente es una ola: es el escape seguro de una vida rutinaria, es la posibilidad de los chicos de sentir en su piel que son seres relevantes, es la llave a la pertenencia, a la necesidad adolescente de identificarse con un grupo social. Y el experimento, no es tan sólo un experimento, sino una parodia de los brutales realities televisivos (como "Gran hermano"), pero también la chance de cumplir sueños que son imposibles, al menos entendiendo que la economía es poco condescendiente con los soñadores. 


Los límites de tiempo funcionan, al parecer, como grandes murallas que buscan detener el violento curso del viento, para prevenir cualquier vendaval. Cosa que, a priori, no se cree posible. ¿Qué tan lejos puede llegarse en una o dos semanas? A veces sorprenden las formas que puede ir adquiriendo el poder en las manos de los hombres, más cuando las normas de dominación entre unos y otros, o los criterios éticos, comienzan a difuminarse. Dicho de otro modo, la misma iniciativa justifica que un hombre haga con otro lo que se le antoje.
Ahora bien, muchos hombres dedicados a estudiar el nazismo en Alemania, intentan descubrir cuáles son los motivos que han impulsado tal fenómeno, a través de la figura de Adolf Hitler. ¿El resultado? Sin unanimidad aparente, para muchos tiene que ver con una cuestión económica, y para otros es simple intolerancia. Otros, en cambio, piensan que se debe al placer de la conquista, a la incomparable sensación de superioridad dentro de la especie, al verticalismo como modelo esquemático y atroz de organización social. ¿Uno goza cuando aplasta a otros hombres? Al parecer, sí. Suena terrible, pero el ser humano siempre ha sido tentado por sus propios demonios, no es ninguna novedad, y cualquier gobierno totalitario puede dar prueba de ello. Cuando el gobierno del pueblo (o “democracia”, otro concepto en extinción) deja de ser del pueblo, y se concentra en una parte, aquellos que detentan el poder pueden elegir atentar contra sus pares y, finalmente, someterlos.   


¿La edad sirve como un termómetro? Creo que no tiene absolutamente nada que ver con un rango etario. Después de todo, ambas películas reflejan una verdad coincidente, y evidentemente universal: para los excesos, no hay edad. El poder, y el hambre de poder, combinados, pueden írseles de las manos a todos los hombres racionales, aunque sea una realidad que suene, al menos en una primera impresión, completamente irracional. Un grupo de jóvenes, cuyas vidas son chatas y no tienen demasiado sentido (tráfico de drogas, skate, rock), tienen la posibilidad de fundar un partido neofascista, y sobre todo, tienen a su alcance la posibilidad de convertir un proyecto escolar en algo real. El traducir utopías a algo palpable, el materializar la ilusión de poder, es irresistible, más si nos ponemos en el lugar de un joven (ni siquiera si nos ponemos en el lugar de un ser humano, cualquiera sea su edad). O, visto desde la otra vereda, hombres adultos sueñan con ganar esos cuatro mil marcos a cambio de sobrevivir en una prisión, pero los guardias, por otro lado, anteponen en numerosas oportunidades el deseo de pisotear al deseo de ganar dinero. ¿Cuántas veces vemos sonreír al “protagonista apestoso” de humillar y degradar al preso Nº77? En un punto, el que sean cuatro mil marcos o un millón de dólares, deja de tener importancia: el hombre no puede evitar mostrarse soberbio, y no desperdiciará las oportunidades que la vida le de para mostrar al mundo entero que es capaz de manipular a otro o a otros.


Pero no hay nada más interesante en estos dos delicados trabajos que el punto de inflexión, donde el fascismo se convierte en anarquismo. El nexo que une al docente y a su curso, o a quienes experimentan con sus ratas de laboratorio (y acá, incluimos a guardias y a presos, todos hijos maltratados de un sistema terrorífico), es de un cinismo que asusta. Y, durante un lapso, esta relación está controlada: hay un tiempo predeterminado, es decir, que estas murallas evitarán que los huracanes repercutan más allá de las fronteras. El proyecto comenzará y terminará dentro de la prisión, o entre los muros del colegio, sin impactar en la “sociedad real”. Pero luego, esas cúpulas desaparecen. Y puedo atreverme a usar un término mucho más argentino: “se borran”, término utilizado para referirnos a quien lanza la piedra y esconde la mano. El docente comienza a aislarse, a involucrarse menos, y a pensar desde su refugio cuál puede ser el medio adecuado para revertir el fenómeno. Y el ideólogo del experimento desaparece de la oficina, dejando a cargo a una mujer bastante vulnerable e insegura de lo que se está llevando a cabo. Cuando las autoridades desaparecen, dan lugar a que unas partículas movilicen otras. Y los rebeldes, los oprimidos (los jóvenes en un caso, o los presos en otro), se dejan llevar por la libertad prometida (al menos constitucionalmente), y reaccionan sin un orden establecido contra todo aquello que los afecta.


