sábado, 12 de enero de 2013

Anna Karenina.



Crítica.

[“Anna Karenina”, J. Wright – 2012]


Leon Tolstoi ha sido, y sigue siéndolo, uno de los autores más respetados de la literatura universal. “Anna Karenina” es una de sus más famosas creaciones, una extensa obra de pasiones y enredos dentro de la ultraconservadora sociedad de la Rusia imperial. Por otro lado, dentro del mundo del celuloide, Joe Wright es uno de los directores conocidos por representar romances de época en la gran pantalla, adaptados de famosos libros. “Anna Karenina” bien podría ser parte de una trilogía sobre la pasión humana, iniciada en “Orgullo y prejuicio”, sobre la novela homónima de Jane Austen, y continuada con “Expiación”, basado en el libro de Ian McEwan. Las tres, con sus lujosos vestuarios, sus elegantes escenografías y sus peinados ajustados al siglo, tocan en cierto punto la cuestión de la moralidad, y ninguna de manera tan profunda como la adaptación del libro de Tolstoi. La historia, en síntesis, muestra a una galería de personajes que se mueve entre el amor y el deseo, que no siempre es coincidente, y principalmente se enfoca en el personaje protagónico, Anna, mujer casada que descubre el amor a través de la pasión física, siendo capaz de sacrificar su acomodada vida por un amante clandestino, por quien no puede ocultar más sus sentimientos.
Keira Knightley suma otra colaboración con el director, encarnando a esta problemática mujer, que inconscientemente antepone la pasión instintiva a los códigos sociales y es rebajada por la voz del pueblo al nivel de una cualquiera, una prostituta. Y Jude Law, es su esposo, un sujeto de apariencia dubitativa pero de palabra intensa, y que no puede evitar hacer crujir sus nudillos. Ambos están correctos, aunque ella tiene a su favor el tener un papel jugado, víctima de sus propias contradicciones y de una bipolaridad que la posee como un demonio. El elenco, en general, cumple ajustándose a las letras y a los brillantes diálogos del autor.
Quizá la parte mas novedosa tiene que ver con el modo de encarar esta adaptación. Wright, decide narrar su historia desde un escenario, o mejor dicho, desde un teatro. Es extraño explicarlo con palabras, y tal vez sea absurdo: su idea es tan radical, que vale la pena verla solamente por su imaginación. La manera en que encara esa “misión suicida”, por así decirlo, es impresionante. Reconozco que no siempre toma las decisiones correctas, y que por momentos ese estilo se pierde por completo, más todavía en la segunda mitad, donde pocas veces se muestra el teatro. Pero pensar en que puede disfrutarse de una carrera de caballos adentro de un teatro (en una de las, aclaro, mejores escenas del film), es casi imposible, si no se ha visto antes esta ambiciosa representación. La idea, con cambios escenográficos constantes y un montaje bastante acelerado y enardecido, intenta unir a Tolstoi con la creencia de que “el teatro es aquel lugar donde todo cabe, los sueños, los recuerdos, la esencia de la vida”. Todo esto, de la forma más literal que puedan imaginarse. Por momentos guardo la impresión de que esa mezcla es imposible, y efectivamente, nunca se consigue. Siempre suceden en dos planos separados: cuando vemos el escenario, estamos viendo un teatro; cuando vemos acción sin los telones ni los palcos, estamos sumergidos en la historia. Nunca las dos cosas a la vez, algo que falla, desgraciadamente. Y reconozco que no es fácil, más aún cuando tanto énfasis se pone en la escenografía (que es lo más parecido a un niño que juega con una caja, y desplaza peones de una esquina a la otra como jugando al ajedrez), que se olvida de la tridimensionalidad de los personajes, unos secundarios planos y desaprovechados, que solo sirven para destacar más a la estrella de la fiesta, una Keira Knightley en el mejor momento de su carrera. Ya sea por la arriesgada propuesta, por la actriz, por la música de Marianelli, o por lo que sea, “Anna Karenina” es, para fanáticos o no del escritor, una de esas películas que uno desea profundamente que le gusten. Ritmo, sincronía, dinamismo, vértigo, combinados todos en una producción sencillamente sorprendente.
Puntuación: 5/10 (Floja)