Cabe resaltar, finalmente, que ambas “revoluciones”, por insignificantes que parezcan, tienen mucha tela para cortar. En principio, porque se dan de manera diferente, aunque ambas se caracterizan por el odio, la crudeza y el desorden. No hay un referente, un guía, y con ello, la idea de fascismo desaparece por completo, dejándole lugar a un anarquismo peligroso, pudiendo traer consecuencias desastrosas en niveles más graves de los imaginados. En “La Ola”, no hay odio contra esa figura que los ha persuadido como imbéciles de hacer cosas que jamás hubieran hecho (de hecho, admiran al profesor), sino una agresividad contra todo aquel que piense distinto. En “El experimento”, es un odio contra todo aquel que restrinja las libertades que le corresponden a uno, ya sean guardias (igualmente presos, pero con mayor poder) o científicos. Pero el anarquismo, en ambos casos, se ve como una convulsión repleta de furia indiscriminada que no debe permitirse bajo ningún punto de vista, y mucho menos estimularse.


Intuyo, pues, que cualquier hombre con más poder que otro es peligroso, y el alcance de su obrar depende de cuánto más poder tenga sobre otros, Pero paradójicamente, es necesario que existan guías capaces de controlar a sus seguidores, de domesticarlos, de manejarlos, para lo cual inevitable e irónicamente necesitan algo de poder. Hemos aquí uno de los más grandes dilemas de la política: ¿concentración o distribución del poder? ¿verticalismo o igualdad? Ambas películas funcionan como grandes alegatos críticos para tratar este dilema. Desde lo personal, considero que la política sería mucho menos compleja y tóxica si los seres humanos fueran capaces de odiar menos y pensar más. Ahí está la clave. Luego, habrá gobiernos con grandes líderes, muchos de ellos cuestionados, u otros sin líderes pero capaces de pensar alternativas para solucionar sus conflictos sin mediación de la violencia. Cada modelo es un mundo, la actualidad lo deja bien en claro. Hay que evitar los excesos, y hacer uso de la política dejando de lado el fanatismo y la irracionalidad. Sobre “El experimento” y “La ola”, al margen de ser dos caras de una misma moneda, son tramas muy distintas, que evolucionan en planos casi opuestos, y revelan un estilo de cine más interesado en “la causa”, y con esto me refiero a toda problemática que rompa con la tranquilidad de la comunidad, por grande o pequeña que sea. Dos obras tan inteligentes como peligrosas, y más si son consumidas por gente poco pensante, que serán útiles en el revisionismo histórico, y harán una inconmensurable contribución para aquellos que se tomen un tiempo para analizar, de manera imparcial y minuciosa, cuál es su verdadero lugar en su sociedad.

domingo, 20 de enero de 2013

Laurence anyways.



Crítica.

[“Laurence anyways”, X. Dolan – 2012]


Xavier Dolan es uno de los cineastas más interesantes de nuestro tiempo. El canadiense tiene poco más de veinte años, y ha debutado a los diecinueve, si mal no recuerdo, como actor, director, productor y guionista de su ópera prima “Yo maté a mi madre”, una de las mejores películas del año, y seleccionada por Canadá para competir en los Premios Oscar. Con un estilo más que colorido, que parece extraer algo de la estética de François Ozon, muestra un cine muy personal, que ahonda en un tema que pocos artistas han sabido retratar a la perfección. Dos de ellos son Dolan y el español Pedro Almodóvar. Y el tema es, por supuesto, la cuestión de la “identidad”. De ahí, que su obra (es decir, su breve pero impecable filmografía), pueda ser considerada una de las más coherentes y personales, sin caer en reiteraciones ni repeticiones que agobien a la audiencia.
“Laurence anyways” se centra en la vida de una pareja durante poco más de una década, con sus idas y venidas, sus contradicciones y sus deseos. El primer palo en la rueda del amor aparece cuando Laurence, un profesor, le comenta a su novia que siempre se ha sentido mujer, y que a partir de ese momento comenzará a vestirse como tal. Ella intentará comprender su decisión, así como el resto de la sociedad. El film sigue la mirada de los otros, la posibilidad o la imposibilidad del amor y, ante todo, cómo uno debe luchar por su propia identidad, sin dejar que otros influyan en algo de tal importancia. Dolan, intenta dejarnos bien en claro que la identidad no tiene que ver con una orientación sexual, sino con una decisión de vida. A muchos les podrá incomodar, tal vez porque no lo comprenden, que un hombre quiera vestirse de mujer, pero siga enamorado de su novia. Es un caso de “disforia de género”, vuelto popular en nuestro país, donde el sujeto siente que ha nacido en un cuerpo equivocado, algo que constituye para sí una enorme condena. Extraño para muchos, pero son dos aspectos de la vida totalmente distintos. La genitalidad y la sexualidad, no siempre son compatibles; y tampoco lo son, por consiguiente, la identidad y el deseo carnal.
Estamos hablando de una obra con un estilo vintage, pop, jovial, con un gran manejo de cámara y algunas secuencias ralentizadas que son una maravilla, principalmente las que sirven como metáforas que nutren al relato en su conjunto. Es chic desde su título, que no se explica del todo hasta el final. En el camino, 165 minutos de duración, que rompen con las convenciones del género. Después de todo, no es un estilo de película que suela exceder las dos horas y media, ni las dos horas, pero a pesar de demorarse en el arranque, por su exceso de elocuencia, acaba recompensándonos con una historia apasionante, sincera e interpretada magistralmente por dos monstruos como Suzanne Clément y Melvin Poupaud.
La considero, ante todo, una de las producciones mejor dirigidas del año. Puede reconocerse un espíritu propio, que busca recalcar el valor de la identidad propia sobre cualquier otra cosa, incluyendo otras que hasta pueden resultar triviales (y acá, trivializadas), como el amor. Y está minada de imágenes potentes y bellísimas, que harán deleitarse al mismísimo Almodóvar, a quien parece (por su humor, su estilo y su discurso) rendir homenaje. Sus puntos débiles están en el guión, porque es una obra bastante irregular, con varios altibajos que acaban afectando a la historia de estos dos amantes a la deriva sentimental. La primera mitad es considerablemente superior a la segunda, pero en general, el final dejará satisfecho a cualquiera. Es imposible resistirse al encanto de este cineasta, todo un pequeño gran artista, una de las grandes promesas de la cinematografía mundial, una de las presencias más brillantes del panorama actual, evidenciado en ese breve cameo, donde con los ojos algo pintados y un cigarro en la boca, goza del éxito de lo que probablemente sea su mayor orgullo: su trabajo más personal y estéticamente sobresaliente.
Puntuación: 7/10 (Notable)

sábado, 19 de enero de 2013

El lado luminoso de la vida.



Crítica.

“El lado luminoso de la vida” [“Silver linings playbook”, D. O. Russell – 2012]


Luego de salir victorioso hace dos años con su drama “El ganador”, que les dio el Oscar a Christian Bale y a Melissa Leo como los mejores actores secundarios del año, David O. Russell regresa a nuestros corazones con una comedia de superación, muy inspiradora, y sobre todas las cosas, hermosa. Tiene la suerte de contar nuevamente con un elenco de lujo, que reúne a Robert DeNiro y Jacki Weaver, y a una pareja protagónica que dará que hablar: ella, es la estrella naciente Jennifer Lawrence, protagonista de la saga “Los juegos del hambre” y nominada a múltiples premios por su actuación en “Lazos de sangre”; él, mucho menos recompensado a lo largo de su carrera, es Bradley Cooper, el amigable sujeto de las comedias, y cabeza de la divertidísima “¿Qué pasó ayer?”, quien ofrece (junto a Jean Louis Trintignant y Melvin Poupaud) la mejor interpretación masculina del 2012. También, el director cuenta, y no es un detalle menor, con el libreto más interesante, divertido y profundo del año. Eso convierte automáticamente a “El lado luminoso de la vida” en una obligación para cualquier espectador sediento de buen cine. Tener un esqueleto sólido y lo suficientemente articulado como para realizar movimientos, es algo más que positivo. Ésta es la humilde historia de Pat, un joven con un trastorno bipolar que lo arrastra de un estado complejo de depresión a un estado de optimismo exasperante. Tras un conflicto con su esposa, y ocho meses en rehabilitación, regresa a la casa de sus padres a intentar rehacer su vida, con un simple objetivo en mente: recuperar el amor perdido. En el camino, se cruza una muchacha sensual, viuda, desequilibrada y solitaria, dispuesta a hacerle ver el lado luminoso de su vida.
Para empezar, esta pequeña producción independiente, es la típica tragicomedia sencilla que aparece todos los años para conquistarnos. Desde hace años, existen estas pequeñas ofertas que se cuelan en las listas de lo mejor del año, y simplemente son eso, son de lo mejor, aunque su apariencia simple convenza a la audiencia de lo contrario. “Pequeña Miss Sunshine”, “La joven vida de Juno” o “Los descendientes”, son algunos de los trabajos más memorables de los últimos tiempos, con radiografías humanas y un guión tan emotivo como alocado, que busca enamorar con magníficas e insólitas escenas, y miradas inundadas de ternura o arrepentimiento. Constituyen una categoría en el cine moderno, que no busca hacer daño a nadie, y están diseñadas para que la gente las ame. Sin embargo, la crítica en general tiende a defenestrarlas, porque, bueno, toman la ruta más fácil para llegar a destino (sea cual sea éste: recaudar dinero, premios y reconocimientos, prestigio, etc). Ahora, me pregunto: ¿por qué esa animosidad ante esta categoría cinematográfica? Después de todo: ¿cuál es la necesidad de hacer cine para amargar o disgustar? No siempre una película buena debe ser un drama trágico, una crítica sociohistórica o un enmarañado homenaje al cine clásico: señoras y señores, tienen delante de sus ojos una comedia romántica – dramática de primerísimo nivel, a la cual quien escribe se atreve a llamar uno de los mejores romances de los últimos diez años. Todo se lo debemos a la increíble frescura que irradian sus dos jóvenes intérpretes, a la química que tienen, y que se vuelve explosiva en pantalla, así como a la chispa de ese magnífico guión, cuyo responsable no es otro que el mismísimo director, David O. Russell. Sí, es una obra pequeña, pequeñísima, pero te deja un sabor de boca muy bueno, y nos hará recordar momentos geniales (como la escena dedicada a Ernest Hemingway, con la que es casi imposible no reírse). “Silver linings playbook” descarga sobre uno muchas emociones, nos rebalsa con toda su simpatía, nos moviliza con sus pequeñas historias, y describe personajes algo excéntricos como ninguna, ensamblados en una familia disfuncional y algo neurótica, con la que, en muchas oportunidades, nos sentiremos identificados. No se me ocurre una mejor propuesta para alguien que elige ver cine con el mero propósito de pasarla bien: “El lado luminoso de la vida” es pura luz, y punto. Seguirá danzando en el alma de los que la vean, aún después de que las luces de la sala se enciendan, y los créditos se acaben.
Puntuación: 9/10 (Excelente) 

viernes, 18 de enero de 2013

Hyde park on Hudson.


Crítica.

[“Hyde park on Hudson", R. Michell – 2012]


Dentro de las teorías sobre el humor, una de las fórmulas más inteligentes, es la recreación de material insólito en contextos de mucha seriedad. Un funeral, una oficina, una empresa, o en este caso el palacio de un presidente, son los lugares más escogidos por aquellos que quieren revolvernos de la risa usando las frases justas y, que por ser las más inapropiadas, acaban volviéndose divertidas. Uno se ríe por el simple hecho de no poder creer lo que está viendo: un guionista pone a prueba cuán lejos puede llegar la imaginación del espectador, y también, cuánto puede reírse de una estupidez que se inserta en un espacio que no le corresponde. Es una fórmula tonta, pero funciona. Algunas de las mejores comedias de los últimos tiempos son “In the loop” y “Muerte en el funeral”, dos producciones británicas ácidas hasta cuando no pueden serlo más. “Hyde park on Hudson” bien podría haberse montado a galopar la yegua campeona, de no ser por el modo en que es devorada por su propio clasicismo. En otras palabras: tiende a criticar a los británicos por ser estructurados (¿o a los americanos por ser demasiado simples?), pero pocas películas son, en términos cinematográficos, más estructuradas que esta nueva película de Roger Michell.
El director, es responsable de otros trabajos conocidos: “Un despertar glorioso”, que no ha podido resucitar a Harrison Ford; “Venus”, la mejor de su carrera, donde se encarga de enterrar a Peter O’Toole, y “Un lugar llamado Notting Hill”, un clásico de la comedia mediocre y olvidable. Es decir, uno no puede esperar tanto, y pensando en las expectativas que cualquiera puede llegar a tener de “Hyde park on Hudson”, tal vez sea sorprendente. La trama, busca mostrar a un nuevo Roosevelt, ex presidente de los Estados Unidos, en una crónica de fin de semana. Utiliza, digamos, la misma fórmula de otro biopic regular, “Mi semana con Marilyn”, aunque ésta se toma las cosas menos en serio. Los puntos de interés, en este caso, son su romance con su prima, y la visita del Rey Jorge VI (de Inglaterra), junto a su esposa Elizabeth, personajes que el nuevo clásico del cine histórico, “El discurso del Rey”, ha sabido inmortalizar.
Los actores cumplen. Roosevelt es interpretado por Bill Murray, más expresivo que nunca. No sé bien indicar cuál es su logro en particular, supongo que transmite bien los chistes, y hace reír en algún momento. Su prima es interpretada por Laura Linney, quien también narra su visita, un personaje desaprovechado pero bien logrado por esta estupenda actriz, una de las mejores de la actualidad. Olivia Williams y Olivia Colman completan el elenco, están correctas, sin más. Ninguno se da la posibilidad de lucirse con semejante guión, que para mí, supera lo estándar. Richard Nelson, el guionista, sabe de qué va el negocio, y no realiza un biográfico político, sino una comedia absurda, que acaba por girar, tal vez excesivamente, alrededor de la figura de un “pancho” (o “hot dog”). Es una simple comida, pero logra más de lo que uno imagina: critica al sofisticado inglés, destaca la sencillez de los americanos, ridiculiza el mundo de la política y a la alta sociedad, y ante todo, te hace reír. Los últimos veinte minutos son motivos suficientes para sentir que, a pesar de que la trama no haya avanzado nada (por ser, simplemente, una anécdota), uno no ha regalado el dinero, o el tiempo. No es una mala película, simplemente una comedia que al no intentar llamar la atención, pasa desapercibida.
Puntuación: 5/10 (Floja)

miércoles, 16 de enero de 2013

Django sin cadenas.




Crítica.

“Django sin cadenas” [“Django unchained”, Q. Tarantino – 2012]


Luego de contar su particular versión de la Segunda Guerra Mundial en “Bastardos sin gloria”, el excéntrico y diabólico director de cine Quentin Tarantino regresa a la gran pantalla con “Django sin cadenas”, donde tomando como punto referencial la cuestión de la esclavitud en los Estados Unidos, ofrece su propia perspectiva sobre la abolición. Poco tiene que ver con cuestiones políticas, que este año tan bien retrata Steven Spielberg en “Lincoln”: acá no hay enmiendas, ni discusiones, sino una sencilla venganza de un hombre desencadenado y dispuesto a todo por cerrar su historia y la de los negros en el Sur del país. Al tratar un tema tan delicado, el director y guionista se enfrenta a duras decisiones, considerando que tiene más posibilidades de ser abucheado que aplaudido, más aún si recordamos que su estilo es desmesuradamente sangriento y terriblemente divertido, una combinación que para muchos trivializa acontecimientos de enorme relevancia. ¿Cuál es el camino para narrar la transferencia de esclavos como parte de una red comercial? Muchos se han quejado, incluyendo a Spike Lee (si no lo conocen, uno de los directores más sobrevalorados del país), del uso indiscriminado de la palabra “negro” en un sentido peyorativo. Reconozco que la palabra puede sonar fuerte, más cuando se repite en más de una treintena de oportunidades. Pero comienzo a preguntarme: ¿cuál es la palabra que esta gente busca que los blancos, o propietarios, digan en referencia a sus esclavos? Para empezar, “esclavo” es una palabra mucho peor. “Cosa”, es una atribución bajísima. Todos estaremos de acuerdo en eso. Ahora bien: ¿alguno imagina un retrato veraz de la esclavitud, con blancos acariciándoles la cabellera a sus esclavos, y diciéndoles “blanquitos”, o tratándolos como personas? Eso no es un retrato veraz, sino una versión romántica y desechable de uno de los momentos más amargos de la historia americana, así como una de las experiencias sociales más nefastas de la historia universal.
Que “Django sin cadenas” sea una obra dura no es ninguna novedad. Estamos frente a un director que se ha dedicado de lleno a contar historias sobre la venganza. Pero uno, que se empeña día a día en criticar producciones por su falta de credibilidad, no puede darse el lujo de repudiar el inagotable uso de extrema violencia y crueldad que se ve en el film: en principio, porque es un elemento del realismo, y se agradece. El que sean situaciones exageradas es parte del entretenimiento de un director que, a pesar de sus críticas sociales o políticas, es consciente del carácter ficticio de lo que está narrando. El cineasta es el mismo de “Kill Bill”, esa imponente historia de venganza con chorros de sangre disparados al compás de la exhalación de aire. Y uno, como espectador, sabe que debe poner especial atención al marco que utiliza para su relato, pero tampoco debe tomárselo demasiado en serio. Simplemente disfrutar de la función, un desfile increíble de inusitada violencia y humor a raudales, en un genial homenaje al spaghetti western, aunque con un tono sureño, con mezclas en la musicalización para chuparse los dedos, y unos personajes entrañables, entre los que destaca nuevamente el comodín Christoph Waltz, ganador del Oscar por su papel del siniestro Coronel Hans Landa, y un DiCaprio haciendo de villano. Quentin Tarantino vuelve a cumplir su objetivo, ese que se propone cuando rueda sus enrevesadas venganzas, aunque ésta no lo sea tanto (recordemos que, en su anterior film, eran tres venganzas cruzadas en una): divertir, emocionar y explotar. Tres bases que constituyen un modelo característico, que lo convierten en un cineasta único. Luego, sí, rompe con algunas tradiciones (la división en capítulos, la yuxtaposición de planos temporales), pero recupera otras (el cine más físico, menos mental, y sanguinario hasta la médula). “Django unchained” es el resultado de un guión que lo tiene todo, lo mejor y lo peor del eterno bastardo, pero al fin, un Tarantino en su mejor forma. Tal vez no sea su obra maestra, pero poco importa, más cuando es el drama más divertido, estimulante e irreverente que he visto en varios años. Es una experiencia que te supera en todo sentido, y por la que sentirás ganas, al menos si te simpatiza la idea, de verla una vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez…
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

martes, 15 de enero de 2013

La noche más oscura.




Crítica.

“La noche más oscura” [“Zero dark thirty”, K. Bigelow – 2012]


Cuando uno acaba de ver “La noche más oscura”, la nueva película de la ganadora del Oscar, Kathryn Bigelow (quien triunfó hace tres años con su estupendo drama “Vivir al límite”), le surgen muchas preguntas, y muchas más reflexiones. Es que, por increíble que parezca, el cine puede sembrar muchas cosas, y no sólo la semilla de una experiencia audiovisual memorable. No puede discutirse el virtuosismo de la directora detrás de cámaras, incluso si no está, como yo creo, a la altura de su anterior película. Tiene momentos escalofriantes, una especie de crónica a través de la década que es impecable, y una media hora final que, como aquel veterano profesor en “Juvenilia”, es tan perfecta y perfeccionista que busca con pasión que sus paralelas también lo sean. En este inesperadamente entretenido thriller político, uno de los interrogantes que más inquieta al espectador, a pesar de todas las inquietantes cosas que se le presentan en esta obra, es “¿Quién es Maya?”. En principio, es el nombre de la protagonista femenina, una mujer implacable, inteligente, que dedica años en la búsqueda de Osama Bin Laden. Pero, y siento la urgente necesidad de aclarar, hay mucho más detrás de esto. Y ese interrogante no debe suponer un cierre en la historia, sino, por el contrario, un punto de partida para indagar más allá.
Podemos decir que Maya representa a los Estados Unidos de América. Su primera aparición puede mostrarnos una mujer confundida, vulnerable, en tiempos donde su país de origen no atraviesa la mejor de las situaciones. Han pasado dos años del famoso atentado a las Torres Gemelas, y la nación todavía no sale de su asombro, mientras experimenta el pánico constante. Pero pasan los años, y ella se va fortaleciendo, va asomando la cabeza, va acumulando un odio profundo hacia “el hombre”, cúpula del terrorismo, y va volviéndose, haciéndole honor al nickname, una “asesina”. ¿Alguien va a discutir, al margen de cualquier polémica, que lo que hace el ejército americano no es asesinato? Mucho se ha hablado de si un sujeto como Osama Bin Laden ha debido ser juzgado en vez de ser asesinado pero, sin entrar en posicionamientos personales totalmente subjetivos, nadie en sus cabales negará que lo cometido hacia Bin Laden no ha sido sino un homicidio. Por más que existan premios que recalquen la labor pacifista, sea ilusoria o una realidad que el resto del mundo desconoce, Estados Unidos ha acabado con este emblemático terrorista un 1º de Mayo del 2011, a las 00.30, en la noche más oscura.
Han llovido críticas que condenan la imprecisión de los datos que expone Mark Boal, guionista, en el film. Y una de las más interesantes, ha sido la de un grupo de legisladores americanos, que sugieren que las torturas no han sido los medios para la captura, y minimizándolas. Habrá un grupo enorme de personas a favor de las torturas, alegando que son en defensa propia; otro igual de grande, repudiando la violencia. Lo cierto es que, en mi opinión, las torturas no son lo más grave que han cometido los Estados Unidos. Desde lo personal, puedo comprender que las torturas son un mecanismo de defensa propia, o defensa del pueblo, pero el crimen contra Osama Bin Laden, no tiene justificación alguna. Y mientras muchos senadores se aterran al ver los cuarenta minutos iniciales, que condensan básicamente una cruel e inhumana sesión de interrogación forzada, al dejar de lado la gravedad del fin de la historia, muestran cierto orgullo, cierto apego a la idea. ¿Acaso están orgullosos de un asesinato, pero les preocupa esconder todo lo que, presuntamente, han hecho para alcanzar ese fin? ¿El fin justifica los medios?
Podemos decir que Maya representa al pueblo. Una mujer resentida, pero totalmente expuesta. El asumir riesgos constantemente la pone en jaque, y muchas veces, es víctima de los peligros que la rodean. Ese es el estado de la nación, tanto antes de esa noche tan oscura, como en la actualidad. Una nación en jaque, paranoica, víctima y victimaria. Pero, luego de pensar todas las hipótesis posibles, o mínimamente las que se me ocurren, me replanteo: ¿en qué momento Maya es Maya? Si revisamos la filmografía reciente de la directora del film, Kathryn Bigelow, el protagonista de “Vivir al límite” (Jeremy Renner), un hombre que dedicaba todas sus energías en la desactivación de bombas en Oriente Medio, también tenía su refugio personal, que sin embargo, no era el que elegía. Tenía su casa, su familia, y también tenía la decisión de escoger entre sus dos vidas. Sin embargo, Maya es una sola, una figura representativa de la exhaustiva búsqueda de Osama Bin Laden, y no una persona real. ¿Decisión correcta? Creo que es una elección del guionista y de la directora que le quita ese carácter ficticio al relato, volviéndolo algo más “documentalista”, por así decirlo. Tiene el realismo del documental, pero siendo ficción, que paralelamente no es ficción, sino realidad. Creo que Maya necesita tener vida más allá de su noche más oscura, aunque es una apreciación personal, y no necesariamente es una verdad. Simplemente una opinión.
Me queda una última idea, que merece ser destacada: en este universo milimétricamente montado por una de las directoras más apasionantes de la cinematografía americana actual, donde la tensión y la explosión nunca abandonan la proyección, Maya es Jessica Chastain. ¿Y qué decir de la actriz de momento, quien se encarga de darle vida a cualquiera de las personalidades que adquiera, en función de las hipótesis antes planteadas, nuestra heroína Maya? Sin lugar a dudas, le da toda la profundidad que le falta (si es que le falta) al personaje. Una mujer que comprende la dimensión de la mujer que le toca interpretar, y le saca todo lo mejor. Por momentos, parece salida de un cuento policial, tiene aires detectivescos y piensa a través de métodos deductivos que la vuelven una audaz e inteligente muchacha. Pero luego, es simplemente una espectadora más: tal vez no sea Estados Unidos, ni el pueblo americano, ni Jessica Chastain, tal vez seamos nosotros, a fin de cuentas. Si dejamos de pensar un minuto en esta película, y nos ponemos en su lugar, ¿no habríamos hecho lo mismo?
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

domingo, 13 de enero de 2013

Predicciones - Globos de Oro 2012.


Hoy es noche de Globos de Oro, una de las premiaciones más importantes del cine, como todos sabrán. Una Locura de Película comparte, a minutos de iniciarse, las predicciones.
Algunos datos para tener en cuenta:
-         Todos los títulos en NEGRO, no han sido vistos: sólo son “The master”, “Quartet” y “Stand up guys”. El resto de los títulos, vistos (en ROJO), están ordenados según preferencia.
-         Las predicciones están puestas en MAYÚSCULA.
-         Clickeando algunos de los títulos, al pie de la publicación, serán dirigidos automáticamente a las críticas del blog.



GOLDEN GLOBES.
Lista completa de nominados.


Mejor película (Drama)

Django sin cadenas [Django unchained]
Argo.
LA NOCHE MÁS OSCURA [ZERO DARK THIRTY]
Lincoln.
Una avetura extraordinaria [Life of Pi]

Mejor película (Comedia o musical)

EL LADO LUMINOSO DE LAS COSAS [SILVER LININGS PLAYBOOK]
El exótico Hotel Marigold [The best exotic Marigold Hotel]
Los miserables [Les misérables]
Un reino bajo la luna [Moonrise kingdom]
Un amor imposible [Salmon fishing in the Yemen]

Mejor película extranjera.

AMOUR.
De rouille et d’os.
Kon-tiki.
A royal affair.
Amigos intocables [Intouchable]

Mejor película animada.

Ralph, el demoledor [Wreck-it Ralph]
Valiente [Brave]
El origen de los guardians [Rise of the guardians]
FRANKENWEENIE.
Hotel Transilvania [Hotel Transylvania]

Mejor actor (Drama)

DANIEL DAY LEWIS – LINCOLN.
John Hawkes – Seis sesiones de sexo [The sessions]
Richard Gere – Mentiras mortales [Arbitrage]
Denzel Washington – El vuelo [Flight]
Joaquin Phoenix – The master.

Mejor actriz (Drama)

Naomi Watts – Lo imposible.
JESSICA CHASTAIN – LA NOCHE MÁS OSCURA [ZERO DARK THIRTY]
Marion Cotillard – De rouille et d’os.
Rachel Weisz – The deep blue sea.
Helen Mirren – Hitchcock.

Mejor actor (Comedia o musical)

BRADLEY COOPER – EL LADO LUMINOSO DE LAS COSAS [SILVER LININGS PLAYBOOK]
Jack Black – Bernie.
Hugh Jackman – Los miserables [Les misérables]
Bill Murray – Hyde park on Hudson.
Ewan McGregor – Un amor imposible [Salmon fishing in the Yemen]

Mejor actriz (Comedia o musical)

Judi Dench – El exótico Hotel Marigold [The best exotic Marigold Hotel]
JENNIFER LAWRENCE – EL LADO LUMINOSO DE LAS COSAS [SILVER LININGS PLAYBOOK]
Emily Blunt – Un amor imposible [Salmon fishing in the Yemen]
Meryl Streep – ¿Qué voy a hacer con mi marido? [Hope springs]
Maggie Smith – Rigoletto en apuros [Quartet]

Mejor actor secundario.

Christoph Waltz – Django sin cadenas [Django unchained]
Leonardo DiCaprio – Django sin cadenas [Django unchained]
TOMMY LEE JONES – LINCOLN.
Alan Arkin – Argo.
Philip Seymour Hoffman – The master.

Mejor actriz secundaria.

Nicole Kidman – The paperboy.
ANNE HATHAWAY – LOS MISERABLES [LES MISÉRABLES]
Helen Hunt – Seis sesiones de sexo [The sessions]
Sally Field – Lincoln.
Amy Adams – The master.

Mejor dirección.

Ben Affleck – Argo.
Quentin Tarantino – Django sin cadenas [Django unchained]
KATHRYN BIGELOW – LA NOCHE MÁS OSCURA [ZERO DARK THIRTY]
Steven Spielberg – Lincoln.
Ang Lee – Una aventura extraordinaria [Life of Pi]

Mejor guión.

El lado luminoso de las cosas [Silver linings playbook]
LINCOLN.
Django sin cadenas [Django unchained]
La noche más oscura [Zero dark thirty]
Argo.

Mejor música.

Cloud Atlas: la red invisible [Cloud Atlas]
Anna Karenina.
LINCOLN.
Argo.
Una aventura extraordinaria [Life of Pi]

Mejor canción.

SKYFALL – OPERACIÓN SKYFALL [SKYFALL]
For you – Act of valor.
Suddenly – Los miserables [Les miserables]
Safe and sound – Los juegos del hambre [The hunger games]
Not running anymore – Stand up guys.


Lista de críticas del blog.